El discípulo guerrillero del movimiento de Jesús: una mirada post conflictual

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Durante más de cincuenta años los colombianos hemos vivido una guerra sin sentido, propiciada por el acto detonador de olvido y abandono estatal al sector rural contra algunas ideologías revolucionarias campesinas que se armaron para derrocar al poder y al Estado que les abusaba. Esa la lucha armada, que actualmente se busca acabar, ha traído como consecuencia miles de víctimas y no quisiéramos se sumarán más.

Motivados por este deseo común, muchos deseamos que se termine esta guerra, pero lamentablemente lo queremos de formas diferentes. Incluso para decidir cómo acabar la guerra nos hemos polarizado, llegando al punto de crear pequeñas y grandes disputas en redes sociales, en conversaciones, personalmente o por medios de comunicación; todos exponen con vehemencia sus opiniones, generando otra guerra civil, pero esta vez con palabras soeces o con odio por el que piensa diferente, acto nada pacífico en ninguna circunstancia. Sin embargo hay que resaltar que tenemos en común el incansable anhelo de hacer de éste, un fantasma con recuerdos amargos.

Ahora bien, frente al NO al actual proceso de paz, la pregunta que nos hacemos ante lo ocurrido en nuestro escenario socio político es ¿Qué posición debe tomar la iglesia? ¿Cuál debería ser la actitud y la respuesta de la comunidad cristiana -sea cual sea su denominación- frente al acuerdo de paz con un grupo que vivía en la insurgencia?

Frente a estas preguntas que nacen en el corazón de más de un cristiano, hemos considerado necesario indagar en las Escrituras, referente al tema, y nos hemos atravesado con un texto polémico pero muy interesante, Mateo 26: 51-56, dice así:

“Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó la oreja.

Entonces Jesús le dijo: vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán.

¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi padre, y que él no me dará más de doce legiones de ángeles?

¿Pero cómo entonces se cumplirán las escrituras, de que es necesario que así se haga?

En aquella hora dijo Jesús a la gente: ¿Cómo contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme? Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis.

Mas todo esto sucede, para que se cumplan las escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron.” RV 1960






El texto que se cita es la historia que despliega el arresto de Jesús y que da inicio a lo que llamamos la pasión de Cristo. Debemos decir que hay muchos aspectos que analizar, pero este artículo intenta resolver la duda en la que pocos nos hemos enfocado, ¿Qué hacía un discípulo de Jesús con espada? A lo que alguien responderá de forma inmediata y sin análisis del texto y contexto: “es la defensa personal de cualquier judío”, pero creemos que la respuesta es más compleja, la situación va más allá y se presta para tomar el texto con pinzas, así que la invitación es para que se pueda leer todo este texto, ojalá con biblia en mano, y se llegue a sus propias conclusiones.

En primer lugar, es necesario saber que en tiempos de Jesús el pueblo palestino vivía una realidad social muy crítica, la de la ocupación político y militar por medio de los romanos, aunque no fue el único imperio que los sometió a tributos, imponiéndoles leyes, cultura y hasta un poco de religión, pero a todos resistieron. Si nos remontamos de forma panorámica a todas las narrativas bíblicas que exponían alguna guerra, resistencia civil o situación de sometimiento extranjero, comenzando por la vida de los patriarcas como un grupo de campesinos que migró fuera de las estructuras de sometimiento de las ciudades estado, quienes vivían en constante guerra para asegurar o tener más territorio, siendo estos las víctimas de las guerras de territorio. Esos primeros padres al inicio vivían como simples recolectores de agua y pasto, pero que la misma guerra les llevó a convertirse en grupos mercenarios de los reyes y señores de la tierra (como el caso del rescate de Abraham a Lot, Génesis 14), aun así sus relaciones jamás fueron más allá de un servicio de defensa militar para no ser sometidos por estos.

