¿Es machista el Dios bíblico? – Parte 2

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En el artículo anterior, examinamos lo que el Antiguo Testamento dice acerca del rol y la dignidad de la mujer. Encontramos que la mayoría de los textos citados para mantener a esta en una posición de inferioridad han sido malentendidos, y que hubo mujeres a quienes de hecho, Dios mismo confirió autoridad sobre los hombres, como fue el caso de Deborah; y el de Hulda, quien investida del rango más alto: el oficio de profeta que la convertía en voz de Dios para el pueblo, llegó a reprender al propio rey.

En esta segunda entrega analizaremos lo que el Nuevo Testamento nos tiene que decir al respecto. De inmediato nos vienen a la mente las preguntas que todo el mundo se hace y el nombre que todo el mundo invoca en una discusión como esta. El nombre es el de Pablo y las preguntas son: ¿Indica la declaración de 1 Corintios 11:3 de que el hombre es la cabeza de la mujer y que ella es inferior? ¿Por qué Pablo mandó callar a las mujeres en 1 Corintios 14:34? ¿Por qué dijo en 1 Timoteo 2:11: “no permito a la mujer enseñar ni ejercer dominio sobre el hombre sino estar en silencio”? ¿Cómo armonizar el mandato de Efesios 5:22: “Las casadas estén sujetas a sus maridos” con una postura igualitaria?

E incluso los cuestionamientos llegan a la figura de Jesucristo mismo: ¿Por qué eligió Él a 12 varones como sus discípulos inmediatos?

La palabra “cabeza” en griego es “kefalí”, y en hebreo es “rosh”. En el Antiguo Testamento, la palabra “rosh” es usada en el sentido de líder o de jefe, sobre 180 veces de 600 que aparece. Pero de éstas, los traductores de la Septuaginta griega la tradujeron como “kefalí” tan solo 8 veces. Las restantes tradujeron como: “arjon”. Es evidente que los eruditos de la version Septuaginta entendían que “kefalí” no se refiere comúnmente a tener mayor autoridad.

En efecto, el propio versículo de 1 Corintios 11:3 afirma que Dios es la cabeza de Cristo. Pero Cristo dice en Juan 5:22-23: “Porque el Padre a nadie juzga sino que todo el juicio lo ha entregado al Hijo para que todos honren al Hijo como honran al Padre.” Quien ejerze la autoridad para juzgar en el juicio final es el Hijo.

La palabra “kefalí” aparece también en literatura griega extra bíblica denotando origen, no autoridad. Por ejemplo, en Calímaco 2:46 y en Herodoto 4:91 designa la cabeza o fuente de un río. Plantear que el hombre es la fuente o el origen de la mujer, suena machista hoy día pero en la sociedad de la Antigua Grecia, incluida la ciudad de Corinto, era todo lo contrario, porque implicaba que la mujer estaba hecha de la misma substancia y naturaleza del hombre y no de una substancia inferior como creían muchos filósofos griegos, entre ellos Aristóteles. La cabeza no funciona sin el cuerpo, ni el cuerpo sin ella; por lo que Pablo parece estar hablando de conexión, origen y mutualidad.

¿Por qué Pablo escribió en 1 Corintios 7:4 las siguientes desconcertantes palabras?: “La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo sino el marido Y EL MARIDO NO TIENE POTESTAD SOBRE SU PROPIO CUERPO SINO LA MUJER.”?, ¿Podrían ser estas en verdad las letras de un autor misógino (literalmente odiador de las mujeres)? Digámosle estas palabras a un machista latino, no del siglo primero sino del siglo 21, y veamos cómo reacciona.

Un correcto entendimiento de Pablo demuestra que enseñaba la mutua sujeción y el mutuo acuerdo. En Efesios 5:22 aparece diciendo:  “Asimismo las casadas estén sujetas a sus maridos.” Pero la palabra griega traducida “sujetas” (hipotasómenoi) no aparece en ningún manuscrito conocido de dicho versículo. Donde aparece es en el verso anterior que dice: “Someteos los unos a los otros en el temor de Dios.” El “asimismo”que viene luego, indica que está hablando de la misma sujeción mutua que en el versículo previo. Esto concuerda con 1 Pedro 5:5 que dice: “Y todos; sumisos unos a otros, revestíos de humildad.”

