El atavío de la mujer cristiana

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Quiero esta vez abordar un tema que puede parecer insignificante para muchos, pero que todavía genera conflictos entre cristianos y sirve para alejar de la Iglesia a muchas almas. Vengo de una tradición pentecostal. Como tal, sigo creyendo que un estilo de vida santificado radica en el interior y se refleja en el exterior. Pero estoy consciente del incalculable y a veces irreparable daño que mi denominación ha hecho, imponiendo dogmas basados en juzgar injustamente a la gente a base de la apariencia.

Cierto es que 1 Corintios 12:22-24 nos da el consejo siguiente: “Antes bien, los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios, y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente, y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro”. La exhibición pública de las partes íntimas de nuestro cuerpo no es algo recomendable por razones que trascienden los criterios religiosos. Pero el extremo de condenar a las hermanas por el uso de adornos o maquillaje, no sólo no tiene fundamento bíblico alguno, sino que hay textos bíblicos que muestran exactamente lo contrario, y los mismos han sido ocultados por los que oprimen a la Iglesia con estas prohibiciones.

Por ejemplo: Ezequiel 16:8-12 dice: “Y pasé yo otra vez junto a ti, y te miré, y he aquí que tu tiempo era tiempo de amores, y extendí mi manto sobre ti, y cubrí tu desnudez, y te di juramento, y entré en pacto contigo, dice Jehová el Señor, y fuiste mía. Te lavé, y lavé tus sangres de encima de ti, y te ungí con aceite, y te vestí de bordado, te calcé de tejón, te ceñí de lino, y te cubrí de seda. Te atavié con adornos, y puse brazaletes en tus brazos, y collar a tu cuello. Puse joyas en tu nariz, y zarcillos en tus orejas, y una hermosa diadema en tu cabeza. Así fuiste adornada de oro y de plata, y tu vestido era de lino fino, seda y bordado, comiste flor de harina de trigo, miel y aceite, y prosperaste hasta llegar a reinar. Y salió tu renombre entre las naciones a causa de tu hermosura, porque era perfecta, a causa de la hermosura que yo puse sobre ti, dice Jehová el Señor.”

La primera vez que leí este pasaje, pensé que los zarcillos que dice ahí que Jehová le puso a su pueblo, tenían que ser símbolos de bendiciones espirituales. Tal vez los zarcillos representaban los dones del Espíritu Santo. Pero el verso 17 dice: “Y tomaste asimismo tus hermosas alhajas de oro y de plata que yo te había dado, y te hiciste imágenes de hombre y fornicaste con ellas”. Con bendiciones espirituales no se fabrican ídolos de oro y plata, ¿verdad? Parece que eran literales los zarcillos. Y dice que Jehová mismo se los puso.

Puesto que estamos de acuerdo en que Dios es santo, entonces Dios no puede poner el pecado o mandar a nadie a pecar. Ezequiel 16 es como un resumen de la historia de Israel. Éxodo 3:19-22 confirma lo que dice Ezequiel, pues Dios le dice a Moisés: “Más yo sé que el rey de Egipto no os dejará ir a no ser con mano fuerte, pero yo extenderé mi mano, con todas mis maravillas que haré en él, y entonces os dejará ir. Y yo daré gracia en los ojos de los egipcios, para que cuando salgáis, no salgáis con las manos vacías, sino que cada una pedirá a su vecina y a su huéspeda, alhajas de oro, alhajas de plata y vestidos, los cuales pondréis sobre vuestros hijos y vuestras hijas y despojaréis a Egipto” Allí dice que Dios mismo le mandó a ponerse alhajas de oro y plata, pero luego en Exodo 32:2-4 dice que ellos las usaron para hacer el becerro de oro, por lo cual fueron severamente castigados por Dios. Pero para hacer ídolos con los zarcillos, primero tuvieron que quitárselos. Tenerlos puestos no era el pecado porque Ezequiel 16:8-12 dice que Jehová mismo se los puso.

1 Pedro 3:3-4 dice: “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, adornos de oro o vestidos costosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible que es de grande estima delante de Dios, porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos, como Sara obedecía a Abraham, de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza.” Si lo que aquí se quiere decir, fuera lo contrario de lo que Dios dijo primero en Ezequiel 16, si Dios cambió de doctrina sobre esto de un Testamento a otro, ¿por qué el apóstol Pedro utiliza a las mujeres del Antiguo Testamento como ejemplo de santidad?