Entonces la vida de este pueblo es una historia de resistencias a la esclavitud, colonización y vasallaje; como cuando fueron sometidos por los egipcios y bajo Moisés buscaron la libertad; siguiendo a la lucha por territorio, yendo en el péndulo de sometidos a sometidores, que conllevó a la muerte despiadada de cientos de seres humanos a manos de Josué, esa que llamamos conquista, pero que en verdad fue un saqueo a sus pueblos originarios respaldados por el escritor religioso; también la defensa de algunos jueces o jefes militares que comandaba un grupo de civiles con el fin de no ser sometidos por grupos cananitas, entre estos tenemos a Débora, Gedeón, Sansón y otros más contra los madianitas, Moab y los filisteos; seguido de las negociaciones de los reyes con los extranjeros que terminaron en invasiones económicas y territoriales, como el golpe asirio a los del norte causando casi su desaparición y el secuestro de casi toda una nación por parte de los babilonios, ya que algunos lograron huir de esa guerra por causa de sus gobernantes, como desplazados a otros países y ciudades, como por ejemplo Egipto. A ese suceso le llamamos diáspora, dispersión del pueblo judío por todos los territorios conocidos.

Aunque se supone que la idea de la colocación de jefes, comandantes militares o más tarde reyes entre el pueblo, era para resistirse a todas estas políticas coloniales, estas terminaron cediendo a ellas, siendo sus vasallos. Debemos resaltar que las duras políticas generaron con ello el surgimiento de grupos insurgentes a quienes también nombraban líderes o un “nuevo rey” no oficial para suplantar al que estaba en el momento – con fines de algún golpe de estado-, consecuentemente estos líderes terminaron alejándose de la vida civil y cotidiana a lugares remotos para luchar por sus vidas y representar a quienes sufrían por los gobiernos oficiales, y la dureza de los reyes de turno que sometían al pueblo a situaciones de pobreza, gracias a sus impuestos, esos con el fin de hacer sobrevivir sus ostentosas políticas internas y externas.

De hecho, para corroborar lo dicho, veamos por lo menos solo la historia del rey David, ungido primero por el antiguo juez que le era imposible dejar el poder, pues Samuel aparte de haber sido juez, era el sacerdote y profeta oficial de Israel. Luego, el mismo pueblo bajo el mandato de Saúl y aburrido de sus posiciones dictatoriales y favores sólo a su tribu benjamita, terminó matándolo a él y su familia, permitiendo entonces el nombramiento de David, más adelante como su jefe o rey, habiendo sido este ungido hasta antes de la muerte del rey oficial (2 Samuel 2 al 5).

Pero todo ese favor alcanzado por David en su pueblo conllevó a una persecución política por parte del gobierno oficial, así entonces David fue a esconderse a la cueva de Adulam, y congregando allí a quienes sufrían en extrema pobreza de un gobierno aplastante, terminaron armándose y creando un grupo guerrillero contra la represión estatal de Saúl, esos que llamamos los valientes de David (1 Samuel 22-24; 1 Crónicas 10 – 12), ese mismo que también usó mecanismos de autofinanciamiento como la extorsión al dueño de tierras llamado Nabal, y que al resistirse estuvo dispuesto a ir contra él (1 Samuel 25). Ese mismo David, jefe de un grupo insurgente fue quien llegó al poder por manos del mismo pueblo, y que aún hoy se le recuerda como su mejor rey.

Todos estos procesos de guerra, sometimiento, invasión tributaria por parte de extranjeros al pueblo israelita, nos dice que la biblia es un compendio narrativo de resistencias populares contra su opresión doméstica y sus extranjeros opresores. Ahora bien, estoy de acuerdo que no nos podemos saltar su composición religiosa o su espiritualidad, pero de eso también se trató el trasfondo de la Biblia hebrea al igual que el Nuevo Testamento cristiano, cómo un pueblo ejerció una espiritualidad popular de resistencias socio políticas a través de su vivencia religiosa.

Aclaro que este no es un texto en defensa de las atrocidades contra los derechos humanos creados en la guerra, pero es una forma de recordar a los cristianos que leemos hoy la Biblia, que ella también posee narrativas que pueden releerse en el actual momento vivido en la historia de Colombia, que la Biblia también contiene un fuerte enlace político y que los héroes de nuestra fe, también ocuparon el lugar de quienes hoy rechazamos con dureza. Tampoco buscamos que sean aplaudidos y vistos como héroes, ya que en esta guerra ninguno lo fue, sólo intentamos encontrar las lógicas desde donde construyen su identidad y definen su razón de ser.

