El Diezmo y la Ofrenda en Malaquías: Un plan de Ayuda a los Marginados para la Construcción de Justicia Social – Parte II

Anteriormente discutíamos sobre las intenciones del profeta o el Mensajero por la recolecta de los diezmos y las ofrendas, y comprendimos que su finalidad era hacer justicia con los socialmente desventajados. Ante eso, pues hemos hecho un pequeño análisis del sentido de algunos textos bíblicos donde se menciona la palabra Diezmo y cómo estos podrían ayudar a entender mejor el texto de Malaquías, así mismo las construcciones hermenéuticas de algunas comunidades que también ejercen la labor de recolecta.

La importancia de la práctica del diezmo

“Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. 11Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos. 12Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos”

Malaquías 3:10-12 / Reina Valera 1960

Con respecto al diezmo, proviene en Malaquías de una palabra hebrea que significa décima parte, a pesar de expresar siempre lo mismo, posee diferentes intencionalidades que dependen del contexto del texto que se lea. Mientras algunos en las iglesias siempre piensan que es una práctica exclusiva del judaísmo y que el cristianismo heredó, basta solo con leer un poco del mismo génesis (Génesis 28:22; 14:18-20) y darse cuenta que era una práctica cananea muy usual; esta décima parte de las ganancias de alguna guerra o por algún favor a los dioses y también podía ser como para apaciguar la furia de dicho dios, se daba respectivamente a cualquier sacerdote o guía espiritual. Entonces así en los textos anteriormente mencionado los autores de los relatos del Génesis hacen un repaso a historias cananeas para recordar al pueblo el por qué estas prácticas fueron instituidas en la religión oficial; de hecho, el diezmo es una práctica pre-mosaica estipulada entre los pueblos de forma voluntaria, y más tarde parte de la ley mosaica y requerido de forma obligatoria, como aparece en Levíticos 27:30-32.

Veamos por ejemplo en Génesis 14:20, este se refiere a la lucha que Abraham tiene con los poderes imperiales cananeos en el rescate de Lot, al ganar él decide devolver de lo obtenido del botín la décima parte al rey de Salem llamado Melquisedec, que aparte de rey era sacerdote, lo da como pago por el préstamo de armas para la lucha. En connotaciones primitivas aquí el diezmo era un acuerdo militar entre una ciudad-estado y un rebelde en posición de marginación, una forma de alianza entre los hombres del próximo oriente. Luego volvemos a ver la expresión en el ofrecimiento de esa décima parte en Betel por Jacob, el cual ya analizamos anteriormente en la primera parte de este tema.

Más tarde tendremos la palabra Diezmo en levíticos 27:30-32 y también en Números 18:21-28 donde se le consagra como una orden de Dios para las necesidades de quienes trabajaban y comían del hasta entonces lugar de reunión que era el tabernáculo, pues los obreros de la casa de Dios y la tribu de Leví, no tenían bienes materiales ni medios de producción, muchos menos la viuda, el huérfano y el extranjero; tampoco se le pedía diezmos a sirvientes por su pobreza, o sea que solo los ricos o que tenían medios de producción podían diezmar, es más, entre más rico eras, ya tu ofrenda no equivalía a una décima parte, sino podría ser hasta más.






Aunque en Deuteronomio 12:6-17; 14:28-29; 26:12-15 va a aparecer la expresión de décima parte, esta vez tendrá algunos cambios que hace notar la temporalidad en el que se escribe, pues el diezmo tendrá un lugar específico en donde estará depositado para más tarde ser consumido no solo con los desposeídos del aquel entonces, sino que se podía sentar el oferente, es decir, quien venía a ofrecer su diezmo. También se le añade que este diezmo tendría que ser guardado por un lapso de cada tres años por el oferente para luego darlo, y ya no necesariamente podía ser en especie, sino que podías cambiarlo en moneda, asunto nunca imaginado en levíticos.

Estamos frente a un progreso de la práctica del diezmo y avanzamos casi a su obligatoriedad, como por ejemplo cuando volvemos a verlo en 2 Crónicas 24:4-16; 31:5-12 donde al parecer los reyes de Israel en su forma de gobierno impusieron este y otros como impuestos para el templo, el rey y su casa, de forma que el eje central hacia quien sería la cuota era unos nuevos sacerdotes, que no venían de la casa de Leví, sino que el rey Ezequías los hizo sacerdotes, provenientes de la casa de Sadoc y serian una nueva familia sacerdotal, que más tarde conformaría el fundamento de lo que llamaríamos saduceos. Estos, ya parte integrante de los servicios del templo guardarían los diezmos en un lugar llamado Alfolí, que era como una caja o bodega al interior del templo donde se traía todo con el fin de ellos saciarse.

