¿Es José idiota por creer que a su mujer la embarazó un ‘pájaro’?

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Uno de los argumentos más usados por estos días en boca de algunos ateos fundamentalistas, es entre otras, esta frase. Una burla al dogma de la virginidad de María después de la concepción y nacimiento de Jesús.

La ridiculización del argumento contrario es una práctica divertida a la hora del debate, incluso, a la de adoptar ideas sobre temas controversiales o teológicos, aquellos que difícilmente pueden ser comprobados por la ciencia. 

Los textos bíblicos han sido y están continuamente siendo objeto de lecturas críticas, para pesar de muchos contradictores de la fe, no sólo por los ateos, sino que también por un grupo de creyentes. Lástima que muchos no se enteraron de ello.

Si quisiéramos entonces dar algo de valor a la afirmación que titula este ensayo con el propósito de elevarla como premisa de discusión, podríamos considerar que José no se convence de seguir adelante con María, sino hasta que el ángel se le aparece (teofanía, epifanía). Si se quisiera hacer una lectura crítica radical del texto, se podría alegar algún tipo de esquizofrenia; la cual le proporcionó al protagonista el valor de adoptar al infante como una obra de servicio a Dios.

La otra cara de la moneda ya la conocemos; José es convencido por el ángel, y con virtud y obediencia asume su paternidad putativa, pues no hay dudas sobre el plan de Dios para su vida y la del bebé que está esperando su prometida.






Por supuesto que tanto este, como todo el contenido bíblico está sujeto a duros cuestionamientos desde el punto de vista histórico de los textos. ¡Ah la riqueza del mito!. Más allá de la naturaleza del relato, el mensaje al margen puede llegar a ser encantador.

La presión sobre José era tal, que se debatía entre el amor por María y la posibilidad que esta fuera apedreada. Lo atractivo y revolucionario del Dios Salvador está en jugar con la paradoja en medio de una sociedad que consideraba a María cómo pecadora (porquería, zorra, ramera). El Cristo naciendo de una “mujerzuela”, a los ojos de quienes esperaban su salvación. No era para menos, los únicos que vieron al ángel fueron José, María, Zacarías y su esposa; por consiguiente, sólo ellos contaban con la explicación de la concepción virginal.

Pero este hecho no sólo reivindica a la mujer, sino que da una cachetada a la clase moralista en sus días. ¡Y los nuestros!

La virginidad se exalta entonces como una excusa. Ustedes ven una ramera, pero para el Señor es pura, sin mancha, limpia. Es como si el Dios judeocristiano se burlara de la misma ley que había establecido Moisés sobre apedrear a las mujeres ‘sin virtud’. Es él diciendo, ustedes la apedrean, yo levanto de ella a un Salvador.

David (2)Por David A. Gaitan
Periodista – Pastor
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