Editorial: Un tiempo desafiante para la fe cristiana

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Las elecciones democráticas efectuadas recientemente en Estados Unidos han demostrado una vez más el increíble apoyo que algunas iglesias cristianas ofrecen a discursos basados en la guerra, el desprecio, la discriminación, el odio, la violencia y el engaño. Parece que regresamos a tiempo oscuros, como aquellos en los que la iglesia apoyó la esclavitud, la conquista, el genocidio o los regímenes dictatoriales. Este es el tiempo que nos señala la necesidad de re evaluar nuestra fe y de mirar hacia dónde nos hemos desviado, ¿de dónde hemos caído?

En el caso colombiano el fuerte apoyo de la iglesia cristiana al voto por el NO, basado total y enteramente en mentiras, sólo muestra como una parte fundamental de la iglesia parece estarse vendiendo al mejor postor. No conocemos a profundidad cuáles son las intenciones de los líderes religiosos que lideran estas congregaciones, pero sin duda dejan ver la manipulación y la burla que están haciendo de las buenas noticias del Evangelio.






Ahora bien, mucho más que “despotricar” sobre el pasado o la personalidad misma que tiene un hombre como Donald Trump, preocupa que la Iglesia avalen agendas evidentemente contrarias a la fe cristiana. Venden este evangelio que parece hecho sólo para exaltar la individualidad y olvidar al otro, que sólo se preocupa por la moral sexual de los demás y no busca la justicia y la verdad como parte de seguir a Cristo. Un cristianismo que se alió con Herodes para matar a inocentes y desplazar víctimas, que dejó al herido en el piso porque es más importante ir al culto, que no le hablaron a la samaritana porque era de una doctrina extraña y tenía una reputación dudosa, los que jamás se sentarían a la mesa con los publicanos y pecadores para no contaminarse y para no tener una mala imagen. Un cristianismo enfocado en el propio bienestar que piensa que hacer la gran obra de Cristo es imponer a los demás su propia fe por medio de la fuerza coercitiva y legal del Estado.

Ante este escenario, sólo podemos afirmar que es el momento para que una iglesia basada en el Evangelio del Reino de los Cielos se levante para anunciar las buenas noticias de la reconciliación, una iglesia que sea defensora de los derechos de los más necesitados, una iglesia profética que denuncie la injusticia, la iniquidad, la discriminación. Una iglesia que baje los odios y procure la paz. No una paz institucional, sino la paz que el Señor nos dejó encargada a nosotros: la paz que sobre pasa todo entendimiento. 

Dios nos ayude a ser la iglesia que el anhela y nos enseñó a ser. Este es el momento.

 

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Por  Antónima de Von Bora
Escritora de Teología Antagónica
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Imagen tomada de Flickr Néstor Espinosa Mitjanas

 

 

 

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