Ahora, no solo se recogía el diezmo sino unos que otros tributos al imperio, pues las reformas de la ley en cuanto a este eran cada vez en beneficio de los poderes políticos religiosos de turno, estos hundían a los pobres poco a poco en la misma miseria. Hubo tantas ofrendas o tributos que los reyes imponían, que entre esas un pequeño tributo u ofrenda que representaría la décima parte o porcentaje por alimentos de lo recogido o ganando, y se recolectaba exclusivamente para el príncipe de Israel, o sea el sumo sacerdote (Ezequiel 45:11-17); eran excentricidades que se daba el poder político-religioso. O como cuando en la Israel del norte de la cual predicó Amós (4:4) se vería que, aunque diezmaban había hambre, pues resulta que cuando se diezmaba se pensaba comprar a Dios para el beneficio económico, pero los pobres morían de hambre, por eso el profeta reclamaba que la práctica del diezmo tenía que ser correlacionada con el tema de justicia social, pero todo lo contrario, aunque eran pobres, en el santuario de betel al norte de Israel se les exigía más el pago de los diezmos que cualquier otro lugar y, esta vez no cada tres años, sino cada tres días. Sin embargo, Amós nos deja claro que el pago de los diezmos no garantizaba la prosperidad económica, sino las actitudes de justicia y bien para con los otros más necesitados, pues no se podía ser obediente al diezmo, mientras en otras acciones se era desobediente e injusto.

Durante todo este tiempo en que los reyes se vieron envueltos en problemas de vasallaje y rebeldía, además de explotación a los pobres (Isaías 5:8-10), el pueblo recibe golpes de destrucción y dispersión en donde la fe del pueblo era cada vez más sacudida.

Como cuando en el sur fueron tomados en secuestro hacia Babilonia sintiendo que habían sido abandonados por Dios, pero según, ese Dios más tarde interviene, ve su aflicción y los devuelve en tres pequeños éxodos hacia su tierra. Lo interesante es que, en tiempos de Nehemías y Esdras, en medio de tanta pobreza con la que vuelven, estos deciden retornar a la práctica del diezmo, pero debido a todo lo acontecido, el pueblo ya no cree como antes y ya no siente la necesidad de dar el diezmo (Nehemías 10:37-38), aunque esa sea para terminar la reconstrucción del resto del templo y de la nueva ciudad, como también quizás acabar con la pobreza; esta ofrenda pasa de ser algo voluntario, de corazón y para los más débiles, como algo obligatorio y hasta recogido de casa en casa. Así entonces, el pueblo entra en rebeldía, pues aparte de la ofrenda del templo, también el imperio que los trajo de vuelta exigía impuestos; los sacerdotes motivados por los líderes políticos se organizaban exigiéndole el diezmo a todos, mientras las tierras no daban su debido fruto.

La consecuencia de la apatía del pueblo en dar sus diezmos, podríamos decir que era bien justificada, pero mientras, se veían a las minorías sociales muriéndose de hambre, marginados y aún más pobres, a los sacerdotes y levitas haciendo labores de agricultura (Nehemías 12:44; 13:5-12), cosa que enojaba demasiado a Nehemías, por eso no descanso hasta que Judá cediera positivamente y trabajó con rigor lo impuesto por la ley. Supuestamente, esto debió ocurrir en tiempos en que aparece el profeta Malaquías, que ahora después de esta explicación nos hace entender al pueblo, pero también lo que el mensajero quería recuperar, pues no solo se trataba de dar la ofrenda y el diezmo, sino recuperar el sentido altruista del pueblo con el que generosamente ofrecían sus ofrendas y diezmos, y que la codicia al poder económico y político habían embargado, este profeta intentaba protestar los malos actos de todos los sectores socio-políticos y recobrar la verdadera practica de misericordia, esa que en su falta les había resultado en injusticias sociales.

Desde la óptica de Malaquías

Después de darnos cuenta de cómo han transcurrido las cosas, el pueblo prefiere confiar más en Persia que en Dios, dar más tributos al príncipe de Persia que a Dios, quizás para no volver al cautiverio, denotando la falta de confianza en Dios y en los líderes del pueblo. La falta de justicia para con los marginados eran sumamente grave, ya que los

sacerdotes no les enseñaban que las ofrendas eran para los necesitados y estos eran olvidados (Malaquías 3:5). Para Malaquías todos eran culpables, tanto sacerdotes como el pueblo, los sacerdotes por no tratar el tema de la generosidad con rigor y el pueblo por negarse a colaborar, por eso todos lo han engañado.

