Teología Pentecostal 1

Estoy consciente de que mi artículo “Pentecostfobia”, despertó diversas reacciones y entre ellas, preguntas acerca de lo que significa ser pentecostal y por qué me sigo identificando con esa corriente dentro del Cristianismo Protestante.

Nunca he creído ni predicado que para ser salvo o para ser un cristiano verdadero, haya que pertenecer a ninguna denominación específica. Dicha exclusión me parece aberrante. Pero estimo pertinente aclarar por qué soy pentecostal, a pesar de mis posturas liberales, ya conocidas por todos. Hay unas ideas que quiero destacar.

Nosotros creemos que Jesucristo sana, salva, bautiza y viene pronto. Estas consignas son parte no exclusiva, pero muy importante de nuestra predicación. Nosotros creemos también en la libertad para alabar a Dios en alta voz. Nunca he menospreciado la adoración silenciosa que se hace con el alma y no se expresa con los labios, que yo mismo practico muchas veces y que Dios prefiere sobre las exclamaciones hipócritas. Pero creo que las alabanzas sinceras y gozosas en alta voz son expresiones igualmente legítimas de adoración, como se ve en el Salmo 47:1: “Pueblos todos, batid las manos; aclamad a Dios con voz de júbilo”.

Quien hubiera pasado frente a lo que sucedía en Esdras 3:12-13, hubiera dicho que allí había un culto pentecostal:

“Y muchos de los sacerdotes, de los levitas, y de los jefes de las casas paternas, ancianos que habían visto echar los cimientos de esta casa, lloraban en alta voz, mientras muchos otros daban grandes gritos de alegría, y no podía distinguir el pueblo el clamor de los gritos de alegría de la voz del lloro, porque clamaba el pueblo con gran júbilo y se oía el ruido desde lejos”.

¿Qué harán con versículos como estos los que se oponen a que se alabe a Dios en alta voz? Nosotros creemos en la vigencia de todos los dones mencionados en la Biblia. En su libro: “Doctrinas Polémicas de la Fe Cristiana”, (1993 por Editorial CLIE) el teólogo bautista Eugenio Danyans, autor de otro excelente libro donde analiza la Traducción del Nuevo Mundo de los Testigos de Jehová, niega sin embargo, la vigencia de los dones de lenguas, profecía y sanidad después de la muerte de los apóstoles.






Y un argumento comúnmente usado para sustentar esto tanto por él como por otros, se basa en el pasaje de 1 Corintios 13:8-13 que dice: “El amor nunca deja de ser, pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas y la Ciencia acabará. Porque en parte conocemos y en parte profetizamos, más cuando venga lo perfecto; lo que es en parte se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; más cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. Ahora vemos por espejo, oscuramente, más entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte, más entonces conoceré como fui conocido. Y ahora permanecen: la fe, la esperanza y el amor, estos 3, pero el mayor de ellos es el amor”.

Los pentecostales siempre hemos entendido que lo perfecto a lo que Pablo se refiere en este capítulo es a la Segunda Venida de Cristo. Los que no creen en estos dones para hoy, suelen alegar que lo perfecto a lo que Pablo se refería era a cuando se terminara de escribir la Biblia. El Dr. Martin Lloyd Jones, teólogo reformado y calvinista, quien fue pastor de la Catedral de Westminter, escribió sobre esto, y quiero colocar la cita directa en inglés de lo que dijo, y luego la traduciré para quien no entienda:

“It means that you and I, who have the Scriptures open before us, know much more than the apostle Paul of God’s truth .…It means that we are altogether superior . . . even to the apostles themselves, including the apostle Paul! It means that we are now in a position which . . . ‘we know, even as also we are known’ by God . . . indeed, there is only one word to describe such a view, it is nonsense. “

