La Condenación – Teoficción

Apareció un día, como si los rayos de luz de aquel río le dieran forma. No tuvo nombre hasta que el llanto de un pueblo subyugado le dio forma mientras el brillo recorría desde su frente, todo su cuerpo al salir del agua. Lo que comenzó como un chapoteo de palabras de Juan Bautista, formó en nosotros una imagen de libertad. Nuestra libertad.

Pero aquello que emergió de nosotros, excedió nuestros propios intereses, como una corporalización de nuestra voluntad, aquel holograma se hizo real. Del mismo modo en el que reinterpretamos la luz en colores a través de nuestro cerebro, nuestros sentidos pudieron decodificar el mensaje de la luz, y logramos reproducir un nuevo mensaje evocado desde nuestra desesperación. Fue la luz en el reflejo de nuestros ojos que creó un solo ser. El salvador del mundo.

Y nuestra esperanza caminó con nosotros y abrió las fronteras de nuestras propias dudas. La fortaleza de aquella ilusión asumida, pero fraterna, nos hizo ser creadores virtuosos a partir de la luz, con la historia tradicional de haber sido creados desde el barro. Nuestra divinidad se hizo patente en nuestra creación. Fueron días preciosos.






La luz se quedó con nosotros, y cuando hubo de ser muerta, su brillo se quedó en la mirada de los olvidados. Iluminó a aquellos que nuestra sociedad había oscurecido. Los callejones de huérfanos y prostitutas fueron iluminados por ellos mismos y nuestra devoción estaba con su cuidado. Los que robaban al pueblo, transparentaron sus cuentas a la luz de la justicia para el pueblo. Los que almacenaban la comida, la repartían en los hambrientos y las viudas fueron llamadas madres a la luz del amor de un pueblo sin lazos sanguíneos, sino, lazos de luz.

Pero aquel holograma, Jesús, fue oscurecido, por quienes No la comprendieron. Quisieron el poder de crear hologramas y lograron crear otro Jesús arrebatando la luz que iluminaba a los olvidados y la obscurecieron elevándola a los planos de la ignorancia, dejando apagada la libertad en los planos de la imaginación y la abstracción. La oscuridad les dio poder y crearon un Dios bueno y omnipotente, pero fuera de este universo, que no servía ni de comida, ni de refugio, ni de amor. Y los creadores oscuros subyugaron a todos los pueblos de la tierra, amparados por un Dios encerrado tras los barrotes de la ignorancia humana.

Cuentan, algunos, que aún existe. Pero dicen que ahora habita en el discurso de los poderosos y los protege. Es el Dios que brilla en el cielo, a precio de oscurecer la tierra.

Por: Dayan Castillo Silva
Escritor
E-mail: infacundo-d_ul@gmail.com

4 comentarios en “La Condenación – Teoficción

  1. “El llanto del pueblo subyugado” en uno de estos dias, le dara la forma definitiva a la Luz que ama! Hermosa ficcion,felicito al autor y espero mas publicaciones!

  2. Una vision de una triste realidad del discurso encerrado y aprisionado por unos cuantos para legitimar su poder,
    El evidente discurso de gnosticismo cristiano muestra de manera sutil y metafórica la lucha maniquea entre fuerzas oscuras que aprisionan la luz a su conveniencia y la misma luz.
    Que la fuerza te acompañe Obi Wan Dayan. Excelente

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