Entonces, en boca del profeta Dios está dispuesto a ser justo con el pueblo, si ellos actúan con justicia, pues la práctica del diezmo correlacionada con acciones de bien lleva a acabar con las maldiciones y traer bendiciones a todos. Shokel (1987) dice de este escritor bíblico y de sus promesas en este texto “[el profeta] habla en términos deuteronómicos de retribución, refiriéndose a que si pagan el diezmo asegura una buena cosecha y que ese Diezmo seria prueba de conversión a Dios.” (2); Nos quiere decir este biblista, que este autor está intentando convencer a los del pueblo de la necesidad de ayudar a otros, y que así se sería justo con los que no tienen, aunque eso signifique retribución. No podemos negar su lenguaje, como tampoco podemos negar que Dios está negociando con el pueblo debido a que conoce su pobreza y problemática: escases en los medios de producción y cuando se produce algo, pudrición y destrucción de aquellos alimentos; se trabaja en medio de situaciones muy duras y las plagas inundaban casi todo el cultivo, imagen que llevaba a que algunos excusaran su falta de diezmo u ofrendas rotas, sacrificios incompletos o imperfectos, mientras que otros ofrecían lo que les sobraba o desperdiciaban (Malaquías 3:13-14) Shokel (1987).

En aquel momento el profeta estaba en un juego con la crisis de fe del pueblo, hablándoles de sus necesidades y especificando que cuando las necesidades de otros son tenidas en prioridad podrían causar un efecto boomerang, a tal punto que tendrían mejores condiciones de vida para seguir ayudando a otros, como si fuera un estilo de circulo en el que con mis acciones digo: no doy mi diezmo con el propósito de recibir más, pero entiendo que cuando doy a quien necesita, Dios mismo se encargara que me vaya bien para seguir ayudando a más personas que me necesitan, es decir, la motivación no es las condiciones de vida, sino la justicia para con los menos aventajados.

Así que, el pueblo no puede preferir estar del lado de los opresores que, de los oprimidos, por eso se busca hacer conciencia con los actos de justicia, pues no es el príncipe de Persia quien en verdad va a garantizar seguridad, sino que Dios es capaz de liberarlos aún de esa misma condición opresora. No es la relación con el PEHA, que era el título oficial y usual para el gobernador persa (Asurmendi, 2007), quien va a avivar el sueño de acabar con el inter-dependismo político que tenían con los imperios, sino Dios mismo a través de las acciones de justicia. El profeta muestra el deseo de Dios, interviene para que no olviden los beneficiarios del diezmo: sacerdotes, levitas y pobres, y no se viera este desde la evocación del poder, es decir una muestra para llenar el armario de los sacerdotes, aunque haya pobres muriéndose de hambre, campos hipotecados, tiempos de escases o demás. El pueblo estaba cansado de pagar tantos tributos al imperio y de vivir tantas necesidades a tal punto que había que vender las propiedades para que los persas tuvieran su tributo y algunos caían en esclavitud o venta de sus hijos (Bright, 1970). El diezmo garantizaría mejores condiciones de vida para todos y no solo para los sacerdotes, entonces todos tendrían que comer y se celebraría la vida de los necesitados, incluyendo quienes presidian el templo.

Todos deben tener el carácter para ayudar a quienes no tienen y con esto acabar con los desajustes sociales que tanto atormentan, como urgía en la comisión del mensajero. Los sacerdotes deben hacer conciencia y ser conscientes que es trascendental dar ofrendas acordes para quienes necesitan y correlacionadas con buenos comportamientos, así Dios asumiría la actitud de retribución que tanto denota sus palabras. Pero atención, aquí lo retributivo no era ni la cantidad de ofrendas, como tampoco sería por ellas, sino el acto de justicia para con los necesitados: los oficialistas del templo y los marginados que venían a comer, pues estos no comerían de algo que cayera del cielo, sino de la solidaridad materializada en la mano extendida del pueblo. Malaquías concibió a Dios como un Dios justo que hace justicia al que estaba viviendo actos de injusticia. Dios aun así colocaba por encima de su justicia, su misericordia, pues no había dado al resto del pueblo lo que realmente merecían, sino que en su amor comunitario estaba dispuesto a cambiar el panorama de todos por las acciones puntuales de justicia de cada persona (Malaquías 3:6, 8,12).

Finalmente, el diezmo es un acto de justicia, un plan de ayuda a los que han ofrecido sus servicios al templo y a los que vienen para comer o ser ayudados, pues la sociedad los ha expuesto a situaciones de marginación debido a sus condiciones de vida. Si el templo no vela por ellos y no utiliza los recursos para todos estos, no garantizan que lo que se haga después de recolectado el diezmo sea de bien, y el profeta nos demuestra que todos como comunidad reciben las consecuencias del mal uso de los recursos. El diezmo no es para enriquecer a los sacerdotes, ni solo para tener un templo adecuado para su visitante, sino para hacer justicia y eso depende que el pueblo traiga generosamente su aporte y que los sacerdotes sean ejemplo de justicia al darle un medio a estos aportes como es el de la solidaridad, y mucho más interesante seria que el oferente también intervenga en el proceso del diezmo y este sea más una práctica de compartir, que de entrega unilateral con desconocimiento total a lo que se destinó el recurso.

