La Palabra de la Reconciliación

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Quiero comenzar mi artículo de esta semana, extendiéndole un abrazo solidario a mis hermanos de Colombia y comprometiéndome con ellos a seguir orando por la paz que tanta falta hace en dicho país y en el mundo en general.
Creo que la paz siempre se construye sobre el perdón y la reconciliación. De eso precisamente quiero hablar. 2 Corintios 5:19 dice: “que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.” Este texto establece que la misión de la Iglesia debe ser procurar la reconciliación entre los seres humanos, y nunca lo opuesto.

Pero también establece algo más. Pablo aborda el tema tan trascendental del significado de la cruz. El cristianismo tradicional, sobre todo desde Anselmo; ha visto en la cruz a un Padre enojado, que prefiere desahogar su ira sobre su Hijo, antes que sobre la humanidad, y que sólo puede ser aplacado mediante la sangre y la tortura. Hace tiempo que vengo cuestionando ese concepto de Dios. He dicho que creo en un Dios solidario, que decidió convertirse en un hombre para participar del sufrimiento humano. Como el hombre no podía llegar a Dios, Él llegó al hombre. No podíamos subir y Dios bajó. Pero vino despojado de su gloria celestial a someterse al maltrato, al hambre, a la sed, y a todo lo que a nosotros nos pueda producir dolor. De esa manera Dios expresó su amor incondicional por nosotros más allá de nuestras transgresiones.






Esa elocuente frase de Pablo: “no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados”, refuta de entrada la idea de que la cruz fue una transacción comercial. La cruz es el perdón de Dios. No fue que el pecado se pagó al Padre, sino que no fue tomado en cuenta. El pecado tuvo un costo por supuesto, siempre lo tiene; pero fue perdonado. A Cristo le costó la vida lo que predicó y enseñó en favor de la justicia y de la equidad.

Era nada menos que Dios mismo asumiendo la responsabilidad por haber permitido la injusticia
en el mundo para que el hombre tuviera libertad de elección, decidió sufrir la injusticia en carne propia. A ese extremo llegó Dios. Siempre estaremos en deuda con Él, pero precisamente por eso la salvación es por gracia, ya que nunca llegaremos a hacer nada que pueda comprar el amor de Dios.
Es gratuito, es incondicional. Sólo tenemos que aceptarlo. La cruz es desprendimiento. La cruz es sacrificio, porque el amor lo es. Está escrito que sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados porque la sangre representa la vida. Para derrotar el pecado, hay que morir. En el perdón se muere a la urgencia de venganza, en la regeneración se muere a los deseos egoístas. Se muere en un sentido, para evitar más muertes en el otro.
El odio nos destruye, nos consume. El amor nos puede llevar a dar la vida; pero siempre nos la devuelve, porque el amor permanece. Por eso yo digo que la resurrección de Jesucristo era en realidad inevitable. Por eso en la cruz hay esperanza. Inevitables son también e indetenibles los procesos sociales que han de culminar eventualmente en la reivindicación de los derechos de todos y de todas. El oscurantismo religioso poco puede hacer para subvertir permanentemente el progreso.
julioPor Julio Álvarez Rivera
Teólogo – Profesor
Facebook / Ministerio Juan 17:17

 

 

 

Un comentario en “La Palabra de la Reconciliación

  1. Un artículo lleno de falacias ad misericordiam y como todas las sectas usando pocos textos biblicos, supongo que ustedes estaban felices por la inclusión de la ideología de degenero que predican. Aún están a tiempo de arrepentirse y dejar de torcer las escrituras al acomodo de su pecado, recuerden que según las palabras de Jesús es mejor que se amarren una piedra del molino y se tiren al mar en vez de estar haciendo caer a personas con luchas con el pecado del homosexualismo. Esta fue solo una muestra de que ustedes no prevalecerán contra la verdadera iglesia, arrepiéntanse mientras tengan tiempo. 14 Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes. Supongo que seguirán evitando que el comentario se publique, pero con que usted que lo está leyendo lo lea, sabrá que Dios le habló y le dio oportunidad de arrepentimiento, con ello me doy por satisfecho.

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