San Pablo: pionero de la Locademia de teología

Puede parecer irrespetuoso y acaso irreverente. Pero puedo afirmar que Saulo de Tarso –conocido más como el apóstol Pablo- fue uno de los pioneros de hacer teología recurriendo a la locura. ¡Pruebas al canto!

En 1 Corintios el apóstol de los gentiles enfrenta a los filósofos griegos. Bueno, en rigor, los enfrentó cara a cara en Atenas según el relato de Hechos 17. Ahí discutió con epicúreos y estoicos y hasta se dio el lujo de citar algunas sentencias de filósofos griegos en cuanto a que Dios está cerca de cada uno de nosotros, porque “en él vivimos, somos y existimos.” Una formulación nítidamente ontológica. Pero en la primera carta a los Corintios,  afirma que “la palabra de la cruz es locura a los que se pierden.” (1 Co. 1.18). Luego, explica que los griegos buscan sabiduría (lit. a sophía) mientras los judíos buscan señales o signos. Que los griegos amaban a sophía, acaso debería ser porque era una joven bonita y atractiva, de ahí el “amor a Sophía.” Por las dudas fui al texto de Aristóteles: Metafísica, y constaté que cuando el filósofo griego se refiere a la sabiduría no escribe la palabra compuesta: philo-sophía, sino simplemente: Sophía. Lo cual me convenció de que las palabras de Pablo en 1 Corintios es una crítica directa a la filosofía griega a la cual “escracha” -del griego skracheo– supongo.

Y en tono desafiante dice Pablo:

“¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el erudito? ¿Dónde el filósofo de esta época? ¿No ha convertido Dios en locura la sabiduría del mundo?” (v. 20 NVI). Las preguntas son realmente desafiantes. Lo que quiere decir Pablo es que ni el sabio ni el erudito ni el filósofo han alcanzado la salvación. Ya que Dios determinó salvar a los que creen mediante “la locura de la predicación.”

Es que el mensaje de la cruz de Cristo no es sólo locura para los griegos sino también para los judíos que buscaban señales portentosas en el Mesías. No podían pensar siquiera en un Mesías clavado a una cruz, signo de muerte y derrota.

Y luego sigue reflexionando. Dice que mientras los judíos febrilmente piden señales poderosas en el Mesías que esperaban y los gentiles –léase griegos- procuraban la sabiduría, los apóstoles predican a Cristo crucificado que, para los judíos es un escándalo y para los gentiles, locura.






Ya sin frenos, Pablo termina su discurso para decir que “la locura de Dios es más sabia que la sabiduría humana, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fuerza humana.” (v. 25).

O sea: ve la locura por todos lados: en quienes ven la cruz de Cristo y su predicación como “locura”, una sinrazón, una necedad. Y luego se anima a intuir la posibilidad de una “locura divina.”

No satisfecho con esto, en su segunda carta a los corintios, él mismo da testimonio de estar un poco loco. Exclama: “¡Ojalá me toleraseis un poco de locura! Sí, toleradme. Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con celo de Dios…” (2 Co. 11.1, 2ª RV 1960). Estas reflexiones paulinas me hacen recordar la poesía de Turf, banda de rock de la Argentina:

Loco un poco nada más,
casi parecés normal
pero en la mirada ocultas algo detrás.

Simulando, sonriendo,
sin saber que estás diciendo,
sucia la conciencia
pero claro el porvenir
porque ya está por venir.

Como vemos: Pablo está obsesionado por el tema de la locura. Locura de los griegos que buscan a sophía, “locura divina” más sabia que la sabiduría humana. Y hasta él mismo se siente un poco loco. ¡No es para menos! ¿Acaso para ser teólogo o teóloga no hay que tener un poco de locura? Ya la misma palabra es demasiado pretensiosa: “Teo-logo”, “Teo-loga” o sea: “especialista en Dios”. Pero ¿puede eso ser real y posible?  Con razón Rubém Alves decía en un diálogo ficticio pero perfectamente verídico:

“¿Mi profesión?

Bien, soy teólogo.

No, el señor no me oyó bien.

No soy geólogo. Teólogo. Eso mismo…

No es necesario disimular el espanto

puesto que yo mismo me espanto frecuentemente.”

Hemos demostrado –creo- que el apóstol San Pablo fue pionero de la “Locademia” de teología. Seguimos sus pasos… aunque eso tenga ciertos rasgos de locura.

Fuente Portada

 

Por: Alberto F. Roldán

Doctor en teología, Máster en ciencias sociales y en educación.

Facebook: Alberto Roldán

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