Pero en 1 Corintios 14:34 dice: “Vuestras mujeres callen en las congregaciones porque no les es permitido hablar sino que estén sujetas como la propia ley lo dice.” Aquí cabría preguntar: ¿sujetas a qué?; y si el mandato de callar durante el culto significa que les está prohibido predicar. En ese caso, los hombres tampoco podrían predicar, porque Habacuc 2:24 dice: “Jehová está en su Santo Templo, calle delante de El TODA la Tierra.” Parece que el texto habla de estar sujetas a la reverencia y al orden del culto. Si la intención de Pablo era prohibir a las mujeres predicar, entonces ¿por qué no mandó a callar a Aquila y Priscila que le expusieron el Evangelio a Apolos, a las 4 hijas de Felipe que profetizaban en Hechos 21:9? ¿Y por qué Pedro en su discurso de Pentecostés cita Joel 2:28 en Hechos 2:17 que dice: “vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán” con lo cual Pablo está de acuerdo a la luz de 1 Corintios 11 donde menciona mujeres que profetizan en el culto? También vemos en Lucas 2:36 a la profetisa Ana bendiciendo al niño Jesús en el templo.

Con todo esto, hay buenas razones para dudar de que 1 Corintios 14:34 haya sido escrito por Pablo, y lo mismo ocurre con 1 Timoteo 2:11. La Profesora Cris Conti en su muy documentado ensayo: “En silencio y en su lugar”, expone que estas fueron interpolaciones posteriores. Resulta curioso que personajes de los primeros siglos del Cristianismo que dijeron oponerse tenazmente al liderazgo y ministerio femenino dentro de la Iglesia nunca citaron estos pasajes y que no son citados por nadie hasta finales del siglo tercero.






El Papa Juan Pablo II impidió que mujeres pudieran llegar al sacerdocio en la Iglesia Católica y algunas que lo intentaron fueron excomulgadas. Actualmente dicha iglesia ni siquiera permite diaconisas, a pesar de que Romanos 16:1 dice: “Saludad a Febe, diaconisa en Cencrea.” El Papa argumentaba que Jesús no eligió a mujeres entre sus 12 discípulos, con lo cual se hubiera excluido a sí mismo, pues tampoco eligió polacos, ni argentinos, sino solo judíos. Los discípulos inmediatos de Jesús estaban llamados a dejarlo todo por Él, incluso sus familias y a arriesgar sus vidas llegando a morir muertes atroces, algunos fueron crucificados como Él, y de haber sido mujeres, con seguridad las hubieran violado también. Respecto a elegir judíos, era para darles la encomienda de llevar luego la Palabra que habían recibido al resto de los pueblos, como comenzó a suceder a partir de Pentecostés.

Jesucristo era tan igualitario que hasta llegó a comparar a Dios mismo con una mujer. En Lucas 15 encontramos 3 parábolas: la de la oveja perdida, la del Hijo Pródigo y la de la dracma perdida. Si dos de ellas, lo que se pierde representa a la humanidad perdida, y el que vino a buscar y salvar lo que se había perdido es Dios mismo, es de esperarse consistentemente que la dracma perdida represente a la humanidad perdida y que la mujer que busca la dracma y la halla represente a Dios. Dios, por supuesto, no tiene sexo, pues es un Espíritu pero en su amor hacia nosotros hay rasgos afectivos paternales y maternales, como se vio en la primera entrega de esta serie.

Es significativo que el hecho más fundamental del Cristianismo: la resurrección de Jesucristo, esté apoyado en el testimonio de mujeres, quienes fueron según los relatos de los Evangelios, las primeras en ver a Cristo resucitado. ¿Por qué autores con una agenda machista pintarían a los discípulos varones como cobardes que abandonaron y negaron a Cristo en sus últimos momentos (con la excepción de Juan) y a las mujeres como las que lo siguieron hasta la cruz y a quienes apareció primero luego de resucitar? ¿Es este el tipo de cuento que se inventarían escritores misóginos (como absurdamente alegan algunos ateos)? Sobre todo cuando consideramos que el Tratado Rosh Hashanah del Talmud declaraba inválido el testimonio de la mujer en un tribunal.

El patrón es consistente. Jesucristo insiste en llevarle la contraria a los estereotipos y restricciones de los hombres.

julioPor Julio Álvarez Rivera
Teólogo – Profesor
Facebook / Ministerio Juan 17:17

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