Muerte: Seguridad Vs Fe

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“El grueso de la ortodoxia cristiana tiene una respuesta sobre qué pasará con los seres humanos una vez se haya esfumado el ‘aliento de vida’ del cuerpo, liberando así el alma de este; dos lugares se convierten en las opciones a los que todos los hijos de Adán podemos aspirar a llegar, una vez expiremos. El cielo, o el infierno.

Por supuesto que esta respuesta tiene matices de acuerdo a la postura teológica y escatológica que se abrace. Desde el físico cielo (en caso a la salvación eterna), hasta la posibilidad de vivir en ‘La Nueva Jerusalén’, co-reinando con Cristo, e incluso, vivir nuevamente en el planeta Tierra, una vez este sea restaurado. Muchos otros, esperan pasar un tiempo en el purgatorio, para expiar algunas faltas, antes de ser perfeccionados para llegar entonces al cielo.

Así mismo, se encuentra la clara posibilidad de estar la eternidad en el infierno, un lugar al que muchos temen y que ha sido predicado en millones de sermones por cientos de años. Este, también se ha percibido de diversas maneras; desde el lugar de tormento rodeado de llamas, grandes cacerolas hirviendo y ‘fritando’ a los hombres y mujeres que lleguen a él, hasta una especie de ‘estado de conciencia’, en el que el alma será atormentada.

En cualquier caso, estas creencias no se han construido de la nada. Son varios versículos bíblicos los que hablarían acerca de este tema, y parecen revelar lo que le espera al ser humano en la eternidad. Se han considerado textos como el relato en el que Jesús se dirige al ladrón, compañero de muerte en la cruz y le da una promesa, “…hoy estarás conmigo en el paraíso“, o como la sentencia del apóstol Pablo, cuando advierte que si Cristo resucitó, entonces los que hayan muerto, lo harán primero y luego, quienes hayan quedado (sinc)… Así mismo, las referencias de Jesús al infierno y metáforas como, “el llanto y el crujir de dientes”.

Sin embargo, resulta no menos que curioso que algunas corrientes teológicas están cuestionando seriamente lo que hasta hoy se creía acerca de la existencia de un castigo eterno, o un cielo salvífico por siempre jamás. Y los argumentos que se arguyen están disponibles en muchos lugares, los cuales abarcan consideraciones sobre la incorrecta traducción e interpretación que se le ha dado al término que se conoce como ‘infierno’, el contexto histórico sobre qué podría haber significado esto en los tiempos de Jesús, teniendo en cuenta que al parecer, para los judíos el tema de la ‘trascendencia’ no estaba en su agenda teológica; así como discusiones filosóficas sobre el carácter de Dios y la pertinencia de un castigo punitivo, antes que uno correctivo o restaurador. Según algunas lecturas, este tipo de contenidos bíblicos, tanto del cielo, como del infierno, no se refieren ‘al más allá’, sino, ‘al más acá’”  [1]

La vida de fe no tiene porqué ser un compendio de certezas, sino más bien una tula llena de interrogantes, y en este camino, todos la vamos llenando a medida que avanzamos.

Habiendo dicho esto, encuentro dos alternativas al momento de abordar el tema. Una, es tener la certeza que hay vida después de la muerte; la otra es creer que hay vida después de la muerte.






En primer lugar, debo descartar que haya evidencia (en términos científicos) sobre la vida después de la muerte. Muy a pesar de documentos como los libros “Sobre la muerte y los moribundos” y “La Muerte: un amanecer”, de la doctora Elisabeth Kübler,  además de “la prueba del cielo”, de Eben Alexander; en los que estos neurocirujanos hace algunas pruebas sobre la actividad cerebral en pacientes que han pasado por muerte física y luego han sido reanimados. Aunque los relatos resultan bastante interesantes, no aportan pruebas concluyentes en la materia.

Eso nos deja el camino de la fe, pues cuando no hay conocimiento cierto frente a un tema, afiliarse o creer en él sólo es posible a través de la fe.

Sin embargo, por lo menos desde el relato bíblico, al parecer, y de acuerdo a lo reseñado en la cita que abre el presente artículo, con base en ciertas hermenéuticas y exégesis, los textos que hemos entendido se refieren al “más allá” durante mucho tiempo, en realidad lo hacen al “más acá”; aduciendo a situaciones de la iglesia primitiva y usando lenguaje metafórico mediante el que describen emperadores romanos, el imperio y la sociedad que les rodeaba, antes que eventos escatológicos. Lo que deja cierta duda referente a la confianza teológica que pueda alimentar dicha fe.

Frente a este panorama, encuentro entonces un tercer camino; este es, la esperanza. Y honestamente es lo que tengo frente al tema. Confío en que después que partamos, nos encontremos con Jesús por siempre jamás.

David (2)Por David A. Gaitan
Periodista – Pastor
Facebook / David Gaitan
Twitter / @dabycito

 

 

Referencia:

[1] Sobre la Vida Después de la muerte. David A Gaitan. 2016. https://davidgaitan.wordpress.com/2016/06/15/sobre-la-vida-despues-de-la-muerte/

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