¿Se excluyen mutuamente la prosperidad y la justicia?

En temas de la Biblia; a menudo encontramos discrepancias entre lo que dicen unos textos y lo que exponen otros. Tanto los detractores de la Biblia, como aquellos que la adoran como si fuese Dios parecen cometer el mismo error: ver en ella un solo libro, cuando evidentemente se trata de una antología de diversos escritos por más de 40 autores; compilada en diferentes contextos históricos.

Sin embargo, ningún libro está exento de que puedan hallarse discrepancias en él. En cualquier otra obra, no solemos juzgar como contradictorio lo primero que nos produzca esa impresión. Casi siempre tratamos de indagar más. Un estudioso de las obras de Freud, no concluye automáticamente que el padre de la Psicología moderna cambió de opinión a través de los años sobre varias cosas, sino después de una cuidadosa investigación; aunque así fue.  Reconocemos que la Biblia que hoy día tenemos, y de igual modo la que la humanidad ha tenido durante largos siglos, contiene en efecto, contradicciones. Pero a veces descartamos demasiado rápido lo que no entendemos.

Hay dos enseñanzas en la Biblia que parecen chocar una con otra. Muchas Iglesias modernas han enfatizado y exagerado una de ellas, para fines lejanos al espíritu del verdadero cristianismo. Resulta grotesco oír a pastores predicando que el hecho de poseer una mansión de 20 habitaciones, un automóvil lujoso o un yate, mide el grado de Fe de un creyente y la aprobación que recibe de Dios. Pocas cosas pueden enseñarse que sean más anti bíblicas que esto. La Biblia abunda en condenas a los ricos que han hecho su riqueza explotando a otros. Ningún versículo bíblico enseña que la riqueza material sea garantía del favor de Dios, ni demostración de la Fe genuina de nadie. Un sistema como éste en que vivimos, donde las industrias arrojan al mar toneladas de alimentos porque tienen exceso de producción y no quieren bajar los precios mientras niños padecen hambre, es anticristiano por definición. Cuando se produce capital solamente por producir capital sin que importe nada más, el dinero deja de ser un medio para convertirse en un fin en sí mismo. Colosenses 3:5 dice que la avaricia es idolatría.

En Santiago 5:1-5 leemos: “¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla. Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros. He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis engordado vuestros corazones como en día de matanza.  Habéis condenado y dado muerte al justo, y él no os hace resistencia.”

Uno se imagina al apóstol Santiago leyendo este pasaje de su carta a través de un altoparlante frente a Wall Street o en la Zona Bancaria de Hato Rey en Puerto Rico, y en las altas probabilidades de que lo arresten. Aunque muy pocos se atreven predicar en contra de los abusos hacia los pobres y prefieren enfocarse en otros temas como el de la homosexualidad, a los primeros cristianos su prédica subversiva les costó la vida.

Pero no faltan en la Biblia, otro tipo de pasajes; pasajes que prometen riqueza material a los creyentes. Esta otra clase de pasajes sí son citados por los modernos predicadores de prosperidad, el de Santiago; ¡jamás! Pero la pregunta es, si podemos ver en esto una contradicción bíblica.






Tenemos, por ejemplo, 2 Corintios 9:10-11: “Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia; para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios.” ¿Se estará refiriendo solamente a riquezas espirituales? El contexto de estos versículos son las ofrendas, la liberalidad incluye el aspecto espiritual, pero es también la espontaneidad de dar generosamente. Textos hay también en el Antiguo Testamento como Proverbios 13:22: “El bueno dejará herederos a los hijos de los hijos, más la riqueza del pecador está guardada para el justo”, textos como Eclesiastés 2:26: “Porque al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría, ciencia y gozo, más al pecador da el trabajo de recoger y amontonar para darlo al que agrada a Dios.”

¿Quién es el pecador? Jesucristo mismo resumió todos los mandamientos en el amor; en realidad, no hay pecado que no consista de alguna manera en falta de amor. Una de las expresiones más claras de falta de amor por el prójimo es el egoísmo. La Biblia condena la riqueza que se construye a base de sistemas de explotación y desigualdad, a la vez que promete riquezas a los creyentes y hasta expone que las mismas les serán otorgadas por los pecadores. ¿Cómo armonizar esto?

Creo que la apuesta de los profetas, apóstoles y de otros autores bíblicos es a la implantación de un nuevo sistema. Hechos 4:32-35 dice: “Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común.  Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos. Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad.”

Creo que las promesas de prosperidad material que aparecen en la Biblia, hay que llevarlas del plano individual al comunitario. Las promesas son para la comunidad de Fe, en la medida en que se ayuden los unos a los otros. Una de las exégesis más populares en la Academia, aunque no muy conocidas entre el público, es que el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, que convirtió de pronto la escasez en abundancia, al grado de que sobraron 12 canastas después de que comieron más de 5 mil personas, sucedió primero en los corazones de los allí presentes que siguieron el ejemplo del niño y comenzaron a compartir todo lo que tenían. De entrada, esto suena como un rechazo al elemento sobrenatural, pero no es irrazonable suponer que, entre tanta gente, aquel niño no fuera el único que hubiera llevado algo, no es subestimar el poder de Dios que creamos que El primero opera en el interior del ser humano.

Estamos imbuidos de un discurso individualista que ha condicionado nuestra liturgia y nuestra lectura de la Biblia. En muchas congregaciones se canta un coro que dice: “Olvídate del problema, y del hermano que está a tu lado. Alábale con las manos, con los pies y con la boca, y verás como el poder, viene y te toca.” Sin embargo; es un disparate gritar: “¡Aleluya!” en solitario, porque “Aleluya” significa: “Alabemos a YAH.” Es plural, es en comunidad, no en aislamiento.

No hay que borrar las promesas de provisión material que encontramos en la Biblia, solamente entender que se materializan en la comunidad y cuando toda la comunidad asume su rol profético. La comunidad está llamada a encarnar el Reino de Dios y a extenderlo al resto de la Sociedad.  En vez de enriquecer al líder, al cual con frecuencia se le ve viajando en primera clase, vistiendo ropa costosa, conduciendo Ferraris y Jaguares mientras los feligreses languidecen en casuchas de paja la prosperidad bíblica es para todos. La Iglesia está llamada a cambiar ella misma, y luego a cambiar al mundo.

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Por: Julio Álvarez Rivera
Teólogo – Profesor
Facebook / Ministerio Juan 17:17

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