¿Somos solamente el cuerpo?

“Los debates sobre una Trinidad divina, sólo son posibles porque existe una trinidad humana. Nada se deja ver más claro en las acciones del hombre que el hecho de que tiene una parte emocional, una parte espiritual y una parte física” (Julio Álvarez, Liberalismo Bíblico: una Teología Racional, pagina 37, tercera edición).

Existe la opinión planteada por teólogos como Oscar Cullman, de que la mínima idea de un dualismo psicofísico en el ser humano, es ajena a las creencias de los autores bíblicos y propia de un sincretismo con la filosofía griega que advino en desarrollos posteriores de la Teología cristiana. En la pagina 35 de su libro: La inmortalidad del alma o la resurrección de los cuerpos, Cullmann afirma: “La concepción judía y cristiana de la Creación, excluye todo dualismo griego entre cuerpo y alma.” (Traducción del francés por Eloy Requena, STVDIVM Editores, 1970)

Hans Küng en su libro: ¿Vida eterna? Respuesta al gran interrogante de la vida humana (buen libro, por demás), también ha expuesto lo mismo: los judíos concebían al hombre como una unidad, que moría del todo cuando el cuerpo lo hacía.

Afirmaciones como estas no suelen ser cuestionadas en la Academia. Pero, ¿Podemos cuestionarlas? Por ejemplo, los que no reconocen distinción entre el alma y el cuerpo en el lenguaje de los autores bíblicos, apelan a textos como Lucas 12:19 de la Parábola del Rico Insensato, donde este exclama: “Alma mía, muchos bienes tienes acumulados para muchos días. Come, bebe, regocíjate…” Dado que lo que come y bebe es el cuerpo, ¿Quiso decir el escritor bíblico que no hay diferencia entre el cuerpo y el alma?

No necesariamente. Los teólogos que lo han interpretado así, no han tomado en cuenta la figura retorica que llamamos “sinécdoque” (mencionar una parte para referirse a todo). Ejemplo: El novio fue donde su futuro suegro a pedir la mano de su novia, pero dudamos de que a la larga se conformara con la mano solamente. Él ha mencionado una parte de ella, para referirse a la persona completa. El hacendado tenia 100 cabezas de ganado, pero las reses estaban completas y vivas además. La Biblia hace lo mismo; en ocasiones menciona una parte del ser humano: el alma, refiriéndose a la persona entera que come, bebe pero también se regocija. La distinción entre el cuerpo y el alma se ve claramente en pasajes como Mateo 10:28 que dice: “No temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar”. Expresamente se dice que el alma sobrevive a la muerte del cuerpo.

Freud a pesar de su ateísmo, y Carl Jung, al igual que muchos psicólogos gestaltistas también consideraron que hay algo más en el hombre que carne, sangre y huesos. Por cierto, si la mente fuera solo un conjunto de funciones del cerebro y del Sistema Nervioso Central, cualquier problema psicológico debería poder resolverse con píldoras, porque se trata de órganos físicos tanto como el páncreas, el hígado o la vesícula. Pero las píldoras lo único que pueden hacer es alterar temporalmente el estado de animo de alguien, nunca le ayudarán a perdonar a nadie, ni le borrarán un recuerdo traumático del pasado. Tampoco podrá lograrse que alguien se enamore de otro meramente inyectándole dopamina. Quien así razone, confunde la causa con el efecto.






Para Pablo es evidente que: “antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.” (2 Corintios 4:16) ¿Cómo es esto posible, si no existe un “hombre interior”? Pablo incluso dice: “Estas 2 cosas me tienen en estrecho, teniendo deseo de partir (exodon=salir de un sitio a otro) y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne me es necesario por amor a vosotros.” (Filipenses 1:23-24). La idea de una parte espiritual intangible dentro del ser humano y distinguida del cuerpo físico, es una enseñanza característica del Nuevo Testamento.

Pero la negación de dicha posibilidad suele basarse en atribuir un solo significado a palabras bíblicas que admiten varios dependiendo el contexto. “Espíritu”, por ejemplo, que es “ruaj” en hebreo y “pneumatos” en griego, de donde viene “pneumatico” (goma de auto llena de aire) y “pneumologo” (médico especialista en enfermedades respiratorias), definitivamente significa: “halito de vida”, “respiracion.”

Pero ese NO es su unico uso a traves de la Biblia, sino uno de ellos. 1 Corintios 2:11 dice: “¿Quién sabe las cosas del hombre sino el espíritu del hombre que está en él?” El aliento que exhalo al morir, no sabe nada. Mi respiración no sabe nada. El espíritu a veces designa al “yo”.

Del hombre se dice que fue formado del polvo y Dios insufló en él aliento de vida, y fue el hombre un “nefesh chai” (Genesis 2:7) (alma viviente, en la acepción sinecdótica que explicamos al principio). Pero también se dice que fuimos creados a imagen de Dios. Dios es un Espíritu, nosotros también lo somos, somos mentes conscientes de nuestra propia existencia como decía Descartes, también tenemos un alma provista de emociones y sentimientos; vivimos en un cuerpo.

En realidad, no hay texto bíblico que declare que al morir termina todo. Eclesiastés 9:5 sostiene que al morir no sabemos nada, no que hemos dejado de existir. El Salmo 115:17 dice que los muertos no alabaran a Dios, no que se han extinguido. Son cosas muy diferentes. Pablo dice en 1 Tesalonicenses 4:13 que los muertos duermen. Están sumidos en un estado de inconsciencia, no de inexistencia. Pero esto es desde nuestra dimensión del tiempo. Para quien no ha estado consciente del tiempo transcurrido, no hay interrupción entre su muerte y la Venida de Cristo o la resurrección de los muertos. Allá donde el tiempo se percibe de forma distinta, tal vez ya pasaron todo eso. Tal vez los que murieron viven en el futuro, y nosotros nos hemos quedado en el presente.

julio

Por Julio Álvarez Rivera
Teólogo – Profesor
Facebook / Ministerio Juan 17:17

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