El Diezmo y la Ofrenda en Malaquías: Un plan de Ayuda a los Marginados para la Construcción de Justicia Social – Parte I

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10 Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. 11 Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos. 12 Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos.

Malaquías 3:10-12

Reina Valera 1960

Domingo tras domingo en algunas comunidades evangélicas en los barrios de mi ciudad, se concentran grupos de personas con graves problemas económicos, con distintas necesidades sociales, que han colocado su esperanza en una Divinidad que supuestamente puede suplir cada una de ellas si se le entrega o se le ofrece a las congregaciones o pastores(as) dinero o pertenencias materiales; en sus predicaciones exponen que este “dios” puede devolver lo ofrecido multiplicado por una cantidad exorbitante, pero claro está, dependiendo de la cantidad ofrecida. Esta suele ser la predicación que se escucha en algunas comunidades evangélicas, principalmente en barrios populares y comúnmente autónomas de congregaciones o denominaciones reconocidas, quienes vienen a ser dirigidas por un líder carismático con poca preparación teológica y que no es del todo adinerado sino que más bien se ha auto gestionado un rubro de la totalidad de las entradas financieras de dicha iglesia, las personas le siguen porque les ha mostrado una nueva “revelación” basada en el éxito financiero y en la superación personal.

Lo más curioso, es que estos grupos repetidas veces hacen uso del texto de Malaquías 3:1-12 para argumentar sus discursos sobre su tesis de la prosperidad a través de mecanismos de compensación o trueques religiosos. Es decir que uno de los textos más utilizados para sugestionar a los fieles en la práctica deliberada del diezmo y las ofrendas es el de Malaquías, sin embargo, hemos considerado que debido a ese propósito su lectura requiere la necesidad de realizar una exégesis e interpretación profunda del mismo. Por esto intentaremos mostrar ¿a qué se refiere más exactamente Malaquías y cuál podría haber sido su intención al referirse al diezmo y a la ofrenda?

Inicialmente debemos admitir que el texto de Malaquías está envuelto en una trama que revela que las injusticias sociales van a ser la plataforma para las problemáticas económicas en el pueblo, que vienen a ser desveladas por un personaje misterioso al que llamamos Malaquías, pues parece ser que ese no es su verdadero nombre, sino solo su seudónimo; la palabra “Malaquí” en hebreo significa “Mi Mensajero”, indicando así cuál es la razón de ser del oficio profético al intervenir en la historia, servir como puente entre Dios y los hombres, para que estos vuelvan a comunicarse y relacionarse.

Este personaje al que se le conoce como “Mi Mensajero”, realizó su labor profética en el sur de Israel, situado en el contexto del regreso del exilio y la instauración del pueblo sobre la tierra; ya casi reconstruido el templo y organizada la vida de la comunidad, posiblemente ya se pueden ofrecer sacrificios y realizar ofrendas (Vgr.: Malaquías 1:10) pues en este se había oficializado algunos sacerdotes y se habían instalado levitas (Malaquías 1:7-13), entonces por eso el mensajero se ocupó de defender el culto, de exigir la pureza de los sacerdotes y sacrificios, y criticar rudamente el rechazo a la mujer israelita al señalar los males patriarcales de los matrimonios mixtos (Cfr.: Rivas, 1997).

Asurmendi (2007) nos dice que todo esto pudo acontecer alrededor del 515 A.C en Judá y Jerusalén, en la época en que los persas eran un poder dominador y los israelitas habían vuelto a su tierra avasallados por estos. Es decir que el texto de Malaquías está dentro del contexto post exílico, más exactamente de las políticas que fueron ejercidas por los reformadores como Zorobabel, Nehemías y Esdras. Este intenta ser una voz de esperanza y aliento frente al aumento del desánimo, de la crisis de fe en Dios y de la desconfianza en sus líderes políticos pues, aunque estaban en sus tierras en ese momento, seguían expuestos a pueblos extranjeros que los vigilaban y tributaban.

