Del sadomasoquismo en el cristianismo – Parte 3: Desactivar la violencia sagrada

Para comenzar a desactivar la violencia instrumentalizando a nuestro favor la Sagrada Escritura y el pensamiento teológico, señalemos el “principio protestante” que nos recuerda Paul Tillich: solo Dios es absoluto, nada en este mundo es sagrado (Tillich: 1974; cf Barth, [1921] 2002: 126).  Sólo la enorme trascendencia de Dios es sagrada, todo el resto del mundo, es eso, mundo (Bultmann, 1970: 215-234): no hay sistema político o económico, dogma, persona o espacio que sea en sí mismo sagrado pues no existe más que un solo Dios. Por tanto, agarrándonos de este recurso monoteísta cual clavo ardiente, la violencia nunca es sagrada. Sigue leyendo