Continuando con nuestro relato, la historia siguió mostrando diversos pueblos impuestos sobre otros, cada uno de ellos representando en su momento instantes de libertad, para luego más tarde imponerse como cualquier imperio, como fue el vasallaje de los persas, quienes regresaron al pueblo en diferentes deportaciones en manos de Nehemías, Esdras y Zorobabel a sus tierras, para reconstruir todo lo que había sido destruido por babilonios. Finalmente, tendremos después de muchos años la conquista del imperio griego que deja un legado cultural importante, pero en la muerte de Alejandro Magno se divide, y el dominio de Siria se posa sobre Palestina tres siglos antes de Jesús, al sur los ptolomeos, al norte los seleucidas quienes en la toma totalitaria del poder condujeron a la rebelión y resistencia por parte de los macabeos, judíos patrióticos, cansados de abusos sociales, culturales y religiosos, pues se les imponía una identidad que no era la propia, y al no cumplir con las órdenes imperiales, eran torturados y masacrados, torturas muy parecidas a los bloqueos económicos ejercidos hoy día, que han conllevado a la muerte de varias naciones por su no sometimiento.

Con estas acciones el rey Antíoco Epífanes IV buscaba helenizar todo Palestina, profanó su templo, subió a otros sumos sacerdotes para corromper sus costumbres, teniendo como resultado esa resistencia armada llamada macabeos (martillo, inicio del grupo celotes) llamado así por la fuerza de la sublevación, así esta guerrilla combatió la injusticia y el sometimiento al lado de un grupo llamado Asideos también patrióticos y fieles a la pureza en la ley de Dios (más tarde fariseos. Que luego podríamos indicar que habían algunos pacíficos dedicados a entender la ley, pero que otros a la acción armada, por ejemplo, después de la muerte de Jesús el movimiento más extremo va a matar cristianos, como los que murieron a manos de Pablo, considerado así mismo Fariseo, y que se ubicaría al otro extremo de los zelotes. Era como una clase de paramilitarismo, que en tiempos de Saulo de tarso fue respaldado por el gobierno oficial, Hechos 23:6 ;Hechos 8:1-3). Al final, el rey Antíoco se cansó de luchar con los Macabeos y decidió firmar la paz con la rebelión, así los judíos volverían a sus prácticas de identidad judía, tal y como está descrito en un texto subvertivo (literatura apocalíptica) llamado Daniel y un texto histórico llamado Macabeos, ubicados en la Biblia.

Lastimosamente la historia los volvió a llevar a sometimiento extranjero, esta vez a manos del imperio romano, quienes los acapararon totalmente, haciendo de su territorio una provincia romana y hasta cobrando impuesto por la tierra, ocupadas y gobernadas políticamente por ellos, teniendo a un rey impuesto por ellos y a sacerdotes a su servicio colocados por ellos, con fines de sometimiento y duros tributos. Por eso cada resistencia insurgente, armada o no, eran parte esencial de la historia de un pueblo que ha vivido oprimido sin poder vivir su propia identidad con libertad, gozar de su propia economía y hacer de sus tradiciones algo totalmente importante.

De modo que Jesús vivió en este mismo contexto, alrededor de grupos de resistencia con fuertes protestas sociales, vio desde niño a galilea ser comandadas por revueltas campesinas que se negaban al sometimiento y a la represión estatal por parte de los romanos, esos que saqueaba con tributos al pobre: un tributo para Roma, uno para el rey de los judíos Herodes y la persecución por el sacerdocio y fariseos para el diezmo y la ofrenda; era duro ver a esos romanos que violaban a sus mujeres, que crucificaban a quien se oponía en rebeldía o simplemente cortaban la cabeza de los profetas que denunciaban sus injusticias, muchos murieron por causa de la lucha armada entre romanos y la resistencia, ese imperio mataban y enterraban en la pobreza a muchos judíos mientras proclamaba la pax romana, esa paz basada sólo en la alegría del pueblo romano y sus élites, financiadas por los pueblos conquistados.