Dios no cambió de doctrina. De hecho, Dios es perfecto y no necesita mejorar. Los que tenemos que mejorar somos nosotros. La enseñanza de Pedro es que el verdadero adorno de la mujer cristiana, lo que la hace a usted importante y especial ante Dios, no es el externo de peinados ostentosos, adornos de oro o vestidos costosos sino el interno, el del corazón, como dice ahí mismo. Si esto fuera una prohibición, no me explico por qué a sus propios ángeles Dios mismo los viste con oro y con perlas, como dice Ezequiel 28:13 de Lucifer antes de pecar. Tampoco se podría explicar por qué en Exodo 28:1-8, Dios mismo ordenó que los sacerdotes vistieran con oro, tampoco se podría explicar, si fuera pecado usar adornos, que Dios mismo los pide como ofrenda para construir el tabernáculo en Exodo 35:22, ya que nada inmundo podía llevarse de ofrenda. Cristo cualificó como ofrenda por nuestros pecados, porque era, como dice en 1 Pedro 1:19, un cordero sin mancha y sin contaminación.






Isaías 3:16-24 dice que habría una guerra en Israel donde los varones caerían a espada (verso 25), y las mujeres perderían todo. Allí Dios quitó los adornos pero también dice el verso 23 que quitó los espejos y el verso 24 los perfumes. Nadie enseña que mirarse al espejo o usar un perfume, sea pecado, que yo sepa. Si yo pongo mi corazón en algo, Dios me lo puede quitar, pero eso no significa necesariamente que sea pecado.

Vengo del Pentecostalismo de los años 80 en Puerto Rico, cuando y donde a las damas se les humillaba y avergonzaba delante de todos por el mero hecho de usar accesorios y maquillarse. El legalismo era abusivo, machista e implacable. Consternado por esto, mis primeros estudios bíblicos fueron sobre ese tema, así como mi primer libro: “Refutación del Legalismo: una defensa de la juventud cristiana contra la opresión religiosa”, un extenso libro con 200 citas bíblicas sobre este tema. Le di para ese tiempo, estudios bíblicos semejantes a este a muchos pastores.

Cuando recibí de parte de varios de ellos respuestas negativas al grado de que algunos me llegaron a decir que no les importaban mis argumentos bíblicos, ni que los jóvenes se fueran de la Iglesia (no fueron todos), comencé a regar los estudios bíblicos en sus congregaciones y en las convenciones de mi denominación. Tenía 13 años cuando inicié esto. Hoy tengo 42.

En mi país, quedan pocas iglesias donde se impongan estas cosas. Pero estoy consciente de que todavía el legalismo existe, sobre todo en el resto de Latinoamérica. no tengo problema con que alguien crea sinceramente que le agrada más a Dios absteniéndose de usar adornos o maquillaje, ni puedo acusarlo de fariseísmo, por eso mientras no rechace ni condene a las demás personas.

Defino el legalismo como una actitud, más que una mera creencia. La actitud por supuesto está basada en una enseñanza que ha sacado la Biblia de contexto. El legalismo debe seguir siendo refutado. El tema sigue siendo actual, y espero que esta reflexión bíblica contribuya a esclarecerlo.

julio

Por Julio Álvarez Rivera
Teólogo – Profesor
Facebook / Ministerio Juan 17:17

Imagen: MMM en Arauca

3 comentarios en “El atavío de la mujer cristiana

  1. cuando en los 80 yo era una jovencita me crie en una iglesia bien conservadora, donde hasta usar faldas mahones y una pollina era pecado creo que los extremos son malos yvestoy de acuerdo en el argumento de mi amigo y hno en cristo Julio Alvarez fui criada en el evangelio y me parte ppr mucho tiempo ppr tanata prohibicion creo que la mayoria de los jovenes de esa epoca se apartaron.

    • Totalmente de acuerdo es más ,por lo general ese tipo de iglesias no crecen ni maduran ya que inculcan el verse tan santos que nadie se atreve a sincerarce delante de Dios y terminan en la hipocresía.Ocultando sus pecados en vez de reconocer y arrepentirse.

  2. Lamentablemente hay gente que todavía teme y sufre por prédicas de aquella época. Las de yiye Ávila, por ejemplo, que abundan en Youtube y a algunos los fanática, a otros, los asusta.
    No hay que justificar la violencia religiosa.
    Hay gente que sufre de verdad.

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