Una re-lectura desde Malaquías

En fin, vemos a cientos de ciudadanos hoy viviendo las desgracias de la tributación, servicios públicos con altos montos, además del resto de impuestos que son parte de los gastos cotidianos de quienes sobreviven en las metrópolis, y mientras eso consume a los pobres, sumémosle a reuniones religiosas, mayormente pentecostales o evangélicas, haciendo recolectas de lo que llamamos diezmo. Algunos, simplemente se niegan a participar, otros deciden hacerlo, pero no de forma efectiva, mientras tenemos a líderes religiosos con un grave desconocimiento de la práctica y con actitudes poco solidarias.

Todo esto ha traído contiendas y habladurías entre quienes conocen de cerca a las comunidades que realizan la práctica. En realidad, no pretendemos desvirtuar la práctica, ni tampoco ordenarla para las diversas comunidades religiosas, pues a la verdad cada quien debe ser consciente de que se requiere implementos económicos para sobrellevar diferentes comunidades, unas en mayor cantidad que otras. Aunque eso con mayor razón nos debe hacer denunciar a las comunidades que no invierten debidamente los ingresos, como a las que a pesar de que se recoge no hay diferentes canales en los sé que debe depositar a parte del pago a pastores, servicios públicos o demás gastos, pues entre esos canales debe estar la ayuda a los necesitados.

Esta es una invitación para mirar con recelo a las comunidades donde no da ninguna explicación a los oferentes a cerca del destino que tienen sus ingresos (por lo menos a sus líderes), pues, aunque no se quiera, ellos tienen la debida obligación, pues son los mayores accionistas a la apuesta política de la comunidad. En palabras del mensajero post exílico: si su comunidad cristiana tiene medios de recolección comunitaria, entre esos el diezmo, y no da razón de que parte de ellos son para ayudar algunas de las necesidades del barrio o a algún necesitado de la comunidad, debe revisarse las motivaciones, o sea, si parte del diezmo no está destinado también para los necesitados, su comunidad le está robando a Dios y quizás usted también.






Por eso, cuando no se correlaciona la práctica de la generosidad con el de la solidaridad, se termina pensando que la comunidad o sus líderes están al lado de los poderosos y no del mismo pueblo que llega a la comunidad como débiles o como quienes sufren; como pasaba en Malaquías (2:17), que frente a la dura realidad no veían la mano extendida de quienes exigían el pago de diezmos y eso era frustrante. Pero ante eso, Malaquías desafía al pueblo, debido a la purificación y al regaño a los sacerdotes, a confiar en Dios y dar generosamente, para que generosamente los del templo y los mismos necesitados tengan lo debido. Dios es ayuda en los medios de producción y distribución, ser diligentes al pago representará un cambio de actitudes y traerá un Dios justo en los medios económicos, pero cuidado con tratar de sobornar o comprar a Dios, pues el diezmo no es permiso para eso, sino para incondicionalmente dar bienes a quienes lo necesitan.

Este artículo pretende ser mensaje para la conciencia de las comunidades cristianas, para que no se gaste la práctica de justicias social en nuestras comunidades. En esta perspectiva el cuento nunca será si se recoge o no los diezmos, sino que parte de la recolección sea para cubrir los gastos de la administración (pastores) y manutención del templo, y cual parte como para cubrir razones sociales que ejerzan la igualdad con los necesitados, eso es justicia con las minorías sociales que no tienen medios de producción y que nos rodean en nuestras comunidades actuales. Si le robas a Dios, le robas al pobre y si le robas al pobre, es un claro acto de injusticia social.

Lea aquí la primera parte

Adolfo Cespedes

Adolfo Céspedes Maestre
Universidad Reformada
Barranquilla, Colombia

 

 

 

Bibliografía

1. Rivas, P (1997) Malaquías. En: Comentario al Antiguo Testamento II. Gonzalez, A. Pp 387-391. Madrid: Ediciones Atenas.

2. Asurmendi, J. (2007) Malaquías. En: Comentario Bíblico Latinoamericano, Antiguo Testamento II. Co editores. P p 583-588. Madrid: Editorial Verbo Divino

3. Shokel, L & Sicre, J (1987) Profetas II. Pp. 1216-1217. Madrid: Ediciones cristiandad.

4. Bright, J. (1970) La historia de Israel. 7ma edición. Bilbao: Desclee de Brouwer.

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