[Esta es la interpretación] “implica que usted y yo, que tenemos ante nosotros las Escrituras abiertas, sabemos mucho más de la Verdad de Dios que el apóstol Pablo. Significa que somos completamente superiores… aún a los apóstoles mismos, incluyendo al apóstol Pablo. Quiere decir que ahora estamos en una posición en la cual ‘conocemos como fuimos conocidos’ por Dios. Francamente; hay una sola palabra que describe esta interpretación: sinsentido.” (Martyn Lloyd Jones, Prove All Things, ed. Christopher Catherwood (Eastbourne, England: Kingsway, 1985), 32–33)

La historia respalda al pastor reformado Lloyd Jones en su apreciación. Ireneo, obispo de Lyon, discípulo de Policarpo, quien a su vez fue discípulo del apóstol Juan, escribió hacia el año 185 d. C.:

“Así, también, aquellos que son verdaderamente sus discípulos, recibiendo gracia por Él, hacen en su Nombre [milagros], a fin de promover el bienestar de los demás hombres, según el don que cada uno ha recibido por Él. Porque algunos cazan ciertamente y verdaderamente demonios, así que con frecuencia los que han sido purificados de esta manera de los malos espíritus creen [en Cristo] y se unen a la Iglesia. Otros tienen conocimiento previo de lo que vendrá: ellos ven visiones, y emiten declaraciones proféticas. Otros todavía sanan a los enfermos por la imposición de las manos, y ellos son sanados. Además, sí, como he dicho, hasta los muertos han sido resucitados y han permanecido entre nosotros durante muchos años. ¿Y qué más digo? No se puede nombrar el número de los dones que la Iglesia en todo el mundo ha recibido de Dios en el nombre de Jesucristo” (Contra las Herejías, Libro II, cap. 32.4)

Ignacio de Antioquía, (c. 35- c. 108 d. C.) en su epístola a Filadelfia, capítulo 7; también expone:

“Porque aun cuando ciertas personas han deseado engañarme según la carne, con todo, el espíritu no es engañado, siendo de Dios; porque sabe de dónde viene y adónde va, y escudriña las cosas escondidas. Porque, cuando estuve entre vosotros, clamé, hablé en voz alta, con la voz propia de Dios: Prestad atención al obispo y al presbiterio y a los diáconos. Pese a ello, había algunos que sospechaban que yo decía esto porque conocía de antemano la división de algunas personas. Pero Aquel por quien estoy atado me es testigo de que no lo supe por medio de carne de hombre; fue la predicación del Espíritu que hablaba de esta forma: No hagáis nada sin el obispo; mantened vuestra carne como un templo de Dios; amad la unión; evitad las divisiones; sed imitadores de Jesucristo como Él mismo lo era de su Padre. Justino Mártir (c. 100- 165 d. C. ) escribió: “Si deseas prueba de que el Espíritu de Dios que estaba con tu pueblo lo dejó, ven con nosotros, entra a nuestras asambleas y allí le verás expulsando demonios, sanando a los enfermos y le escucharás hablando en lenguas y profetizando” (Apología a Trifón el Judío)

Resulta evidente que los cristianos del primer y segundo siglo no interpretaron a los apóstoles en el sentido de que la suficiencia de las Escrituras limitaría a Dios para comunicarse con los humanos por otros medios, en confirmación y testimonio de lo mismo que las Escrituras enseñan.

Por ejemplo; Romanos 1:20 indica que Dios también nos habla de sí mismo a través de la naturaleza creada: “Porque las cosas invisibles de El, su eterno poder y deidad, se hacen manifiestan por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.” ¿No puede Dios hablar a nuestro corazón, recordándonos las palabras de Jesucristo en la Biblia y enseñándonos cómo aplicarlas a nuestra vida?, ¿Está impedido Dios de usar a uno de sus siervos con el mismo propósito revelándole nuestra situación? Otra vez; ¿hay evidencia bíblica de esto?

Juan 14:26 dice: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” ¿Por cuánto tiempo?, ¿Por sólo un siglo?, ¿Solamente hasta que murieran los discípulos inmediatos de Jesús?, ¿Hay algún texto que indique esto?