Podemos afirmar entonces que Jesús vivió de cerca la guerra. Que en tiempos del Maestro existían grupos guerrilleros totalmente violentos, otros movimientos contra imperio pero pacíficos y también huelgas proféticas pacifistas y llenas de auto reflexión en la conducta humana. Estos tres grupos, estaban caracterizados por encontrar un mesías, un cristo, un jefe político militar que los “Salvara” de la condición de opresión extranjera y los llevará a la interdependencia entre estado y Dios (religión). Es más, estamos seguros que Juan el bautista representó uno de esos movimientos, exactamente el profético, mientras otros personajes carismáticos vivieron su lucha armada perpetuando a través de la violencia más violencia, como los zelotes.

Así entonces, vemos a Jesús saliendo al encuentro con su primo Juan el bautista y con toda esa carga por su pueblo, a crear, diríamos, su propio movimiento, que llamarían la atención de todos los otros tres tipos de movimientos sociales de revolución, pues estos llegan a confundir el movimiento de Jesús con algunos de los antes mencionados, quizás el profético, porque lo vimos con Juan el bautista, es más, fue bautizado por él, y eran pertinentes sus denuncias; o confundido con el movimiento pacifista pero alzado directamente contra el imperio porque al ser cuestionado por si dar tributo o no, dijo que dieran al Cesar su moneda, pues allí aparecía su rostro (negando la tributación romana), pero a Dios lo que le pertenece, muy parecidas a las propuestas de movimientos contra la ocupación extranjera, pero pacifista; mientras algunos aguardaban que de un momento a otro tomará la espada y matará romanos, tal como había actuado de forma intolerable con el mercado en el templo.

La verdad, Jesús no quiso ser ni este, ni el otro, quiso mostrar su total desagrado al imperio, pero en defensa del más necesitado, él no corrió detrás de las armas, ni del discurso vacío, mucho menos de las denuncias sin acción, al contrario. Jesús no fue al monte alzado en armas, vivía a las periferias del pueblo, pero solo para acercarse a los que han vivido de cerca el aplastante sometimiento romano y la marginación de las élites sacerdotales y farisaicas, Jesús se juntó a la gente y buscó su lucha no violenta contras las injusticias sociales.

Como se dijo anteriormente, el grupo de Jesús atraía a gente inconforme con el accionar imperial, todos quisieran ser sus seguidores, pero él escoge sus discípulos, exactamente doce y que representan simbólicamente un nuevo Estado, entre esos nos vamos a encontrar con un personaje curioso llamado Simón, el cananista, en el que coinciden Mateo y Marcos, pero que Lucas abiertamente le llama el zelote; “can o zelote” se refiere a los celosos por la patria, compatriotas dispuestos a morir y matar para buscar la libertad del régimen herodiano y romano con el fin de restaurar el orden religioso teocrático y buscar una igualdad socioeconómica a través de acciones violentas. Este grupo representaba la extrema izquierda judía y odiaban a todo el que simpatizaba con el poder imperial (Mateo 10:4; Marcos 3:18; Lucas 6:15), este hombre era llamado así, porque sus ideologías de revolución estaban intactas y aun así se identificaba con Jesús, posiblemente esperando su accionar violento como podemos inducir en el texto, ya que tener una espada consigo en tiempos de Jesús bajo la dominación romana era una señal de rebelión, peor si era utilizada contra cualquier romano o grupo de clientes romanos  (saduceos -un grupo familiar dedicado al servicio del templo y su culto-), situación que era pagada con cárcel y muerte de cruz.






