Para una lectura no fundamentalista, el Reino como clave bíblica hoy

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En las diversas formas de lectura e interpretación de la Sagrada Escritura, particularmente de los Evangelios, se echa de menos una clave global que desentrañe la propuesta de Jesús consignada en estos relatos. Las consecuencias de una lectura descontextualizada y muchas veces fundamentalista repercute seriamente en la praxis de la Iglesia en el mundo de hoy. Se hace necesario tornar a la categoría Reino de Dios como clave para acercarse a los textos evangélicos y poder así releer la vida cristiana de hoy y confrontar si es fiel o no a la propuesta del Reino experimentado y asumido por Jesús de Nazaret como opción fundamental. La formación teológica también urge de esta clave para engendrar no tanto repetidores de dogmas, sino testigos del Reino de vida y justicia en el ejercicio maduro de reflexión y enseñanza.

En medio de las lecturas de la Sagrada Escritura, y de los esquemas pastorales que brotan de estas, se echa hoy de menos una clave de lectura que no solo encauce la totalidad de la vida de la Iglesia y de su esfuerzo misionero-evangelizador, sino que también —y especialmente— sea fiel a la vida y anuncio de Cristo Jesús.

Conocemos y usamos diversos métodos de acercamiento a los textos bíblicos que en la tradición eclesial pasada y reciente se han consolidado alrededor del orbe cristiano: la lectio divina de la tradición monástica, el método ver-juzgar-actuar de los movimientos obreros católicos, y en nuestro contexto latinoamericano, la lectura popular de la Biblia, el estudio de evangelio, la matriz social triádica, entre otros. En la puesta en práctica de cualquiera de estos métodos se puede correr a veces el riesgo de una lectura personalizada de la Palabra, o de una que no lleve a la vida lo escuchado o, también es posible, que no lleve la vida misma al ejercicio de lectura.

Como cristianos podemos y debemos retornar a la Palabra Encarnada, Jesús de Nazaret, y en él fijar el centro alrededor del cual articular una lectura atenta y una interpretación lúcida que dé vida a nuestro caminar y que valide la propuesta cristiana para el mundo. Recuperar el Reino de Dios como experiencia y como tarea debe ser un imperativo para el cristianismo actual si desea ser fiel a Jesucristo. Y es que el Reino es el centro de toda la existencia de Jesús de Nazaret; su experiencia vital del Dios Abbá y su compromiso por el Reino son las líneas fundamentales con las que entendemos al Jesús retratado creativamente en los relatos evangélicos; sin estas líneas es imposible asegurar una comprensión clara y precisa de su persona y su mensaje. La praxis eclesial desarrollada en la misión, la evangelización y la catequesis se fundamenta ante todo en la Sagrada Escritura y particularmente en los Evangelios.






Aun así, algunas —si no muchísimas— de las prácticas pastorales que observamos en nuestros entornos dan cuenta de una lectura bíblica somera y sin consecuencias, o de aquella fundamentalista y estéril que hace de nuestras comunidades de creyentes lugares donde la evangelización se confunde con adoctrinamiento y donde la fe se torna en mera religiosidad; de esta manera se desdibuja el verdadero rostro de Jesucristo y la verdad de su anuncio. Aunque el magisterio reciente apunte claramente las tareas y los emprendimientos necesarios para que las comunidades creyentes maduren y crezcan en fe y compromiso cristiano, es posible verificar en el terreno que aún falta mucho por hacer, o que por el contrario, se ha retrocedido.

En lo que nos toca, la categoría Reino de Dios prácticamente no aparece en esta praxis eclesial de hoy, con lo que nos podemos preguntar si acaso estamos haciendo bien la tarea encomendada por Cristo a sus discípulos; es decir, si lo estamos haciendo bien como cristianos. Pregunta que interpela nuestra propia experiencia de Dios y nuestra práctica creyente, y que puntualmente nos remite a indagar por el esfuerzo de acercamiento a Jesús desde las principales fuentes que son los Evangelios.

¿Cómo nos acercamos a ellos y con qué clave los interpretamos para sacar de ellos la vida de nuestra vida? ¿Con qué criterio discernir nuestra adhesión y fidelidad a la propuesta del Maestro? Si Cristo experimentó y anunció el Reino como opción fundamental de vida, ¿nosotros sus discípulos lo estamos haciendo? El acercamiento a los textos evangélicos en clave de Reino debería ser el eje del trabajo bíblico-formativo de los discípulos-misioneros en toda comunidad y grupo eclesial; solo así será posible desterrar mentalidades y prácticas que muchas veces se alejan y desdicen de lo que Jesús de Nazaret experimentó y proclamó: el señorío de Dios Padre en cada persona y la implementación de su proyecto de vida y justicia en este mundo. No basta con que las personas tengan la Biblia en la mano, ni con que se les venda cursos bíblicos: la lectura comunitaria y contextualizada de la Palabra es urgente hoy para dilucidar y reafirmar la vocación cristiana sellada por el imperativo del Reino aquí y ahora.

De cara a la formación teológica universitaria, la lectura bíblica en clave de Reino es más que necesaria. Aunque ya está claro que la Escritura es el alma de la teología, todavía pervive cierto desdén por una lectura bíblica que confronte la existencia y que promueva discursos teológicos fieles al Evangelio y atentos a la realidad multiforme. Todavía hay quienes se acercan a la teología como a un recetario y no como ejercicio creyente de reflexión madura; todavía hay quienes utilizan la Escritura como arma y escudo y no como Palabra Encarnada que llama a optar por la vida; y hay quienes creen que el Evangelio es una parte la Misa y no una fuerza capaz de transformar al mundo. Recuperar la vocación teologal es igual de necesario para asegurar no tanto líderes y maestros, sino testigos y heraldos del Reino.

gustavo-adolfo-valenciaPor: Gustavo Adolfo Valencia
Estudiante de Teología
Facebook / Gustavo Valencia

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