¿Por qué soy feminista?

Hace tiempo envié una solicitud a un contacto vía redes sociales. La solicitud tenía que ver con hacerse “fan” de una página donde se tratan temas sobre Teología y Feminismo. Para mí fue algo ingenuamente natural. La respuesta de este contacto me dejó desubicado. Mi interlocutor se sorprendía que yo fuese defensor de los postulados feministas, argumentando que estos eran contrarios a la Biblia. En ese momento comprendí que, aun en pleno siglo XXI es necesario seguir explicando qué es el feminismo y por qué los hombres de fe deberíamos ser feministas.

Tal vez también sea necesario aclarar que, como tomo movimiento humano, hay muchos tipos de feminismo. Yo me identifico con un feminismo creyente. Es decir, soy feminista porque mi fe en Jesús me reta a defender las causas más nobles y necesarias del planeta. Todos los que critican el feminismo, deberían detenerse un momento y recordar que fue gracias a mujeres feministas que hoy en día el voto es “universal” (sí, hubo un momento en que sólo los hombres podían votar). En toda la historia de la humanidad siempre ha habido mujeres “desobedientes” que levantaron sus voces en contra de lo “establecido”.

El objetivo de este artículo no es mencionar toda la inestimable contribución femenina al progreso e implantación de los derechos humanos. Al lector sólo le basta hacer una simple búsqueda por internet. Aquí sólo mencionaré algunos ejemplos: Hipatia de Alejandría, las revolucionarias francesas, las sufragistas americanas, las hermanas Mirabal (dominicanas, como un servidor), las mártires de la fábrica de camisas Triangle (New York), y miles de mujeres anónimas que han contribuido, no sólo a reivindicar la igualdad de la mujer frente al hombre, sino también a construir un mejor mundo tanto para hombres como para mujeres.

Hace años leí un dato que me dejó petrificado. Se estima que las mujeres son el medio de transporte número uno en el planeta. En los lugares donde no hay agua, las mujeres deben recorrer kilómetros en búsqueda del preciado líquido. Las mujeres transportan vida, alimento y, en definitiva, esperanza. Si esto es así, bien haríamos en prestar más atención a la situación de las mujeres a nivel mundial.






¿Qué tienen que ver todo esto con la fe cristiana? Tiene mucho que ver. Si nos creemos las palabras de Jesús, debemos concluir que tanto su misión como su proyecto fundamental tienen que ver con reivindicar la igualdad entre las personas y la posibilidad de vivir en armonía bajo el amparo del reino de Dios. Jesús propone una realidad en donde los más débiles y los marginados adquieren un estatus nuevo: ciudadanos de primera categoría (cf. Lc 4 o Mt 5). Hoy en día, sin embargo, nos encontramos que los feminicidios no dejan de crecer, que la violencia de género es una realidad global (no sólo de los países “pobres”). Las mujeres ganan menos (haciendo el mismo trabajo) que los hombres. Las mujeres se ocupan más de las tareas del hogar que sus maridos. A nivel global las mujeres están menos “escolarizadas” que los hombres. Realidades espeluznantes como la ablación[1], las violaciones como arma de guerra o la trata de personas[2], nos indican que las mujeres siguen estando en una posición de enorme desventaja frente a sus iguales masculinos. Todos estos factores hacen que la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres sea hoy más necesaria que nunca.

Si, como hombres (o, mejor dicho, como seres humanos) prestamos atención a la realidad antes descrita, no nos queda más remedio que posicionarnos en favor de lucha por la igualdad. Es mentira que “el feminismo” hoy no sea necesario. De hecho, creo que hoy es más necesario que nunca. Según las estadísticas está creciendo la violencia de género entre adolescentes. Como padre no quiero que mis hijas vivan en un mundo donde se le eche la culpa a la víctima de una agresión sexual: ¿era corta tu falda? ¿estaba oscura la calle? ¿bebiste demasiado? ¿Te insinuaste a tu agresor? Perdonadme, pero una sociedad que enmascara la violencia de género de un cantante de Reguetón bajo la excusa de “licencias poéticas” o “libertad de expresión”, es una sociedad que necesita hombres feministas que detengan toda esta avalancha de violencia hacia las mujeres.

Como seres libres y racionales tenemos tanto la responsabilidad como la libertad de comprometernos con aquello que creamos justo. En mi caso, la lucha por la erradicación de la desigualdad entre hombres y mujeres es uno de los proyectos más necesarios en la realidad que me ha tocado vivir. Mi fe en Dios me reta a ponerme siempre del lado del pobre, del necesitado, del marginado y del excluido. Mi fe en Dios me reta a luchar para derrumbar los privilegios que tengo en cuanto “hombre”, y construir una sociedad igualitaria donde tanto hombres como mujeres tengan las mismas oportunidades. Hasta que no lleguemos a este punto, la llamada de Jesús al seguimiento radical me invita constante a definirme como “hombre feminista”.

 

Nelson Araujo

Graduado en Teología. Profesor de Hermenéutica

Pastor en Iglesia Cristiana del Garraf.

Contacto: nelsonaraujo.ozuna@gmail.com

 

Referencias 

[1] Extirpación del clítoris, supuestamente para que la mujer no le sea “infiel” al hombre. Esta práctica suele estar relacionada con la religión, pero también con la cultura.

[2] La trata de personas es uno de los negocios más rentables del planeta. De nuevo, sus víctimas son, en su mayoría mujeres, adolescentes, niñas que tienen como destino la explotación sexual.

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