Teología Pentecostal 2

El primer artículo de esta serie, analizó lo que considero que son los dos aspectos que más distinguen al pentecostalismo de otras corrientes teológicas dentro del mundo evangélico: el estilo de adoración que incluye las alabanzas en alta voz, y la vigencia de los dones extraordinarios con énfasis en el hablar en otras lenguas. Es obvio que la Teología Pentecostal abarca mucho más que eso. Pude de hecho, haber comenzado como suele empezarse un texto sobre Teología Sistemática, con la doctrina sobre Dios primero. Sin embargo, el teísmo trinitario, la creencia en la Deidad de Jesucristo y en la Personalidad del Espíritu Santo no son exclusivos de mi denominación ni me distinguen como pentecostal, aunque sí me identifican como un cristiano histórico; niceno y calcedonio. A quien tenga dudas sobre la liturgia de nuestros cultos o la actualidad e importancia de ciertos dones, le ruego leer el ensayo anterior antes de llegar a conclusiones o emitir juicios acerca de lo que quise decir.

Un tema, sin embargo, que también ha sido distintivo de la Teología Pentecostal, es el de la inminencia de juicios sobre la Tierra, precedidos por el retorno de Jesucristo por su Iglesia. Muchos predicadores pentecostales como Yiye Avila, centraron su mensaje en la consigna de que Cristo viene. Hace tiempo que renuncié a la expectación de que todas las catástrofes descritas en el libro de Apocalipsis con todos los trágicos detalles que allí se ofrecen, ocurran literalmente en el futuro, pero no he abandonado mi Fe en la Venida de Cristo.

Comúnmente se dice que la esperanza de que Cristo venga a buscar a su Iglesia, supone adoptar una actitud pasiva e inmovilista ante las desgracias e injusticias del mundo. Se asume que no es compatible ser pro-activo denunciando la desigualdad social, la opresión y la violencia, con la proclamación de que Jesucristo vendrá en cualquier momento a poner fin a todo eso, mientras al mismo tiempo se presagian juicios sobre la Tierra.

Es curioso, sin embargo, que casi nadie hoy día por modernista que sea, niega que los primeros cristianos creyeron en un inminente regreso de Cristo. Incluso Bultmann escribió: “La predicación cristiana de un Dios verdadero, es, por tanto, al mismo tiempo: anuncio escatológico, la predicación de un juicio universal inminente.” (Rudolf Bultmann: Teología del Nuevo Testamento, página 121, segundo párrafo. Ediciones Sígueme, 1981, Salamanca.)

La pregunta consecuente sería: ¿Implica la creencia en una solución escatológica inminente que no hay nada que hacer por mejorar las condiciones de la humanidad y por deponer estructuras de maldad?






No lo fue para los apóstoles. Ellos fueron aguerridos y atrevidos condenando los abusos sociales a la vez que anunciaban un inminente castigo para la injusticia. Me encanta la traducción que la Biblia Latinoamericana hace de Santiago 5:1-4: “Ahora les toca a los ricos: lloren y laméntense porque les han venido encima desgracias. 2.Los gusanos se han metido en sus reservas y la polilla se come sus vestidos; 3.su oro y su plata se han oxidado. El óxido se levanta como acusador contra ustedes y como un fuego les devora las carnes. ¿Cómo han atesorado, si ya eran los últimos tiempos? 4.El salario de los trabajadores que cosecharon sus campos se ha puesto a gritar, pues ustedes no les pagaron; las quejas de los segadores ya habían llegado a los oídos del Señor de los ejércitos.”

Según esta creencia; el opresor tiene una espada de dos filos pendiendo sobre sí: la posible y deseable elevación de conciencia de los oprimidos; y el castigo inevitable e inminente de Dios. Estamos llamados a trabajar por lo primero, pero mientras esto se logra, no pueden apostar los señores del status quo a que nunca nada cambiará.

“Ya eran los últimos tiempos”, dice allí.  Los primeros cristianos vivieron creyendo que el arrebatamiento podía darse en el siguiente instante. Jesucristo les había dicho en Mateo 24:40-42: “Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado”. Dos mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada, y la otra será dejada. Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor.” Por lo que vemos aquí, el evento ocurre en medio del trabajo y de la vida cotidiana Y luego surge la interrogante: ¿Tomados de dónde, y dejados dónde?

