El sermón de las siete ¡¿pinturas?!

Semana Santa. Semana Mayor. Semana de asueto (aka: de vacaciones). Cada año el pueblo cristiano conmemora y/o celebra la pasión, muerte y resurrección de la supuesta razón de su fe: Jesús. Supuesta, sí, porque hoy día pueblan movimientos e individuos cuyo heteróclito mensaje poco o nada tiene que ver con el Mesías quien, en efecto, padeció un terrible tormento los días previos a su asesinato público. Pero eso se los recordarán este domingo en la iglesia o, si son del grupo dizque vanguardista de los unchurched, seguramente ya lo saben y conocen numerosas interpretaciones de tan magno y terribilísimo acontecimiento. Por eso no escribiré ni un poco más sobre ello, sino que quiero aprovechar para dejar ante ustedes 7 ¿palabras? ¡No! 7 pinturas que me gustaría ayudaran a repensar y reimaginar el evento. No sé para ustedes, pero para mí hay/hubo/habrá un fecundo sermón en cada una de ellas. Quien tenga ojos para ver, ¡que vea!

  1. Lamentación sobre Cristo muerto (Andrea Mantegna, h.1490)

La “Lamentación sobre Cristo muerto” fue pintada en un momento en el que Italia estaba llena de artistas monumentales. Entre esa espléndida multitud, el de Mantegna es quizá uno de los Cristos que más recordamos, aunque ni siquiera sepamos quién lo haya pintado. Hay muchos rasgos intrínsecos a la pintura, y otros extrínsecos (aquella azarosa similitud, encontrada por John Berger, con la foto del cuerpo acribillado de Ernesto Guevara tomada por un tal Freddy Alborta), que llaman la atención. Sobre los primeros, hay que señalar la inusitada perspectiva de la escena (eso que se llama escorzo y que llevó siglos desarrollarse exitosamente); además, vaya osadía, a medio camino de la línea central que recorre el cuadro, aparecen los genitales de Jesús, o al menos el bulto que provocan. y eso era ya casi obsceno en su tiempo (¡y ahora!). Es un Jesús cuyo rostro ya no respira, sin aura: es meramente un cuerpo muerto. Y eso es lo más doloroso del cuadro.

  1. Three studies for figures at the base of a crucifixion (Francis Bacon, 1944)

Quizá no haya pintura más extraña que hable sobre la crucifixión que este tríptico pintado al óleo por el inclasificable artista irlandés Francis Bacon. Es difícil explicar lo que hay aquí: masas amorfas, rostros deshechos sobre un charco uniforme de sangre. Es como un ensayo de hombre: un homúnculo, dirían los cabalistas. Hay en él una sensación de desgarro que atraviesa toda su extraña naturaleza. Quizá eso era para Bacon la crucifixión: la cúspide del dolor del cuerpo, el sitio donde el hombre podía expresar su desconsuelo en su máxima y vociferante expresión: el sitio donde el hombre perdía todo lo que lo hace hombre. Total: si Dios también se perdió allí, ¿por qué nosotros no?

  1. Via Crucis (Fernando Botero, 2011)

Todxs relacionamos al pintor oriundo de Medellín, Colombia, Fernando Botero, con gorditos. Y con gorditas. Esto despierta en la mayoría del público una inmediata simpatía: hay caballos gordos, niñas gordas, reyes gordos, toreros gordos, Adán y Eva gordos. Sabemos que Botero es un devoto de la línea curva y de cómo ésta brota en los cuerpos: los delimita y los (de)forma. A mí me gusta pensar, además, que la opción de Botero por los gorditos (y las gorditas) es en sí misma profética. Botero ha elegido volvernos a contar la historia del mundo poniendo como sujetos principales a seres comúnmente marginados y marginales. Y eso ocurre con su Vía Crucis. Un Jesús gordito es detenido en las calles colombianas, atendido por monjas devotas del Sagrado Corazón y golpeado por militares. Finalmente es crucificado dando la espalda a la ciudad. O, todo lo contrario: con la ciudad dándole la espalda.