La experiencia profética es percibir la voz de Dios dentro de nosotros y a veces afuera, respondiendo de modo individual y específico a nuestras necesidades. Podemos y debemos confrontar dicha experiencia con lo que Dios dijo antes en las Escrituras, puesto que en El no hay contradicción. Pero negar la posibilidad de la experiencia, decir que ya no ocurre, que era privilegio exclusivo de los apóstoles o de los profetas bíblicos, es negar la clase de relación personal e íntima que el Padre Celestial y cualquier verdadero padre quisiera tener con cada uno de sus hijos.

En su libro: “Fuego extraño”, (Grupo Nelson, 2014) John Mac Arthur cita varias veces Hebreos 1:1-2: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”, ¿Significa esto que dado que el texto refiere que Dios habló en el pasado por los profetas y que ahora nos habla por el Hijo, ya no hay más don de profecía? Si esa debe ser la interpretación; entonces ya para el momento en que se escribe la carta a los Hebreos, los dones de profecía y de revelación habían cesado. Cabría preguntar cómo pudo escribirse la carta.

Otra razón por la que me considero pentecostal, es por lo que creo sobre el bautismo en el Espíritu Santo. Nunca he creído que el don de lenguas sea ningún requisito para la presencia y morada del Espíritu Santo dentro de nosotros ni para la salvación. Pero creo en las 3 inmersiones que menciona la Biblia. Yo tengo un concepto diferente a lo que comúnmente cree la mayoría de los cristianos, incluyendo los pentecostales; sobre lo que es el bautismo, como estuve explicando en mi sexto libro: “En el Taller del Maestro”. Pero como en varios otros temas, he llegado por caminos distintos, a conclusiones pentecostales.

Bautizar significa: sumergir; pero lo único que se puede sumergir no es el cuerpo en el agua. Sumergir es meter una cosa dentro de otra, como las galletas Oreo en la leche, para dar un ejemplo. Cuando aceptamos a Jesucristo como Salvador; el Espíritu Santo nos sumerge, (nos mete dentro) del cuerpo de Cristo, nos integra al cuerpo. Por eso 1 Corintios 12:13 dice: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo”. Ese es el bautismo POR el Espíritu Santo, común a todos los creyentes, el un solo bautismo que a todos nos une, al que se refiere Efesios 4:5. Pero la Biblia habla de 3 bautismos y por eso Hebreos 6:2 dice: “doctrina de bautismos” en plural.

Los otros 2 bautismos o inmersiones que menciona la Biblia son el bautismo EN (no POR) el Espíritu Santo; que no es ningún requisito para la salvación pero es ser sumergido y saturado en la unción y el poder del Espíritu Santo, lo cual los apóstoles recibieron como una experiencia posterior en Pentecostés, ya que desde Juan 20:22 Jesús había soplado sobre ellos y les había dicho: “Recibid el Espiritu Santo”.

Ya tenían el Espíritu Santo, como todo creyente lo tiene, pero no habían sido investidos del poder de lo alto. Y Jesús mismo antes de ascender al Cielo: “les mandó que no se fueran de Jerusalén sino que esperasen la promesa del Padre, la cual dijo, oísteis de mí; porque Juan ciertamente bautizó con agua pero vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de no muchos días” (Hechos 1:4-5).

Es claro que son 2 experiencias distintas. Y el tercer bautismo y menor en importancia es el bautismo en agua. Juan el Bautista fue claro en que el bautismo en agua es menos que el bautismo en el Espíritu Santo, porque dijo: “Yo los bautizo con agua, pero El los va a bautizar con el Espíritu Santo”. Es como decir: “El bautismo que El trae, no se compara con el mío.” Pero nosotros estamos habituados por la tradición, a ver la palabra “agua” cada vez que vemos “bautismo” en la Biblia. El bautismo en agua es una bella ceremonia y una manera de testificar al mundo que hemos muerto y resucitado a una nueva vida. Pero cuando Jesucristo dijo: “el que creyere y fuere bautizado, será salvo”, no hablaba de agua ni la menciona. Era pasar a ser parte del cuerpo de Cristo; ser sumergido o metido dentro del cuerpo.






