¡Dios!

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Hablaba en estos días con una amiga y me dijo: “¿Shir, crees en Dios?”, dentro de mí pensé: si cobrara cada vez que me hacen esta pregunta, hoy sería millonaria.

Lo mejor es que yo misma me sorprendo cada vez que doy la respuesta porque siempre algo nuevo sale de mi corazón y me hace ver que el Dios de ayer ya no es el mismo Dios que me acompaña hoy, aunque me enseñaron que: “Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos de los siglos”.

Pero,
¿Qué pasó?
¿Dónde se me perdió ese Dios lineal que siempre es el mismo?
¿Dónde está mi Dios?
¡No lo sé!

Lo que sí sé, es que siempre mi Dios es un Dios muy interesante, apasionado y la mayoría del tiempo muy loco; y lo mejor que me pudo pasar fue perder a ese Dios lineal para reencontrarme con este Dios que no teme a los cambios.

Miro años atrás cómo era mi vida dentro de la Iglesia, ¡Vaya! No era nada aburrida, no había motivos para que yo no me sintiera a gusto dentro de ese ambiente religioso, pero, de nuevo un pero, ¿Qué era esa soledad, esa inconformidad, ese deseo de respuestas ante tantas preguntas que no encontraban lugar en mi entorno?

Leía un artículo sobre espiritualidad, que realmente para mí eso es lo que me define: “Mi espiritualidad”, este decía:

“La espiritualidad es la universalidad de la Verdad, la Luz y el Deleite. La espiritualidad es la necesidad consciente de Dios. La espiritualidad es la oportunidad constante de realizar y probar que todos nosotros podemos ser tan grandes como Dios. Dios es Deleite. El Deleite es el hálito del alma”

Si hoy me pidieran que pinte a Dios, ¿Cómo lo pintaría? Y acá viene el Deleite, yo pintaría a Dios como una mancha negra y abstracta.




¿Por qué?
Porque en la oscuridad de mi alma encuentro siempre un rayo de luz, porque dentro del color negro he encontrado inspiración, me he visto reflejada en él y en él me he refugiado. El Dios abstracto en el que hoy creo es “arte/pasión/vida/oscuridad” no hay otra forma donde no le encuentre y en estas palabras encuentro deleite y como consecuencia encuentro allí a ese Dios oscuro que explota conmigo, un Dios que no encaja en los esquemas, un Dios que me deja moldearlo a lo que vivo cada día, un Dios que es tan humano como yo que no me abandona.

Dejé de creer en el Dios de mi infancia, olvidé al Dios de mi adolescencia, perdí al Dios de mi juventud y encontré a Dios en mi etapa de mujer adulta, fuera de la religión, fuera de cuatro paredes, fuera de todo lo que creí y escuché por muchos años.

Hoy, encontré a Dios en mis manos y mis manos son mi alma y ellas lo pintan cada día.

shir-ruizPor: Shir Ruiz
Artista / Escritora
shirgail@hotmail.com

 

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