  1. Crucifixión # 1 (He Qi)

Una de las asociaciones de artistas cristianos más importante es la ACAA (Asian Christian Arts Association). Entre todo este cúmulo de artistas visuales y plásticos, el chino He Qi destaca por la luminosidad de sus colores y toda la vida que exuda de ellos, aún en medio de la muerte y de lo sombrío. Su versión de la crucifixión no es la excepción. En ella, una mujer desnuda abraza el cuerpo de su salvador que, no obstante, su llaga, se revela como el Hijo en quien se complace Dios. Todo el ámbito de la vida humana (desde la infancia hasta la vejez) contempla el hecho y, a lo lejos, un hombre preso también es testigo (y eco) de esa injusticia. Y sí: la suma de todos esos dolores y sufrimientos es, paradójicamente, un cuadro lleno de vida.

  1. TV Crucifixión (Keith Haring)

 

A Keith Haring se le conoce sobre todo por ser un artista que en sus obras denunciaba la marginación y la violencia ejercida contra la comunidad gay y/o portadora del VIH. Es, formalmente, un artista pop que encontró en el grafiti la técnica donde se sintió más cómodo y por la que podía llegar al público que le importaba. En “TV Crucifixión” Haring lanza un irónico comentario sobre cómo la televisión ha alterado nuestra subjetividad y nuestra forma de interactuar con la historia. En un gesto netamente “pop”, Haring sitúa a los espectadores celebrando literalmente la crucifixión de Cristo, hecho que sólo pueden recordar ya, y revivir, gracias a la televisión. Si estaban pensando, queridxs lectorxs, ver todo el maratón de programas del History Channel sobre Jesús o consideran como parte de su devota tradición alguna de las películas clásicas de Semana Santa (“Ben Hur”, “Los Diez Mandamientos”, “El manto sagrado”), Haring tuvo razón.

  1. Trans-fixed (Chris Burden, 1974)

 

Cuando se tiró un balazo como parte de una exhibición en un museo, Chris Burden se convirtió en uno de los artistas imprescindibles del performance norteamericano. Comprometido con explorar los límites y la realidad del cuerpo a través del dolor y de la violencia que lo provoca, Burden llegó incluso a perforar sus manos cual mesías posmoderno. Pero esto lo hizo encima de un Volkswagen blanco: el símbolo de la industria automotriz en su rostro más bruto y comercial. Con esto, Burden pone el dedo en una de las llagas del mundo contemporáneo: su obsesión mercantilista. En una lógica no muy lejana a la de Hering, Burden nos recuerda que la religión también es un mercado donde los íconos, las reliquias y las creencias circulan igual que si fueran figurillas de colección y están sujetos a ese proceso de oferta y demanda que tanto ha pervertido nuestras vidas y nuestras relaciones hombre-mujer y hombre/mujer-Dios.

  1. The passion of Christ. A gay visión (Douglas Blanchard, 2014)

El libro escrito por Kittredge Cherry e ilustrado por Douglas Blanchard se encarga de recontarnos la historia de Jesús desde la vida de un hombre gay. Es una de las múltiples transfiguraciones de Cristo que han aparecido en tiempos recientes y que es imperante atender para no olvidar que Jesús es de todxs, con todxs y por todxs.

Bonus: Mural (Maximino Cerezo Barredo, 1988)

Jesús no se quedó en la cruz. Resucitó al tercer día y se reveló nuevamente a sus discípulos en su cuerpo definitivo: el cuerpo glorioso. Este hecho, la resurrección, ha configurado la esperanza del cristiano desde los primeros años que sucedieron al Pentecostés. Maximino Cerezo Barredo, en sus viajes por Centroamérica y Sudamérica, dejó huellas de esta certeza desde una perspectiva muy afín a la de la teología de la liberación. El mural que se encuentra en la Catedral de Prelatura en São Félix do Araguaia nos recuerda a ese “pueblo crucificado” del que hablara Ellacuría y, luego, Sobrino. Un pueblo (campesino, negro, trabajador) que sigue a Jesús en su cruz y que, como él, camina unido —no puede hacerlo de otra forma— hacia su resurrección: ¡la libertad!

 

Por: Samuel Lagunas
Lector / Poeta y crítico de cine
E- mail / samlag_89@hotmail.com

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