Del sadomasoquismo en el cristianismo – Parte 1: Mel Gibson y la salvación por la violencia

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En 2004, el investigador Miguel Hernández Madrid, realizó círculos de discusión para intercambiar opiniones respecto a la recién estrenada película “La Pasión” de Mel Gibson, entre personas católico-romanas de Zamora, Michoacán (Hernández, 2008: 101-123). El impacto mediático que este filme logró a nivel global, así como la seducción sádica de sus escenas y la sobredimensión barroca de la violencia en la muerte de Jesús proyectada en la opera prima de Gibson como director de cine, continúa una tradición cinematográfica que inicia en 1925 con la película de Eisenstein, “El acorazado Potemkin” (1925), donde se encuentra la primera escena de genocidio: “la escalinata de Odessa,”

Según el historiador y crítico de cine Donald J. Drew, pronto el género de violencia en el cine quedará cristalizado con “Bonnie and Clyde (1967) y Butch Cassidy and the Sundance Kid (Dos Hombres y un Destino, 1969) (quienes) fueron ciertamente las iniciadoras en esta loca carrera, siendo muy pronto imitadas […]” (Drew, 1977; 52).[1]

La Pasión, inserta dentro de esta línea de producción fílmica, utiliza un binomio temático atractivo: violencia-religión. Según Drew, hacia la década de los sesenta lo predominante en el cine era el binomio violencia-sexo. ¿El gusto y atracción generalizados que provocó está película se deberá a que inconscientemente provocaba una sustitución inconsciente de sexo por religión, despertando así un atractivo erótico? Las opiniones que Miguel Hernández encontró revelan efectivamente un gusto apasionado por el filme. Sin embargo, dicho gusto apasionado revela algo escalofriante, quizá más escalofriante que las cruentas escenas de esta película: En general, aunque con notables excepciones, la gente zamorana –como también de otros lugares, y aún población evangélica– consideraba muy buena esta película por el hecho de que demostraba “realmente “el sufrimiento de Cristo.

En el periódico Reforma se citó el 19 de marzo de 2004 la opinión del Cardenal Norberto Rivera:

Una auténtica experiencia espiritual. A mí como creyente y seguidor de Nuestro Señor Jesucristo, la película me ha ayudado a meditar y a apreciar de forma muy gráfica y visual el infinito amor de Dios y su único Hijo hecho hombre por el género humano (p. 107).[2]

En las escuelas católicas, como también en iglesias evangélicas, esta película también fue transmitida con la intención de edificar la fe. No sólo eso, sino que los mismos creyentes cristianos deseaban que se difundiera lo más posible, y que fuera vista aún por los niños, por eso muchos protestaron que recibiera clasificación “C”. En un foro de internet de esmás.com una persona escribía indignada:

Es una total vergüenza para mí como mexicano el que una película basada en el amor y el sacrificio del Hijo de Dios la clasifiquen como “C” por la RTC (p.108).

Es decir, la gente dio por hecho que la película mostraba cómo las cosas habían sido en realidad. En la ciudad de Zamora, nos dice Miguel Hernández:

A través de volantes, pequeños carteles e imágenes virtuales para internet que se podían visualizar en los comercios, los escritorios de las recepcionistas, en consultorios médicos, notarías, oficinas, en los fondos de escritorio de las computadoras y en los forros de plástico de las libretas de los estudiantes, se reproducía la carátula del cartel oficial de la película: la imagen de un Cristo de perfil, con corona de espinas y rostro sangrante, a la que se añadía la leyenda: “¿Sólo una película? NO. La pasión de Cristo fue una realidad, sucedió hace más de dos mil años y efectivamente Jesús fue crucificado de la forma más inhumana y salvaje” (p.109).

Así, de pronto, lo importante de la muerte de Jesús dejó de ser el cumplimiento profético, el amor, la comunión y el bienestar universal, para dar lugar a la violencia y al dolor extremo. Y fue esa violencia y dolor lo que parece que a los cristianos más les gustó de la película, y al mismo tiempo lo que más valoran de la muerte de Jesucristo.