Por tanto, algunos asumieron algunas actitudes contra las costumbres o leyes de Israel, tales actitudes fueron vistas mal por este profeta, también vistas por los líderes del pueblo como un mal social consecuente de las relaciones externas con el pueblo del que venían: como repudiar como si nada a sus esposas del pueblo y casarse repetidamente con mujeres hermosas de origen extranjero, como que los ricos acosaban a los pobres y los dejaban en la ruina (vgr.: Malaquías 3:5) y el culto, que es parte central del pensamiento del profeta, era deshonrado con la falta de atención ética y material de las ofrendas, descuidándose así el deber hacia el templo y las minorías que de él comían (Cfr.: Stuhlmueller, 1971) en otras palabras, para el profeta la falta de interés en las practicas litúrgicas y sociales no reflejaban su verdadero agradecimiento al haber salido del cautiverio, entonces el profeta asume un tema central para su predicación: la justicia, pues para él cada uno vela por sí, todos(as) asumen un papel de egoísmo, buscan su propio interés y, ese viene a ser un acto de injusticia para con los pobres que venían de vuelta a sus tierras, y para el profeta parte del problema o crisis.

Una mirada al texto hebreo

Por otro lado, para nuestro análisis y comprensión de toda la unidad temática y literaria que se desprende en Malaquías, vamos a leer desde el 2:17 hasta el 3:12, que sería la composición completa del tema sobre que quería decir el profeta al pueblo en su denuncia por el diezmo y las ofrendas. Iniciemos con algunos detalles, por ejemplo en el texto de Malaquías 3:8 encontramos un juego de palabras que nos va a indicar como se sentía Dios con lo que estaba aconteciendo en el pueblo; miremos la Biblia Hebraica Stuattgartensia (BHS) indicándonos que probablemente hay una corrección a una palabra que quizás algún escriba quiso omitir, en este debía decir que a Dios los del pueblo le han tendido una trampa o engaño, pero se ha traspuesto la palabra indicando que no es ningún engaño, sino un robo, sin embargo lo que debería decir es la palabra engaño, que es muy parecido al acto de Jacob con los suyos (Malaquías 3:6). La septuaginta (LXX), como máxima testigo en este caso, apoya que la palabra engaño va a estar por encima de la expresión de robo, es decir, que el sentido original del texto es ustedes me engañaron en vez de ustedes me robaron.

Como bien decía, la traducción de la biblia Reina Valera hace caso omiso a esa diferencia transposicional y utiliza la palabra “robar” en lugar de “defraudar” o “engañar”. Asequiblemente pudo ser al momento de traducir el texto al español, pero nos parece más adecuado “engañar” pues el autor quería hacer una alusión a las actitudes del pueblo con el engaño que tuvo Jacob para con Dios (Vgr.: Malaquias3:6; Génesis 28:20-22), intentando hacer una sinopsis entre la salida de Jacob a Padan-aram y su regreso a la tierra prometida, tal y como este pueblo lo hizo, representado todo en un acto de volver al señor y como resultado de agradecimiento y pacto de fidelidad, Jacob le construye un altar en betel y ofrece el diezmo en juramento; creemos que de igual forma el pueblo se fue al exilio, luego Dios los liberta, vuelven y reedifican el templo y altar de sacrificios, pero la única diferencia es que han sido negligentes en ofrecer sus ofrendas y diezmos.

El tema del “robo” o “engaño” es un aspecto interesante, ya que en estas comunidades antes mencionadas toman la expresión “Robar” para señalar a quienes no cumplen con el 10% de sus ganancias y de esta manera estimular a que los miembros de su congregación sean solícitos en el tema, y así el diezmar o no, cumple una función moral, pues el faltar a ésta, hace que la persona se sienta robando a Dios, por lo tanto, infringiendo una ley moral. Sin embargo, desde nuestra percepción resulta muy distinto al notar que la expresión más adecuada es “engaño”, es decir, que Dios se ha sentido defraudado o engañado con las actitudes que repercuten en el plano social, económico y político del pueblo en ese contexto y no con el acto mismo del diezmo y la ofrenda. Quiere decir entonces, que no solo se trata de las ofrendas y los diezmos, sino que va mucho más allá, como ya hemos visto, pues recordemos que dar a Dios es dar al necesitado, al no cumplir con lo acordado, la palabra “engaño” resulta oportuna sobre las acciones egoístas del pueblo para con Dios.

