Depresión post-parto: más allá de la demonización (Parte 3)

Éste es el tercer escrito sobre un tema muy visto en la comunidad secular y satanizado en muchas comunidades eclesiales. Basta decir que la depresión es una patología que mal tratada causa severas cosas y hasta la muerte.

En esta parte hablaré de algo que muchos mencionan, pero pocos conocen en realidad, “la depresión post-parto”.

Depresión post-parto

Según las estadísticas aproximadamente el veinte por ciento de las madres que acaban de tener un bebé sufren de depresión post-parto, se puede dar poco después del parto o hasta un año después del mismo.

La madre sufre cierta intolerancia al bebé, al grado de considerar que éstos son fastidiosos y difíciles de cuidar, además de pensar que sus vidas (la de ellas) no valen nada y que sería mejor morir.

Mientras que el bebé, al no recibir señales o muestras de afecto emocional, lo que hacen es intentar consolarse ellos mismos con comportamientos como succionar o mecerse. Según los expertos los bebés buscarán el vínculo de sus madres. Si no lo reciben, entonces ellos mismos buscarán cómo dárselos. Sin embargo, esto puede causar severos problemas para el bebé, pues al no sentir amor de parte de su madre, entonces crecen con inseguridad, y con una estima muy baja, al grado de ser completamente inseguros en las relaciones interpersonales y ser antisociales (recordando que un antisocial en niños es aquel que está apartado de los demás y no interactúa con nadie [la patología lo llama así sólo hasta los quince años, después se llama “trastorno por evitación”]), ven el mundo como un lugar inseguro y lleno de personas que pueden causarles algún mal; son callados, pues su opinión no importa; se vuelven tristes y muchas veces malhumorados, no exploran su entorno, no buscan actividades que los desafíen y los hagan crecer intelectualmente; son llorones, desarrollan disturbios cognitivos y emocionales, se tensan ante situaciones en donde deben trabajar con otros, sus relaciones amorosas son castrantes y muy lejanas, esto debido a su pobreza emocional, tienden a sufrir accidentes que bien pueden evitarse fácilmente.






Cuáles son los síntomas

Algunas madres pierden el apetito y la falta de seguridad en ellas. Esto se ve mucho en las madres primerizas (sobre todo si son menores de 20 años), debido a que ellas creen que no sabrán qué, cómo y cuándo hacer algo, si el bebé llora. Los síntomas más visibles son:

  1. Llanto: llorar de todo y por todo, y no saber cuál es el motivo.
  2. Ansiedad: Se da mucho en la primera semana de dar a luz, y se refleja en reflujo, vómito y tics nerviosos por la nueva llegada.
  3. Cansancios: Debido a la nueva forma de vida, se sienten todo el día cansadas y no duermen.
  4. Irritabilidad: Este es uno de los síntomas más vistos, ellas se irritan de todo y por todo, sobre todo con su pareja, aunque pueden desplazar ese enojo con cualquier miembro de la familia cercana.
  5. Dudas: Sobre todo en la crianza del bebé.
  6. Culpa: Se sienten mal porque creen que no son capaces de educar o por lo menos cuidar del bebé.
  7. Aislarse: De la pareja y del bebé, sobre todo.
  8. Arrepentimiento: De haber sido madre.
  9. Suicidio: Quieren morirse, y, se intentan matar o por lo menos hacerse daño porque no son lo suficientemente fuertes para enseñar o criar a los bebés.

Mala madre. La idea de algunas iglesias

Aquí es donde entra la iglesia, porque muchas veces ellos (la iglesia) creen que la madre es “mala”, y que por estar en “pecado”, no acepta la “bendición” de un bebé, entonces la señalan, y hasta la satanizan, debido al constructo social que se tiene en la mente de “todas las mujeres desean ser madres”, y en realidad no es así, algunas quisieran no serlo.

La idea es aprender a ver el mundo desde otras perspectivas. No es que la madre sea mala, es que no sabe cómo llevar acabo su nueva vida.

Mi recomendación como terapeuta y presbítero es que las madres vayan a un psicólogo y que el pastor ponga a la disposición a madres (hermanas) con experiencia y con calidez a caminar con la nueva madre o con la que sufre esta patología, no juzgando, sino entendiendo la situación, más que oración, se necesitan porras, acompañamiento, apertura y mucho amor a la nueva madre.

Satanizarla o pensar que es “mala madre” no ayuda en nada, al contrario, lastima el ser interno y reduce las ganas de vivir.

La iglesia como hospital debe caminar con las madres primerizas, amarlas y dejar a un lado los prejuicios que no la dejan entender el dolor de otros. Satanizarlas o señalarlas no es una opción, aún y que éstas no tengan pareja, lo mejor es aprender a caminar con la madre y entenderla con la ayuda de un experto en el área clínica.

Por: Pbro. Marco Antonio Meza-Flores
Teólogo y Psicólogo Clínico GJ
Facebook / Canah – Un lugar de esperanza

 

 

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2 comentarios en “Depresión post-parto: más allá de la demonización (Parte 3)

  1. Muchas gracias por escribir sobre este tema… Desafortunadamente hay personas que piensan que esto es simplemente un “mito”

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