Estudiante de 21 años:

Un hombre común no hubiera aguantado, se muere en los azotes. Jesucristo sí pudo porque era el hijo de Dios y tenía poderes de fortaleza para aguantar […] aguantó más para enseñar a la humanidad que tenía que morir para salvarla, entonces yo sí creo que la película dice la verdad (p. 115).

Para este joven Jesús no sólo tenía que morir en la cruz para demostrar su amor, sino, debía sufrir, “aguantar” más. Eso es lo que conmueve, y tal parece que eso fue lo que más conmovió y, ¡que terrible!, lo que más gustó de la película. Se le preguntó a algunos jóvenes qué sintieron después de ver la película, estas son algunas de sus reacciones:

Chica de 17 años:

¡Ay, no! ¡Está muy fuerte! Sí, eso dicen que le hicieron, sufrió mucho para salvarnos (p. 119).

Otro joven de 18 años comentaba:

“Mis compañeros van al cine, pero no saben de qué trata la película. Van nomás por ir. Fueron a ver La Pasión, porque todos hablaban de ella y querían ver las escenas de los azotes. Una amiga lloró mucho, otro que es bien hereje, que no va a misa ni nada de eso, dicen que se puso a rezar” (p. 119).

Pero el premio al gusto por el dolor morboso se lo lleva este varón de 18 años que exclamó:

¡Está chida!, sale bien como crucificaron a Jesús. La parte que más me gustó fue cuando le dan de latigazos. ¡Está bien gruesa! (p.120).






Bien, hasta aquí parece que lo más atractivo de la crucifixión de Jesús es el sufrimiento, en especial los latigazos que le dieron, y que sólo al ver tanta carnicería hasta uno “que es bien hereje” puede ponerse a rezar. ¿Por qué nos importa tanto el sufrimiento de Cristo en la cruz?, ¿será que como aquel joven dijo, sólo así podía mostrarnos su amor? Pero otra pregunta también interesante es la que plantea el investigador: “¿Por qué los zamoranos –y el resto de las personas– pensaron que la película de Mel Gibson era una realidad?” Quizá todas estas preguntas tengan una sola respuesta: el cristianismo se ha enseñado como una creencia de martirio, de sufrimiento y de muerte violenta.

Ahora, al reflexionar sobre las raíces de la violencia según la Biblia debemos recapacitar en este hecho: nosotros mismos ya hemos adoptado la violencia como algo sagrado cuando no divino, y a menos que reflexionemos sobre este hecho incuestionado, no podremos entender el descubrimiento y denuncia que la Palabra de Dios hace respecto a la gestación de la violencia. Este es nuestro problema: ¿Cómo buscar en el Nuevo Testamento una salida a la violencia contemporánea si nuestra lectura ya está prejuiciada por una ideología de salvación mediante la violencia?

En las siguientes entregas de esta exposición busco que juntos reflexionemos a la luz de las Sagradas Escrituras, especialmente en los pasajes de Génesis 6 y Santiago 4 sobre las condiciones humanas de la violencia. Para esto me valdré de los valiosos y bellos estudios del antropólogo francés René Girard (2005), quien ha sido uno de los pensadores contemporáneos, amante de la Biblia por demás, que más ha reflexionado sobre la relación entre la violencia y lo sagrado. Esto nos permitirá releer el mensaje de la muerte y resurrección de Jesús alejados de la ideología de salvación mediante la violencia.

[1] Agradezco a José de Segovia de Protestante Digital el amable envío trasatlántico del libro de Drew.

[2] Las citas del texto de Hernández Madrid se citarán sólo por el número de página.

raul-mendezPor: Raúl Méndez
Pastor, antropólogo, y teoficcionario
Blog / Mis Tiliches Teológicos

 

 

Bibliografía

  • DREW, Donald J., Imágenes del hombre en el cine moderno, Ediciones Evangélicas Europeas, Barcelona, 1977.
  • GIRARD, René, La violencia y lo sagrado, Anagrama, Barcelona, 2005.
  • HERNÁNDEZ, Miguel, “El cine de tema religioso y su apropiación ideológica en una sociedad católica”, en Versión. Revista de comunicación y política. La religión y los media, Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco, no. 21, diciembre, México, 2008.

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