La Biblia no emplea la palabra “rapto” que es un secuestro. Jesucristo no viene a secuestrar a la Iglesia porque es suya. La Biblia utiliza la palabra griega: “harpázo” (arrebatamiento). Según la enseñanza del Nuevo Testamento, la Iglesia sería arrebatada (arpagesoména) de la Tierra para encontrarse con el Señor en las nubes. 1 Tesalonicenses 4:15-17 dice: “Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.” Los inicuos serían abandonados al juicio divino, y los fieles regresarían con Jesucristo a reinar sobre la Tierra. Pero como no sabemos cuando esto ocurrirá, no nos podemos quedar cruzados de brazos mientras los poderosos de la Tierra siguen destruyendo vidas a diestra y siniestra.

Aceptar esta esperanza no implica necesariamente ser dispensacionalista. Contrario a lo que comúnmente se cree; el dispensacionalismo en realidad, tiene muy parcialmente que ver con una interpretación de los libros de Daniel y Apocalipsis. El dispensacionalismo es una manera particular de mirar toda la Biblia.  A pesar de que el pentecostalismo mayoritariamente ha adoptado las interpretaciones escatológicas de C. I. Scofield; ningún pentecostal estaría de acuerdo con él en que los dones extraordinarios cesaron por haber estado restringidos a la Edad Apostólica. Scofield creía que, en cada periodo de tiempo dentro de la historia del trato de Dios con el hombre, Dios tiene formas muy diferentes de operar, y exigencias distintas para los seres humanos. Dentro de este marco teológico, el Antiguo Testamento carece de cualquier autoridad a menos que sea confirmado por el Nuevo Testamento. Sin embargo, todos los que crecimos en Iglesias pentecostales podemos recordar sermones sobre Rut, sobre Ester y otros libros de la Biblia que no son mencionados en el Nuevo Testamento. En mi caso, debido a mi inclinación a la neortodoxia, acepto toda la Biblia, pero solamente como testimonio de Jesucristo, que para mí se revela de algún modo en cada uno de los libros bíblicos.

Un dispensacionalista es además sionista. Y muchos pentecostales lo son. Yo no, porque la Biblia en ninguna parte enseña el respaldo incondicional de Dios a Israel en todas las guerras y conflictos. En 2 Crónicas 7:14 Dios le dijo a Israel exactamente lo contrario: “Si se humillare mi pueblo sobre el cual mi nombre es invocado, y orare y buscare mi rostro y se convirtiere de sus malos caminos, entonces yo oiré desde los Cielos, y perdonaré sus pecados y sanaré su tierra.” Isaías 63:10 dice que cuando el pueblo de Israel se rebeló contra Dios, Dios mismo se volvió su enemigo y peleó contra ellos. De hecho, si fuera cierta la premisa sionista moderna acogida por muchos cristianos de derecha, de que todo gobernante de Israel tiene necesariamente que ser bueno, nos quedamos con menos de la mitad del contenido del Antiguo Testamento, es decir: sin los libros históricos y sin numerosas referencias a reyes malvados de Israel y de Judá en los libros proféticos.

Con la idea de que creer en una inminente intervención divina para poner fin a la injusticia, significa quedarse callado frente a esta, ocurre lo mismo. Nos quedaríamos casi sin Biblia. Todos los profetas bíblicos que anunciaron juicios inminentes por causa del abuso contra el pobre, la viuda y el huérfano, a la vez condenaron en los términos más fuertes dichos abusos.

Estar en espera de una nueva irrupción de Dios en el escenario humano para acabar con la opresión, no nos impide trabajar mientras tanto por un mundo más justo, al contrario, nos compromete a ello, conscientes de que, en ese inescapable juicio, se nos preguntará si dimos de comer al hambriento y si vestimos al desnudo. Porque Él dijo: “En cuanto lo hicisteis a uno de mis hermanos más pequeños, a Mí lo hicisteis.”

Para ver el primer artículo 

Por: Julio Álvarez Rivera
Teólogo – Profesor
Facebook / Ministerio Juan 17:17

 

 

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