La sola idea de que un judío civil anduviera con espada da indicios de rebelión y sedición, es más, después de la muerte de Jesús este grupo se fortaleció y terminó apodado como “los sicarios” y sus  resistencias cada vez más violentas; hasta que en el año 67 D.C. se tomaron el templo y casi la ciudad para ahuyentar los romanos, todo lo contrario, los romanos asediaron la ciudad, retomaron todo, mataron los rebeldes y destruyeron el templo. Los zelotes ya convertidos en sicarios eran reconocidos porque poseían una pequeña daga curva con la que apuñalaba a romanos y sacerdotes en revueltas públicas. Entonces la represión por parte de los romanos fue intensiva, estos eran callados y sometidos por la crucifixión, creando una atmósfera de terror en el pueblo. Esta muerte, era la tortura de los rebeldes, descritos como ladrones, pues para los romanos todos eran bandidos.

Si vamos al texto del arresto de Jesús en los evangelios, notamos que Marcos, Mateo y Lucas nunca se refieren a quién fue ese discípulo que se alzó en armas, pero el evangelio de Juan (18:10-11) suponemos ya había leído de la referencia de estos tres evangelios que dentro del movimiento de Jesús  había un zelote llamado Simón, así que entra afirmando que fue ese discípulo quien tomó la espada, y aunque en las películas sea confundido con pedro, no es él, Pedro fue el sobrenombre de otro discípulo para diferenciar a Simón el zelote.

Aunque debemos manifestar una severa preocupación por la visión que pudiera tener Lucas de ese suceso, pues él no dice que había uno solo con espada, sino que uno fue el que propuso que todos sacarán sus espadas, situación más complicada aún para aseverar que tipo de movimiento el de Jesús era comprendido por Lucas, confirmando que este evangelista entendía la realidad de los movimientos populares de revoluciones campesinas en el tiempo de Jesús, al punto que en hechos de los apóstoles (5:33-42; 21:37-38; 22:1-5) muestra cómo los sacerdotes los comparaban con otro grupos insurgente no violentos que proclamaban a su líder (Judas, el galileo) como el mesías, el líder que los libraría de la opresión extranjera; posiblemente los mismos discípulos lo veían así: un grupo revolucionario no violento de pobres campesinos, agricultores y pescadores que buscaban justicia social a través de un gobierno teocrático de Dios, inducida con su pregunta sobre la restauración del pueblo de Israel  (Hechos 1:6). También sería interesante ver la perspectiva de los familiares de los discípulos, a través de la pregunta revolucionaria de la mamá de los hijos de zebedeo sobre el poder (Mateo 20:21).

Seguidamente, hay que mirar cómo transcurre el evento del arresto de Jesús, pues todos los evangelios se ponen de acuerdo con el acto infame del discípulo que intenta matar a espada al siervo del sumo sacerdote, llegando sólo a cortarle la oreja, de inmediato se demuestra la actitud de rechazo en las palabras de Jesús, quien deja sentado su posición referente a la violencia o la búsqueda de justicia social por la resistencia armada. Jesús dijo no a la violencia, no a la guerra y sus miles de víctimas, esa demostración de apertura al diálogo y la búsqueda de la verdad, al preguntarles porque no lo habían prendido cuando se paseaba por las calles y predicaba en el templo, la actitud de Jesús fue un abrazo a la paz, así quería decirle a sus discípulos que había que ser coherente, no devolver mal por mal, siempre hacer bien a los enemigos y a quienes actúan con violencia regalarles el perdón gratuito e incondicional (Mateo 5: 38-41; 43-48; 18:21-35).

En fin, nuestro maestro dijo claramente que luchaba contra la injusticia, pero su movimiento no era uno teórico, sino que lo que decía eso hacía, por eso proclamaba que eran muy felices los mansos, pues ellos heredarán la tierra, o los pacificadores porque eran llamados hijos de Dios (Mateo 5), mostrando su radicalidad a la paz y no a la violencia, exponiendo la razón de ser de su movimiento: los que actúan con mansedumbre hacia los otros y viven promoviendo siempre la paz y la tranquilidad a quienes sufren; que su movimiento estaba abierto a aquellos que han entendido que resistir un gobierno estatal injusto y aterrador con la espada, puede causar la muerte de personas inocentes, como visiblemente él había experimentado en su crecimiento en Nazaret, responder con contra terrorismo es convertirse exactamente en lo que se lucha, ganando el odio, la rabia, la violencia y sobre todo la guerra.

