¿Hasta dónde puede llegar el fundamentalismo cristiano?

Acabo de encontrarme en mis contactos este comentario de un cristiano fundamentalista:

“Una pregunta… ¿A quién se le ocurrió dividir la Escritura en capítulos, versículos, incluso algunas tienen subtítulos:   “La preeminencia del amor”, etc, etc.?, ¿No se dieron cuenta de cómo estorba eso para tener una lectura fluida de la palabra?, ¿No se dieron cuenta de cómo condiciona eso el entendimiento del que lee? …”

Me parece que queda claro que a esta clase de cristianos solo les interesa ponerle pegas a todo. Es decir, que son lo que llamamos “contreras”, no solo leen la Biblia al trancazo aplicando todo su contenido literalmente, sino que ahora pretenden que la división en capítulos y en versículos es un estorbo para su fe.

Mi respuesta fue la siguiente: “Nada más respóndanme ¿Cómo podrían citar un texto de la Biblia si no tuviera capítulos ni versículos? Por ejemplo, si alguien les preguntara en dónde dice que de tal manera amó Dios al mundo…etc. ¿Cómo les contestarían si no hay capítulo ni versículo? A menos que les digan “¨Pues mira, por ahí está en el evangelio de Juan, ay búscale”.






Y esto me lleva a que nos demos cuenta cómo estos grupos que aplauden que una cantante en el Festival de Viña del Mar se haya aprovechado del evento para hacer propaganda religiosa o que un pastor se ponga micrófono en mano a despotricar contra las imágenes a la entrada de una iglesia católica romana en donde se estaba celebrando una misa, o peor aún que con el pretexto de exorcizar a una mujer la hayan quemado viva piensen que están haciendo la voluntad de Dios.

Pues es gente que ya ha dejado de usar su capacidad para razonar, pensar y usar su sentido común. Todo lo ven a la luz de unos textos pésimamente interpretados y fuera de todo contexto. Y estos son precisamente los que difunden el mensaje totalmente erróneo de que la Biblia condena la homosexualidad. Porque precisamente aplican su falta de criterio y razonamiento a media docena de textos bíblicos que hablan de ciertas relaciones sexuales usadas para fines prohibidas por la ley judía, pero que nada tienen que ver con el fenómeno social en el mundo actual.

Con este criterio podríamos llegar a las aberraciones más grandes como ya se han hecho por algunos grupos. ¿Sabían ustedes que hay un grupo cristiano que enseña que no se debe decir “Que Dios te bendiga” porque es pecado? ¿O que otro de estos grupúsculos ordena a sus miembros a no usar ropa de color negro porque es el color del mal, del pecado y de la obscuridad?

Y así podríamos seguir mencionando ejemplos. Ahora además de pastores hay una nueva jerarquía de “Apóstoles” y “Profetas” que se proclaman a si mismos con estos títulos por demás ridículos. En fin, que el fundamentalismo se ha convertido en un pandemónium en donde se proclaman las doctrinas más absurdas y las prácticas más extravagantes que van desde brincar, aullar, bailar, desmayarse hasta ser picados por serpientes venenosas con los resultados fatales que son de esperarse.

Pero lo que me preocupa es que gradualmente los tentáculos del fundamentalismo alcancen las instancias políticas de nuestros países y vayan poco a poco influenciando las decisiones de los gobiernos en temas de comportamiento humano. Todos sabemos que fracasó el proyecto de paz en una nación cansada de tanta guerra y tanta violencia porque estos grupos impidieron que se firmara el documento por contener la expresión de igualdad de género que ellos interpretaron que iba a apoyar la homosexualidad.

En Puerto Rico hay esta controversia por los policías que hacen oración en sus horas de trabajo y así podríamos seguir citando muchos casos más. Creo que tendríamos que echarle un vistazo a lo que el fundamentalismo religioso ha hecho en otros países en donde con el pretexto de seguir la ley de su dios se ha desatado una guerra cruel, sangrienta y sin cuartel en contra de los “infieles”.

Pues lo mismo va a suceder en nuestros países si no le ponemos un alto al avance de esta plaga. El protestantismo no histórico mal llamado “cristiano” es el que ha influido en muchas iglesias, incluyendo a las católicas, para hacer una pésima interpretación de las Escrituras y atacar a grupos de la sociedad cuya forma de vivir o de actuar choca contra los principios “bíblicos” como ellos los interpretan.

Aquí ya no cabe aquello de dejar que todo el mundo crea en lo que su conciencia les ordene. Porque aquí se está tratando de imponer a la sociedad una forma muy determinada de moral que lesiona los intereses de la misma. No se trata de que haya libertad de culto y de pensamiento, sino que esa libertad no puede enarbolarse para abanderar causas en contra de la libertad de los demás.

Yo espero que las autoridades civiles vayan tomando cartas en el asunto y que los estados laicos vayan fortaleciéndose contra esta amenaza latente, antes de que se nos venga encimas un conflicto religioso con las consecuencias que todos sabemos.

Por: P. Manuel Sonora Macías
Teólogo / Escritor
Facebook / Manuel Sonora Macías

Un comentario en “¿Hasta dónde puede llegar el fundamentalismo cristiano?

  1. El fundamentalismo está más permeado de lo que nos gustaría siquiera admitir. Y esto se debe a dos principales razones. La primera y más obvia es que han sido los fundamentalistas ingleses del S XVIII y sus “descendientes” los que más recursos financieros, materiales y humanos han invertido para la “evangelización” mundial. llevando su religión cargada de una serie de presupuesto globalitaristas en donde la cultura anglosajona es parte inherente del mensaje evangélico y vista desde la óptica latinoamericana una meta a la cual aspirar.

    La otra razón es que apela al pensamiento mágico religioso que de por si ya existía en América Latina, al “importar” todo el marco ético y moral de la judea de la edad de bronce, sin ninguna confrontación crítica al respecto. Lo que promueve el misticismo, la superstición y el supuesto patriarcado que se vive en América Latina.

    Este fundamentalismo evangélico incluso a permeado y parte del imaginario de un conglomerado numeroso de creyentes que no se sienten atraídos a afiliarse a la membresía de una iglesia, pero a quienes si les agrada el discurso (mal llamado) cristiano.

    Si a eso le sumamos el atractivo interés de ciertos líderes evangélicos que comienzan a ver su poder de convocatoria religioso, como algo fácilmente extrapolable al ámbito político, podemos ver con preocupación que los discursos del evangelicalismo de corte fundamentalista y a veces hasta integrista, ya avanzan ganando terreno en lugares donde anteriormente el laicismo hacía parecer imposible esta especie de tutelaje político.

    Es muy preocupante en verdad.

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