Evangelización: Adaptación y esencia

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El reto de cualquier comunidad religiosa que quiera seguir aportando un poco de luz a esta sociedad postmoderna, es adaptarse sin perder su esencia. Estos dos conceptos, adaptación y esencia, no tienen porqué contraponerse. En realidad, es al revés: si no quieres perder tu esencia de creyente, que no es otra sino compartir la alegría que has recibido de Dios, adapta tu mensaje de forma que sea inteligible para los que te rodean. Porque si no lo es ¿qué sentido tiene abrir la boca siquiera?

No hay que tenerles miedo a los cambios. A lo que hay que temer es al anquilosamiento. A la molicie calientabancos, cómoda y pusilánime, que no tiene en cuenta las necesidades de quienes esperan entender algo. Nuestra evangelización, repleta de guiños vetustos, está muerta y enterrada. Ha de nacer una nueva concepción del evangelio, que tenga como único centro a la persona de Jesús de Nazaret, de forma que se haga nueva cada día, adaptándose y teniendo en cuenta las necesidades y la cosmovisión de la gente de hoy. Porque nuestro Evangelio ha de ser compartido ahora con las personas de ahora.






Nos engañamos de forma patética si pensamos que los métodos de evangelización de ayer sirven para hoy. Es como darse cabezazos contra una piedra, y pensar ilusamente que será la piedra la que se parta. Por ello, es imprescindible incorporar un lenguaje actualizado, un mensaje que tenga en cuenta la sensibilidad del postmodernismo, y unos medios que no huelan a naftalina. Y tendremos que comprender, también, que lo importante no somos nosotros, ni siquiera nuestro mensaje, sino la gente que necesita escucharlo.

El apóstol Pablo lo entendió perfectamente:

“A los judíos me hice como judío, para ganar a los judíos; a los que están bajo la ley, como bajo la ley (aunque yo no estoy bajo la ley) para ganar a los que están bajo la ley; a los que están sin ley, como sin ley (aunque no estoy sin la ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo) para ganar a los que están sin ley. A los débiles me hice débil, para ganar a los débiles; a todos me he hecho todo, para que por todos los medios salve a algunos. Y todo lo hago por amor del evangelio, para ser partícipe de él” (1 Corintios 20-23).

Quizá deberíamos seguir su ejemplo…

juan-ramon-junquerasPor: Juan Ramón Junqueras Vitas
Teólogo – Periodista
Facebook /  Juan Ramón Junqueras

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