Agua de vida: una re-lectura narrativa de Juan 4:6-15

Cualquiera que tenga 20 minutos para almorzar tiene que moverse rápido, con más razón si se trata de un viernes en San José[1] cerca del Parque Central. Alrededor de un millón de autos entrando y saliendo en unos pocos kilómetros a la redonda, sumado al calor del verano tropical resultan en un afán tal entre los caminantes, que a pesar de la muchedumbre que son, la distancia verbal entre ellos es tan grande que el paisaje más se asemeja a un desierto que a una ciudad.

Pasando ágilmente las hojas de la sección de sucesos hacia las de opinión un hombre lee el periódico en el costado del parque, ahí se encuentra solo y tranquilo, esperando a sus compañeros de ruta que andan buscando algo para almorzar, cuando levanta la vista distingue entre la multitud  a una joven mujer que camina despacio y erráticamente, de rostro sincero pero atormentado, viene cuesta arriba desde el hospital pensando en ese papelito sellado que le dio la secretaria fechado para dentro de dos años por una cita médica.

Por su condición ningún empleador se la ha jugado en darle trabajo fijo. Vive en el cuarto de atrás de la casa de sus abuelos, los únicos que se compadecieron en recibirla luego de todos sus desaciertos amorosos. Los tres se sostienen de la pensión del abuelo, ninguno en el barrio confía en ellos ni les ofrecen ayuda.






En medio de ese ambiente desértico ella busca algunas monedas para comprar un jugo, las ha contado varias veces aun sabiendo que no son lo suficiente, debe decidir entre el jugo o irse en el autobús. El hombre del periódico que la miraba a la distancia se levanta, deja su lectura con mucho orden en el mismo lugar donde la encontró -algún afanado había dejado el periódico olvidado- y se dirige hacia ella con una sonrisa a la vez que extiende su mano con una botella de agua.

̶  ¿Quieres agua?

̶  No puedo – dijo con débil voz a causa del dolor por la inflamación en su garganta – Si pruebo de tu botella podría contagiarte.

̶  Contagiarme ¿Cómo lo sabes?

̶  Fue lo que dijo una mujer la semana pasada cuando me vio tomando agua del recipiente del hospital, dijo que ahora nadie podía tomar de ahí porque yo lo había contaminado.

̶  Tranquila, puedes tomar de esta agua, no me pasará nada, no voy a contaminarme.

̶  No, no quiero. La última vez que un hombre me dijo que estuviera tranquila y que no iba a pasar nada las cosas no salieron muy bien.

̶  Es verdad. Pero esa vez tú no estabas tranquila, estabas buscando olvidar en quién fuera los maltratos que tu pareja de ese momento te hacía. Te sentías sola, tu familia te había dado la espalda, pero que sabían ellos de tu dolor, fue más fácil aislarte que escucharte.

̶  ¡Caramba! ¿Y usted que come que adivina? ¿Cómo sabe todas esas cosas de mí? ¿Nos conocemos de algún lado?

̶  La misma sed que tenías entonces todavía la tienes. Hay cosas que no se pueden ocultar ni con maquillaje, y ese tipo de sed es una de ellas. Pero tome, tome tranquila de esta agua, es agua de vida.

Ella tomó la botella con algo de inseguridad pero sorprendida por lo que escuchaba. Carente de respuestas racionales pero con una extraña confianza interior sentía como esa agua refrescaba algo más que su sed.

El hombre la interrumpió, le dijo que se dejará la botella, que la conservara, que le iba a servir para seguir caminando y resistiendo, que sería una fuente para los momentos de sed, y que a lo mejor le podría servir para dar de beber a otro sediento.

Un grupo de hombres llegaron en ese momento con algunas cosas para comer. Ella se fue, diferente, ahora tenía agua para cuando lo necesitara, ahora tenía deseos por llegar a su casa para contar a sus abuelos de un hombre que la había tratado diferente.

A lo mejor ellos también tenían sed.

 

Por: Cristhian Solís

Pastor – Teòlogo

Facebook: Cristhian Solís Ramírez

 

 

[1] Ciudad Capital de Costa Rica, Centroamérica

Un comentario en “Agua de vida: una re-lectura narrativa de Juan 4:6-15

  1. Excelente. Me gustaría la segunda parte… donde compartió del agua. Fijo el barrio completo empezó a buscar de esa agua.

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