El concepto de Mujeres de la Reforma

Las mujeres le deben muy poco a la Reforma, pero la Reforma aún está en deuda con las mujeres.

Sin lugar a dudas, la Reforma del siglo XVI aún hoy en día mantiene una tarea pendiente con las mujeres en cuanto a su acceso a los espacios de decisión, a las diversas manifestaciones de su ministerio y en definitiva, al reconocimiento de una dignidad equitativa y total. Es importante aprovechar la conmemoración de los quinientos años de la Reforma para terminar con mitos y leyendas que nos impiden desarrollar en plenitud los potenciales que nos ofrece la hermenéutica bíblica que nos ofrece la teología reformada.

Al aproximarnos a ese aniversario y luego que lo hayamos superado,  estamos obligados a recuperar nombres, vidas y mensajes; y las propuestas de una nube de mujeres que testimonian una lectura desde la perspectiva femenina sumamente desafiante. Ninguna de ellas esperó en aquel entonces a que los reformadores les concedieran derechos y reconocimientos de dignidad, sino que desde el primer momento de la Reforma reclamaron, trabajaron y exigieron el lugar que esa nueva aproximación bíblica, teológica y pastoral revelaba.

En un primer momento, aplicando en toda su radicalidad el mensaje de los reformadores, se supuso que abrían un amplio abanico de esperanzas para todas las mujeres, el desarrollo inmediato y posterior del proceso reformador hizo visible que no todo iba a ser tan fácil para las mujeres ni para las comunidades de su pertenencia. El prejuicio y los estigmas no desaparecen tan rápido.






Llama la atención la presencia de Catalina von Bora como único modelo de mujer propuesto por los responsables del proceso de la reforma y tenemos que preguntarnos qué se esconde detrás de esa propuesta. Tratando de ser muy positivos sobre la persona y cualidades de esta mujer, tenemos que preguntarnos con sinceridad el protagonismo que la misma asumió durante su vida. A medida que uno profundiza en su biografía puede comprobar que todas las virtudes que se le atribuyen y que no podemos poner en duda, se relacionan siempre con el espacio privado de la existencia. Se afirma, y los documentos históricos lo atestiguan, fue una buena esposa, una buena madre y una excelente administradora de la economía doméstica. Inmediatamente y a continuación de esta valoración muy positiva surge la pregunta: ¿Es eso suficiente para transformarla en una mujer de la Reforma?

En general veo que es una mujer que casi no habla, y las pocas palabras que de ella conocemos proceden de un escrito que nace de notas tomadas por huéspedes y alumnos de Martín Lutero, recogidas en el contexto de las comidas en el hogar del matrimonio. Se conocen muy pocas cartas salidas de su mano y en todas ellas se tratan temas relacionados con la vida privada de la familia. No encontramos en esos muy pocos documentos una sola afirmación teológica o pastoral. Tampoco participa en forma destacada en los acontecimientos que se desarrollan a su alrededor y esto la diferencia claramente de las muchas mujeres que asumieron el pensamiento y la acción de la Reforma corriendo toda clase de riesgos.

La imagen que se ha construido a su alrededor, que muchas veces ocultó e hizo invisibles al protagonismo asumido por otras mujeres de aquel tiempo, y esa promoción de su figura tiene alguna intencionalidad que no es inocente. Claramente desde una perspectiva contemporánea, Catalina von Bora reúne todas las cualidades valoradas por un sistema patriarcal, misógino y claramente machista que hoy se cuestiona. Es una mujer que acepta ubicarse en el espacio privado de la vida doméstica, mientras que otras con valentía lo hacen en el espacio público.

Catalina representa a las mujeres que trascienden por su casamiento y subordinación con Lutero, pero que las virtudes que se detallan sobre su vida son las mismas que compartían en aquel tiempo y ahora muchísimas mujeres de las cuales sus nombres no han sido registrados. No podemos asumir que un casamiento sea un elemento que justifique su trascendencia y más cuando no forma parte de una estrategia asumida por Catalina para realizar alguna influencia en el espacio público.

Indudablemente, y no podemos poner en duda que fue una excelente ama de casa, excelente administradora, buena madre y dedicada esposa; pero ninguna de esas cualidades la transforma en una mujer de la Reforma. El estar casada con Lutero y ser la madre de sus hijos e hijas no la hace necesariamente protagonista de la Reforma. Estas virtudes domésticas las comparte con una multitud de otras mujeres cuyos nombres ignoramos. En ese contexto tenemos que preguntarnos por qué conocemos muy poco sobre las esposas de los otros reformadores.

En la conmemoración de los 500 Años de la Reforma tenemos que reformular qué entendemos por mujeres de la reforma. Tenemos que preguntarnos si es suficiente la cercanía física con un reformador para que una mujer se la considere como mujer de la Reforma. En este sentido el historiador Roland Bainton en su conocida obra “Mujeres de la Reforma”, tiene un uso sumamente amplio del concepto que por un lado se lo puede considerar como sumamente interesante, pero por el otro, muy poco claro. En su estudio ubica por supuesto a Catalina von Bora, que ha llegado el tiempo de cuestionar, o por lo menos debatir, pero también coloca a mujeres muy sabias y valientes en España que podemos considerar como precursoras de la Reforma, al mismo nivel que se ubica a varios varones como precursores del movimiento. Este es un debate pendiente.

Los diálogos contemporáneos sobre teología feminista y todas las cuestiones de género, muy generosamente nos llevan a rescatar del olvido y de los márgenes el nombre y la historia de aquellas mujeres que con muy buena formación humanista, teológica y bíblica, asumieron en un tiempo difícil protagonismos. La posición negativa de la Reforma con relación a la vida monástica cerró para las mujeres un espacio que les permitirá en algunos casos liberarse de la pesada carga de la vida matrimonial tal como se entendía en aquel entonces. Los sucesivos partos, la mala alimentación, el pesado trabajo doméstico tanto urbano como rural impuesto a las mujeres fue la causa de una mortalidad excesiva.

La Reforma valorizó positivamente la vida matrimonial en igualdad de condiciones con la vida monástica pero eso no significó una liberación o reconocimiento de protagonismo de las mujeres en el espacio público. La Reforma promovió la vida matrimonial pero en perspectiva patriarcal ya que no cuestionó para nada la estructura inequitativa de esa familia y el reparto de funciones. La Reforma no sacó a las mujeres del espacio doméstico sino que mantuvo todas y cada una de las pautas culturales existente en ese tiempo.

Las mujeres, aún en ese contexto,  encontraron siempre nuevos caminos para hacer valer sus aportes de forma muy imaginativa. . De hecho, muchas de ellas procedentes de esa vida religiosa consagrada utilizaron el matrimonio como un atajo para asumir roles sacerdotales y pastorales. Estas mujeres tenían una conciencia que al estar cerca de un eclesiástica, unida estratégicamente en matrimonio, las aproximaba tanto al púlpito como a las tareas de promoción social, que aún hoy llamamos de diaconía.-  Es importante reconocer los casos en que esas mujeres han tenido claro que el matrimonio con un pastor o un eclesiástico reconocido le permitirían por proximidad desarrollar actividades pastorales y de diaconía sumamente creativas. Esta es también una tarea a replantearnos con relación a los aportes que la Reforma hizo al mundo de las mujeres.

Por: Lisandro Orlov
Pastor
Facebook / Lisandro Orlov

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