En el libro de los Hechos se ve un patrón donde la evidencia inicial (de nuevo: no la única ni requisito alguno para la salvación) del bautismo (investidura, saturación y derramamiento) en el Espíritu Santo es el don de lenguas. Lo vemos en casa de Cornelio: “Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo, porque los oían que hablaban lenguas y que magnificaban a Dios”. Hechos 19:6 dice: “Y habiendo venido sobre ellos el Espíritu Santo, hablaban en lenguas y profetizaban”.

Cuando los apóstoles recibieron este bautismo como un viento recio que los envolvió por dentro y por fuera se les aparecieron lenguas repartidas como de fuego “y comenzaron a hablar en otras lenguas según el Espíritu les daba que hablasen”. (Hechos 2:4)

La importancia del don de lenguas no tiene nada que ver con la salvación ni otorga ninguna superioridad. Pero 1 Corintios 14:14 dice: “Si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto”. O sea, que podemos orar en lenguas en voz baja (porque si es para la congregación, dice 1 Corintios 14:28 que tiene que haber interprete) sin nosotros mismos entender lo que hablamos, pero estamos orando con el Espíritu. Romanos 8:26 dice: “Qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles”. Oración perfecta.

Por eso, Ireneo de Lyon (c. 185 d. C. ) a quien ya habíamos citado, dice:

“También nosotros hemos oído a muchos hermanos en la Iglesia, que tienen el don de la profecía, y que hablan en todas las lenguas por el Espíritu, haciendo público lo que está escondido en los hombres y manifestando los misterios de Dios, a quienes el Apóstol llama espirituales (1 Cor 2,15): éstos son espirituales, porque participan del Espíritu.” (Adversus Haereses – Libro V 6.1)

Hay motivos para explicar razonablemente por qué en el libro de los Hechos, el don de lenguas aparece como evidencia inicial (otra vez, no la única; pero la primera que se menciona en Hechos 10:46, 19:6, 2:4 y otros varios pasajes). Para el autor del libro de los Hechos es importante destacar que el Espíritu Santo es una persona, y sólo una persona puede hablar. Si es de Dios y no fingido ni inducido con manipulaciones (como reconocemos que desgraciadamente sucede en muchos cultos pentecostales) es una señal del completo dominio del Espíritu Santo sobre el creyente, ya que Santiago 3:8 dice que ningún hombre ha podido domar la lengua.

Es un anticipo de la promesa de que en el Cielo recibiremos un lenguaje nuevo que hará posible que todos nos comuniquemos. El propósito de este extenso ensayo ha sido dar razones de mi postura, no afirmar que sea necesario de modo alguno coincidir conmigo para ser un verdadero seguidor de Jesucristo, lo que se verifica mucho más por el amor que por cualquier don extraordinario. En Juan 13:35 Jesús dijo: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, en que os améis unos a otros”. Él no dijo: “en que hablen lenguas.” 1 Corintios 13:1-2 también dice: “Si yo hablare lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy”.

julio

Por: Julio Álvarez Rivera
Teólogo – Profesor
Facebook / Ministerio Juan 17:17

Un comentario en “Teología Pentecostal 1

  1. En mucho estoy de acuerdo con usted, y me encanta su punto de vista sin que lo acepte todo. ¿Acaso renovarse en el pensamiento (Rom 12:1, Ef 4:23) y tener una actitud positiva hacia la voluntad de Dios no es hablar una nueva lengua? ¿No dijo Jesús que por sus frutos los conoceréis? Mt 7:16
    Lengua no es solo lo que se expresa con los labios, sino lo que sale del corazón. Mt 12:34

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