El beso de la serpiente – Teoficción

La serpiente besó los labios de Eva y no fue necesario mencionar palabra alguna:






“Confinada a la vida y a la muerte. Esclava del recuerdo y la expectativa. Obligada a confiar en todo y en nada. El miserable que nos ha creado, hoy no es más que un mal sueño al que no queremos otorgar tanto poder para nombrar pesadilla. La sombra de su maldad y crueldad ha creado seres vivos en su enfermizo juego de poder. Que torture su alma, si es que el eterno la posee. Que lo atormente la culpa eterna y maldiga su miserable eternidad. Que pueda ver lo frágil que es su omnipotencia. Pero, por sobre todo. Que muera de envidia. Sí, que muera de envidia. De entre las criaturas vivientes, de entre las eternidades de los Dioses (y las omnipotencias, y las benevolencias, y las omnisciencias, y las omnipresencias), no hay Dios mas humano que tú, humana. No lo hay”.

Y sintió el argumento en su boca, y lo masticó, y estando aun en su boca, besó a Adán. Y la envidia y su Dios quedaron confinados a un mal sueño de la humanidad.

Por: Dayan Castillo Silva
Escritor
E-mail: infacundo-d_ul@gmail.com

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