¿Predestinación con qué propósito?

Bibliotheque de la Societe de lHistoire du Protestantisme Francais, Paris, France

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Veo en cada nueva aportación una gran oportunidad de compartir y aclarar lo que Dios me ha permitido hasta ahora reflexionar y descubrir sobre su Palabra. Dado que el tema de la predestinación y el destino final de justos e injustos sigue generando tantas discusiones y preguntas, estimo pertinente traerlo a la mesa del diálogo constructivo.

Recuerdo cuando en una de mis clases bíblicas, surgió una acalorada disputa entre dos hermanos en la común Fe de Jesucristo: uno de orientación arminiana y otra de convicción calvinista. Me encontraba yo en la difícil posición de árbitro y mediador de conflictos. Costó esfuerzo conseguir que se escucharan mutuamente y que llegaran a un punto de encuentro. Sigo manteniendo que en Jesucristo siempre hay un lugar de reunión y comunión para todos.

Pero no me quedó más remedio que explicar que no estoy completamente de acuerdo con ninguna de las dos posturas. Creo que hay una predestinación, que Dios nos elige a todos para diversas misiones y propósitos, en este mundo y en el próximo. Creo también que Dios nos deja espacio para tomar decisiones y que podemos aceptar o rechazar su llamado.

Y creo que el meollo de la controversia radica en la doctrina sobre el infierno. Ya en artículos previos de Locademia me había extendido un poco sobre esto. La mayoría de los hermanos, tanto calvinistas como arminianos creen que el infierno durará para siempre. Casi todos los que crecimos en la Iglesia, recibimos desde niños la enseñanza de que los condenados serán torturados eternamente. Una enseñanza traumática para el arminiano que teme ante la posibilidad de morir o de enfrentarse al Juicio Final sin tiempo de arrepentirse de su último pecado, o para el calvinista que alberga la esperanza de encontrarse en el número de los escogidos para salvación.

Por supuesto que en el ejemplo que expuse, hablo de mi experiencia personal y de la de muchos, y que todas las variantes que existen dentro del espectro teológico de las doctrinas sobre la salvación y de lo que se ha dado en identificar como Calvinismo y Arminianismo no necesariamente se suscribirían a mi ejemplo. Un buen libro que recomiendo al respecto es: “La Seguridad de la Salvación”, publicado por Editorial CLIE, donde 4 teólogos escriben cada uno un ensayo explicando su posición y los otros 3 le responden. Es una buena lectura de debate. Michael Horton defiende el Calvinismo Clásico en el primer capítulo. Norman Geisler defiende lo que se ha denominado Calvinismo Moderado en el segundo capítulo, designación que yo cuestionaría, en el tercero Stephen Ashby defiende el Arminianismo Reformado y en el cuarto Steve Harper defiende el Arminianismo Wesleyano. En mi apreciación, es Stephen Ashby el mejor argumentador de los 4, pero en realidad, ninguno de ellos representa mi pensamiento al respecto. El siguiente análisis se basará exclusivamente en la Biblia; de modo que aún desde la perspectiva más fundamentalista pueda contemplarse lo aceptable y razonable de la postura universalista.

Hemos creído que el tormento de los inicuos durará para siempre por pasajes como Mateo 25:46, en el que se nos habla de un castigo eterno, Daniel 12:4 que habla de que muchos resucitarán para vergüenza y confusión perpetua, y Marcos 9:44 que nos dice que el fuego no se apaga. Si el fuego es literal, lo cual no creo; es materia de otra discusión. Lo que quiero destacar aquí es que expresiones muy parecidas o idénticas se emplearon en la Biblia para referirse a eventos que tuvieron un final.

En Números 19:10 por ejemplo, decía: “ Y el que recogió las cenizas de la vaca lavará sus vestidos, y será inmundo hasta la noche; y será estatuto perpetuo para los hijos de Israel, y para el extranjero que mora entre ellos.” Pero esto es algo que ya no tenemos que hacer. Levítico 6:21-22 decía: “En sartén se preparará con aceite; frita la traerás, y los pedazos cocidos de la ofrenda ofrecerás en olor grato a Jehová. Y el sacerdote que en lugar de Aarón fuere ungido de entre sus hijos, hará igual ofrenda. Es estatuto perpetuo de Jehová; toda ella será quemada.”