De manera que Dios se ha sentido engañado ¿Pero en que se ha sentido defraudado? a lo que el profeta responde, según nos dice el texto hebreo: en el diezmo y las ofrendas. La BHS hace algo curioso, separa a los diezmos de las ofrendas, muy extraño, por cierto, ya que en la ley el diezmo, que es una décima parte de lo obtenido, también componía todas las diferentes ofrendas que existían y en diferentes porcentajes, pero el autor quiso puntualizar que aparte de todas las demás ofrendas también ha sido engañado especialmente con el diezmo. Creemos que hay algo en específico que el escritor quería destacar al resaltar el diezmo de todas las demás ofrendas, ahora, ese detalle de dar foco sobre el diezmo ha sido tal vez por confundir letras hebreas, a lo mejor por el parecido de una beyt con una he, colocando al diezmo aparte de las demás ofrendas cuando es una ofrenda más de las tantas y tal vez quiso decir que le han engañado solo en la ofrenda del diezmo. Aun así, la pregunta sobre por qué destacar el diezmo de las demás ofrendas no está de más, por el contrario, nos indica que Dios estaba preocupado por el fin que tenían en especial esas ofrendas, como veremos más adelante.

A sabiendas de que lo han engañado y en que lo han engañado, la pregunta siguiente sería ¿Quiénes lo han engañado? A lo que el profeta responde con toda seguridad que toda la nación entera o “La nación toda”, pero es posible que este haya sido un agregado posterior al texto original indicando que “también todos” le engañaron, seguramente pudo ser una opinión confundida con el mismo texto sobre quienes le habían engañado, lo atractivo es que destaca no solo al pueblo judío, sino que utiliza la palabra hebrea “Gam” para indicar a otros pueblos aparte del pueblo judío, así denota la inclusión a todos los que se habían integrado al pueblo a través del exilio, pues la integración del sur con el norte y los extranjeros que habían aprovechado para unirse a la apuesta religiosa y política de estos indicaba como Dios no excluía a los demás, sino que todos para él eran nación y por lo tanto todos le habían engañado, así primero las otras naciones se asombrarían de las acciones de bien y de acogida que Dios haría para quienes se retractaran de su engaño, y segundo seria parte del discurso subversivo del profeta frente a las políticas de inmigración en tiempos de Esdras y Nehemías.

Un tema estructuralmente escatológico

            Así que en la primera parte de ese texto nos encontramos con palabras escatológicas codificadas en algunos símbolos para referirse a las acciones de purificación del mensajero para con el pueblo y los sacerdotes, hace uso del tiempo refiriéndose a que Dios les ha limpiado y quiere limpiarles de esas acciones nuevamente, pero esta vez a través del profeta. En los primeros versos vemos representaciones de juicio contra aquellos que realizaban injusticias, y explicaciones de porque tuvieron que pasar algunas crisis en el pasado, para el profeta el cautiverio representó cierta purificación o lavado (Malaquías 3:2-3), pues las intenciones de Dios anteriormente con el cautiverio eran que el pueblo junto con los sacerdotes entendieran que lo habían engañado por no cumplir el acuerdo que habían prefijado en la ley, refiriéndose al diezmo como ofrenda, pues esta era una ofrenda para el templo y más exactamente para quienes hacían parte del templo, es decir, aquellos que no tendrían ninguna otra forma de sobrevivir; o sea, el diezmo no solo era para los oficiales del culto, sino también los huérfanos, viudas y extranjeros, todos junto a los sacerdotes y levitas tenían parte en éste para subsistir, ya que no tenían otros medios de supervivencia, ni producción, y de esta forma los ricos redistribuían su riqueza.






El diezmo era una estrategia para la ayuda y la justicia social frente a la tributación imperialista, pues algunos que habían vuelto vivían en total miseria, mientras que los que se habían quedado o que poco a poco habían reconstruido parte de su patrimonio, tenían ciertas riquezas que acumulaban sin compartir con los pobres. Al imponerse la tributación imperial los que tenían cierta comodidad económica tienden entonces a descuidar la tradición oferente hacia la ayuda a las minorías sociales y a ganar conveniencias políticas con el imperio, por esto Dios se siente defraudado y engañado. Ciertamente el profeta siente la inquietud de ser parte de esa purificación al pueblo para que no caigan en dar mejores atenciones a los recolectores de tributo que mejores ofrendas y diezmos a los necesitados. El profeta siente la responsabilidad de traer un cambio al pueblo que provoque mejores ofrendas (Malaquías 3:4-5), está convencido que ese juicio social a toda la nación traerá un cambio a nivel económico, de manera que esa nación volverá a dar ofrendas de verdad como en el pasado y los sacerdotes se presentaran con ofrendas de justicia, pues lo justo es que todos(as) coman en la tierra de sus padres.

