De reyes, palacios y monarquías épicas

Me siento a llorar en las lágrimas de la ignorancia. He leído todos los libros y el alma sigue caminando sola por París bajo la lluvia. Entro a la biblia, ese libro que guardamos en el corazón, y leo:

—“En aquellos días Dios elige su rey”… ¿Lo pensaría desde que lo vio en el vientre de su madre?, aún sigo escuchando ese argumento ridículo: ¡Convéncete que eres un rey! ¡Unción! ¡Unción! Aceite tocado por el espíritu del pastor.

Desearía que esta caminata por las calles de la séptima (Bogotá) fuera menos turbia, de seguro el Señor tiene muchos ungidos de sotana, de liderazgo fitnes, Herbalife santa, ungidos de cuerpos aceitosos, ungidos de suerte en la providencia, y ungidos para llevar al mundo parrillas innovadoras o escaleras o planchas de cabello. Concluyo que no me siento ungido. Pertenezco a la iglesia de héroes cotidianos y no épicos. Me hallo descansando el alma porque en las catedrales hace mucho frío.






Cierro los ojos en la punta de un helado de vainilla, recorro paso a paso las palabras reales, veo de repente un dragón rojo, encarcelando borregos, que pasa por la estación del oro hasta las aguas. ¿Qué hace que pida un rey a mi vida? El aire se torna gris de melancólica gasolina reciclada, tal vez, leer otra vez la sabiduría del libro de un amante a su pueblo, seque las lágrimas, por la París bogotana, bajo la lluvia, a medianoche.

En aquellos días, el Señor dijo a Samuel: «Llena la cuerna de aceite y vete, por encargo mío, a Jesé, el de Belén, porque entre sus hijos me he elegido un rey.»

Cuando llegó, vio a Eliab y pensó: «Seguro, el Señor tiene delante a su ungido.»
Pero el Señor le dijo: «No te fijes en las apariencias ni en su buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor ve el corazón.»

Jesé hizo pasar a siete hijos suyos ante Samuel; y Samuel le dijo: «Tampoco a éstos los ha elegido el Señor.»

Luego preguntó a Jesé: «¿Se acabaron los muchachos?»
Jesé respondió: «Queda el pequeño, que precisamente está cuidando las ovejas.»
Samuel dijo: «Manda por él, que no nos sentaremos a la mesa mientras no llegue.»
Jesé mandó a por él y lo hizo entrar: era de buen color, de hermosos ojos y buen tipo.
Entonces el Señor dijo a Samuel: «Anda, úngelo, porque es éste.»

Samuel tomó la cuerna de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. En aquel momento, invadió a David el espíritu del Señor, y estuvo con él en adelante. 1 Samuel 16

Por: Diego Garrido Barreto
Escritor / Literato
E-mail: diego_gadobato@hotmail.com

Un comentario en “De reyes, palacios y monarquías épicas

  1. Felicitaciones Hijo, siempre he tenido claro que tu estas hecho para cosas grandes y desde mis pensamientos a diario imagino que estará donde tu siempre has soñado, rodeado de quienes te valoran por ser quien eres. solo se es grande cuando piensas en grande vive tus sueños déjate arrastrar por tu imaginación y que estos sean los que dirijan el norte de tu vida.
    Te amo,
    tu padre

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