EVANGELIO: Capítulo 1 – ANUNCIO DEL ÁNGEL

Aquella noche, la muchacha se sentía bastante cansada de las tareas que su padre le encomendaba. Con doce años, lavar las ropas, asear la casa, y atender a los hombres de la casa con la deferencia propia de una muchacha que sabe su posición, volviendo a la habitación de las mujeres para no interrumpir las conversaciones de hombres, podía ser una tarea agotadora, pero estaba orgullosa de servir de algo, pese a ser mujer.

La noche estaba estrellada y el calor vestía de agobio cada paso hasta el pozo. La muchacha no quería salir de noche, pero su padre tenía sed y ella tenía que atenderlo. El cántaro de barro tenía un peso sobre sus hombros que se agitaba con el vaivén de sus pensamientos. ¿Cómo será el hombre que la desposará? ¿Podría honrar a su padre con un buen precio?

En la habitación de los hombres, un hombre de unos cuarenta años negociaba su precio en oro con astucia mínima, pero convicción.

– “Mire, tiene buena dentadura, vale más que eso”, señaló su padre, mientras expandía los labios despejando los dientes de la muchacha.

Sirvió el agua y volvió a la habitación de las mujeres. No hubo acabado de sentarse, cuando unos gritos de alegría se oyeron desde la habitación de los hombres.






“María, ve por el vino. ¡Ya tienes un esposo!”

María, lámpara en mano, corrió hasta la bodega. El reflejo del acero encandiló su camino.

– “¡Salve, llena de gracia! El Señor Pantera está contigo”, oyó mientras un brazo con la fuerza y el poder de Dios, sostenía su cuello y callaban sus gritos mano en boca.

“No temas, María, porque has hallado gracia delante de mí”, decía mientras María sentía cómo despejaba sus genitales de entre sus ropas.

Todo fue confuso desde ahí. El brillo metálico de sus vestiduras fue lo único que quedó en su memoria. La luz de un ángel mensajero que le recordaba su posición.

Esa noche, golpearon a María más de lo habitual. Tardó en llegar con el vino, había deshonrado a su padre y arruinado su negocio con José, quien encontró oportunidad para solicitar la rebaja del precio de la muchacha.

Por: Dayan Castillo Silva
Escritor
E-mail: infacundo-d_ul@gmail.com

 

 

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