En fin, ese juicio alcanza todas las injusticias socio políticas como el problema nuclear para el profeta que determinaba toda la pobreza económica, este rechazaría sistemáticamente el egoísmo que llevaba a cada quien a encargarse de sus casas y formas de producción dejando de lado a los pobres y marginándolos en la práctica de las ofrendas. Para el profeta no podía ser posible que algunos prosperaran mientras otros no, sabía que la verdadera practica de justicia estaba sostenida en la práctica de la solidaridad, en contraste en el pueblo los ricos se aprovechaban de los necesitados y pagaban sueldos miserables o colocaban jornadas extenuantes con pagos por debajo de lo justo, sumando a esto que las mujeres israelitas eran discriminadas por los varones, así el contrato de matrimonio era tan fácil de disolver que podían disfrutar de varias esposas oficiales durante un menor tiempo y la mayoría de estas eran mujeres extranjeras, además de mentiras y prácticas que no caracterizaban su cultura y su identidad. Toda esta acción desilusionó a muchos pues los ricos que supuestamente debían ser los “bendecidos por Dios” cometían estos actos injustos mientras sus riquezas aumentaban y disminuían sus ayudas a los desventajados sociales, así la falta de confianza en Dios afectó a todos (Malaquías 3:5).

            Consecuentemente lo anterior vienen a ser parte de las razones ante la actitud de queja e interrogatorio por parte del mensajero y que refleja el meollo del engaño, que no es solo el dar los diezmos y las ofrendas simplemente, sino el para quien eran estos: los marginados sociales. El profeta también denuncia la posición de los sacerdotes, aunque sabían la ley no la practicaban de forma correcta ni era praxis para los menos favorecidos, sino que eran mejores sus ofrendas o tributos al príncipe de Persia que las que eran para el Señor, y si alguien cumplía, no daba lo mejor, sino solo lo que sobraba como parte de la rutina litúrgica, a tal manera que era notable su falta de compromiso social en su motivación al ofrendar.

A pesar de eso, Dios los seguía amando y su justicia o fidelidad eran grandes, Dios todavía confiaba en ellos y estaba dispuesto a dar mejores resultados ante un cambio de actitudes (Malaquías 3:6), pues el profeta no solo estaba para condenar la injusticia, sino para anunciar salvación como respuesta ante ese cambio (Malaquías 3:7; 10). Este relato profético de promesas de salvación se convierte en un dialogo retorico de Dios a través del profeta para el pueblo con el fin de concientizarlos de la falta cometida que llevo al engaño y las consecuencias que trajo, pero sobre todo darles una esperanza de salvación como recompensa o resultados concretos si vuelven a hacer lo justo y lo bueno para con los menos favorecidos, sus verdaderos prójimos.

Adolfo Cespedes

Adolfo Céspedes Maestre
Universidad Reformada
Barranquilla, Colombia

 

 

 

Bibliografía

  1. Rivas, P (1997) Malaquías. En: Comentario al Antiguo Testamento II. Gonzalez, A. Pp 387-391. Madrid: Ediciones Atenas.
  2. Stuhlmueller, C. (1971). Malaquías. En: Comentario Bíblico San Jeronimo. Co Editores. Pp. 165-171. Ediciones cristiandad.
  3. Asurmendi, J. (2007) Malaquías. En: Comentario Bíblico Latinoamericano, Antiguo Testamento II. Co editores. P p 583-588. Madrid: Editorial Verbo Divino.
  4. Shokel, L & Sicre, J (1987) Profetas II. Pp. 1216-1217. Madrid: Ediciones cristiandad.
  5. Bright, J. (1970) La historia de Israel. 7ma edición. Bilbao: Desclee de Brouwer.

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