Pero aún los que creen que el infierno es para siempre, están de acuerdo en que estos holocaustos no son ya necesarios. En Jeremías 17:27 dice: “Pero si no me oyereis para santificar el día de reposo,[f] y para no traer carga ni meterla por las puertas de Jerusalén en día de reposo,[g] yo haré descender fuego en sus puertas, y consumirá los palacios de Jerusalén, y no se apagará.” Pero no se iba a apagar mientras durara el evento, porque ni tenemos ya que guardar el sábado como lo guardaban los judíos, ni los palacios de Jerusalén continúan ardiendo luego de que el ejército babilonio los destruyera como se anuncia en esta profecía. En Ezequiel 20:47 dice que Jehová prendería fuego sobre los bosques del Neguev, “y sabrá toda carne que yo la encendí y no se apagará, dice Jehová.” Nuevamente, no se apagaría y nadie podría apagarlo mientras durara el evento. Lo mismo vale para Levítico 6:13: “El fuego arderá continuamente en el altar; no se apagará.”

Si no todo lo que en la Biblia lleva el calificativo de perpetuo (traducción del término hebreo “olam” y del griego “eonios”, ambos traducidos también como “eterno”) significa que va a durar para siempre; ¿Por qué nos hemos apresurado a concluir que el odio, la blasfemia y el pecado existirán para siempre? Si habrá un lugar donde la gente permanezca maldiciéndose unos a otros y maldiciendo a Dios sin final, entonces a la lista de 1 Corintios 13:13 de las 3 cosas que permanecen para siempre: la Fe, la esperanza y el amor, hay que sumar el odio, la blasfemia y el pecado.

Niego que esta sea la enseñanza de las Escrituras. 1 Corintios 15:28 dice justo lo contrario, que todas las cosas serán sujetas a Cristo. Apocalipsis 5:13 dice: “Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.” El texto no excluyó a nadie. No dicen: “Reconocemos que Jesucristo es el Señor porque no nos queda más remedio, pero lo maldecimos porque nos tiene aquí quemándonos para siempre.” Mi postura es que Cristo murió por todos los seres humanos, y que a la larga obtendrá todo lo que pagó con su sangre.






Pero no todos llegarán al mismo tiempo ni todos tendrán acceso a la Nueva Jerusalén y menos al Cielo. En Mateo 21:31 Jesús les dijo: “De cierto os digo, que los publicanos y las rameras llegan primero que vosotros al reino de Dios.” No les dijo: “Ustedes nunca llegarán”, sino que otros llegan primero. Por eso también Hebreos 12:23 llama a la Iglesia: “la congregación de los primogénitos inscritos en los Cielos.” Primogénitos porque vienen más hijos.

Juan 6:44 dice: “Nadie puede venir a mí si el Padre no le trajere.” ¡Gran verdad! Y ¿A cuántos Dios trae? Juan 12:32 dice: “Y yo, si fuere levantado de la Tierra, a todos atraeré a mí mismo.” Romanos 9:15 dice: “Tendré misericordia del que tendré misericordia, y me compadeceré del que me compadezca.”¡Gran verdad! ¿De cuántos Dios ha decidido tener misericordia? Romanos 11:32 contesta: “Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.” Romanos 5:19 dice: “Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.” ¿Quiénes son los muchos? Los mismos “muchos” que fueron constituidos pecadores, toda la humanidad.

Jesucristo dice ser en Juan 6:51 el pan vivo que bajó del cielo y que da, no meramente ofrece, vida al mundo. 1 Timoteo 4:10 dice que Él es el Salvador de todos los hombres, mayormente, no dice únicamente, de los que creen. Se refiere a los que creen ahora, que no tendrán que atravesar por el infierno.

Pero el concepto de Reino implica que hay gobernantes y hay súbditos. Apocalipsis 2:26 dice: “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones”. Esta promesa no es ni puede ser para todos sino solamente para los fieles a Dios. Unos reinarán con Cristo en la Nueva Tierra dentro de la Nueva Jerusalén que descenderá del Cielo como dice Apocalipsis 21:1, otros serán súbditos del Reino.

Si todos los que no vencieren, permanecerán ardiendo para siempre en el infierno; ¿Sobre quién van a gobernar los que vencieren? Si en la isla de Puerto Rico todo el mundo fuera gobernador, ¿Dónde quedarían los ciudadanos? Cuando el infierno sea vaciado, toda carne vendrá al encuentro de Dios como dice el Salmo 145:2 y Él derramará su Espíritu sobre toda carne como dice Joel 2:28, lo que comenzó a cumplirse en Pentecostés pero no ha terminado de cumplirse. Todos serán parte de la familia de Dios, allí no habrá llanto ni clamor ni dolor; el mal no existirá para siempre. No era parte del diseño de Dios. No podía ser el propósito divino que la maldad exista para siempre sino el bien. Pero solo un grupo vivirá dentro de la Santa Ciudad y reinará.

Creo que según la Biblia, hemos sido predestinados pero para reinar.

julio

Por Julio Álvarez Rivera
Teólogo – Profesor
Facebook / Ministerio Juan 17:17

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