Por eso Jesús detuvo al discípulo con un regaño y la comunidad mateana (se piensa que no fue solo una persona quien escribió el evangelio de mateo, sino la representación de una comunidad) indicaba la propuesta de su movimiento, una propuesta no violenta, que valora la vida del otro en las palabras: que el que mata a espada, muere a espada. En los años en que se piensa que fue escrito este texto, la represión romana era más dura, la comunidad vivió persecución y el grupo de los sicarios -antiguos zelotes- era una posible tentación para los cristianos que sentían el trato el doble de violento contra su comunidad cristiana, así entonces la comunidad mateana en las palabras de Jesús mostraba que el camino era un movimiento pacífico y sobre todo conciliador, pues Jesús se coloca en medio de los dos actores, del que busca matar para defender su derecho a la revolución por las injusticias sociales, -ya que había visto Simón una excelente oportunidad para una revuelta- y del que recibe el golpe y se convierte en víctima y es parte del gobierno estatal.

Vale decir, que Jesús le dice a su comunidad que él podría utilizar la fuerza a través de los ángeles, pero no se vence al mal con mal, que no debe utilizar su posición de poder para matar a alguien, que la fuerza no es parte de su proyecto comunitario, que él valora la vida y sobre todo la justicia, pues es consecuente con sus palabras de denuncia contra el imperio y sus secuaces, por eso está dispuesto a llegar hasta lo último. 

Jesús busca la conciliación de las partes, y me gusta que sólo Lucas menciona el acto reparador a la víctima en la sanación de su oreja (Lucas 22:50), tocando el lado del dolor, de la herida, siempre para reparar de un hecho que no debió ocurrir, pues sabe que la justicia no tiene que ver tanto con el castigo del victimario como con la restitución de la víctima, pues Simón merecía la cárcel y quizás el madero. Quien no lo vea así,  no quiere justicia, quiere venganza. La paz es un resultado de la justicia, pero no nos engañemos, la queremos muchas veces tipo cómics, donde el “superhéroe” mata o desaparece al villano y logra la “tranquilidad” de “todos/as”. Lo que se quiere no es justicia sin impunidad, se busca el linchamiento al malo para dar paz al pueblo, tal al estilo imperial. Lástima ver a la iglesia pensando igual como quienes persiguieron a Jesús.

Por eso estamos seguros que si la iglesia debería tomar una posición en esta lucha, debería ser tal cual Jesús lo hizo, ser la conciliadora de la paz, enseñando a quienes tomaron las armas que no se desaparecen las injusticias sociales promoviendo muerte u odio, sino valorando supremamente la vida del otro, estando al lado de los que sufren, que nuestro único enemigo no es el otro que promueve el desnivel social y la marginación socio económica, sino que nuestro eterno enemigo es el sufrimiento humano y la guerra que llevan a perpetuar más contra lo que luchamos.

Adolfo Cespedes

Por: Adolfo Cépedes Maestre Jr.
Teólogo – Corp. Universitaria Reformada
Facebook: https://www.facebook.com/Adolfo.cespjr

 

 

 

Referencias

  1. Horsley, R. A.(2003) Jesús y el Imperio. El Reino de Dios y el nuevo desorden mundial. España, Navarra: Verbo Divino.
  2. Álvarez, A. V. (2010) Enigmas de la Biblia #12. Buenos aires: San Pablo.
  3. Cárdenas, J. (1997) Lo propio de San Mateo en el relato de la pasión. El Evangelio de Mateo. Ribla N°27 [p. 96-112]

2 comentarios en “El discípulo guerrillero del movimiento de Jesús: una mirada post conflictual

  1. Excelente artículo. Todo a mi al rededor giraba en torno al No pero yo le pedí tanto al espíritu Santo que ma ayudar a tomar la decisión correcta y no sentí paz para votar No y por eso voté que SI , llegue a pensar en que había tomado una mala decisión pero al leer este artículo me aclaro todo y que tome la decisión correcta. Muchas gracias que Dios te bendiga mucho más.

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