El Apóstol – Teoficción

Toda Samaria está exaltada, miraban a Simón al que llamaban el mago; este levitaba en medio de la multitud y todos los samaritanos gritaban: -“¡Este hombre es el gran poder de Dios!”.  Felipe desde lejos observaba el espectáculo y le pareció recordar cuando era más joven y otro hombre igual a Simón le acompañaba en su primer viaje.

(Unos años atrás…)

Fue  en una aldea de Galilea.  Judas Iscariote  empezaba a hacer su proclamación mientras se producían curaciones y se expulsaban demonios en nombre de Jesús: –¡Escúchenme hagan una fila en este lado,  Dios va a colocarlos como columnas financieras, si no tienen dinero pueden traer pergaminos de contratos, diamantes, lotes, pero sean honrados, coloquen su nombre y pacten!

-¡Iscariote! ¡Qué haces?

Sorprendido, Judas vio a Felipe, a quien por sorteo le había tocado hacer el viaje misionero

-¡Felipe! Hermano mío, estoy predicando el reino del Padre. Y por supuesto recibiendo algo del tesoro del reino.

 –¿Qué? ¡Por Favor! Recuerda lo que dijo el Maestro, ¡ni bolsa, ni alforja, ni espadas! Predicamos El reino de los cielos que se ha acercado.  Sanar enfermos, limpiar leprosos, resucitar muertos, echar  fuera demonios;  “De gracia recibisteis, de gracia daréis”, Somos sus apóstoles, sus enviados para preparar el camino.

– Sí, Felipe, lo sé “Yeshua es el camino y bla, bla, bla,” ¿Qué tiene que cobremos el peaje? – y luego dirigiéndose a la gente empezó a animarlos: –Ustedes en Judea están bajo una maldición generacional, Eso es la pobreza, y hoy expulsaremos al demonio que tiene atadas sus finanzas, Soy Apóstol de Cristo y él me ha dado poder para echar fuera toda pobreza, así que pacten en este momento, hagan una fila las columnas financieras… ¿Qué, cómo? ¿Solo tienes un denario?…sal de la fila, luego te llamo…todavía no estoy llamando a los arrastrados sino a los de 50 denarios 

Felipe enojado agarró por la solapa al Iscariote

–¡Deja de hacer esto Iscariote o te juro que te parto la cara. Dudo mucho que predicar la prosperidad sea lo que el Rabí se propuso al enviarnos.  Judas Sonrió y replicó: –Amigo mío, ¿no somos sus apóstoles?; ¿No me escogió Él mismo?, Pues en su nombre echo  fuera demonios y en su nombre hago estos milagros- la sonrisa del iscariote se amplió.

 …






Al volver frente al Rabí que les preguntaba por su misión, no se animó a decirle lo que Judas había hecho, pero se sorprendió cuando les dijo:

– “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que  hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu  nombre echamos fuera demonios y en tu nombre hicimos muchos milagros?  Y entonces les declarare: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de  maldad.”

(…De vuelta al presente)

Esos recuerdos de las palabras de Jesús le inundaron, saliendo de la oscuridad. Felipe se acercó a la multitud que vociferaba y que sin embargo callaba ante la fuerza desconocida del hombrecillo desgarbado que se acercaba. Él mismo sintió que una fuerza desconocida lo impulsaba a enfrentar a la multitud y estos  callaron su gritería; aún el mismo Simón el Mago volando entre los presentes sintió la impresión que una fuerza superior acompañaba al apóstol. Dejó lo que hacía para escucharle, el apóstol  empezó a predicar

–“El reino de Dios está aquí…” 

Por: Josue A. Vargas
Teólogo y Catedrático en Humanidades
E mail: josuevarjordan@gmail.com

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