Lucas 16,19-31: Una lealtad peligrosa

Se ha señalado por muchos estudiosos que en la teología lucana se refleja una especial preocupación por la justicia social y la condición de los empobrecidos. Según algunos autores, en Lucas -el ´Evangelio de la misericordia´ se percibe a un Jesús muy humano, lleno de “ternura solidaria” y “defensor de los derechos humanos”.

El testimonio dejado por los evangelios acerca de la vida y ministerio de Jesús con respecto a los vínculos humanos y el servicio hacia el prójimo demuestran opciones de vida que son muy distintas a las prácticas humanitarias o filantrópicas que corresponden a perspectivas pragmáticas, asistencialistas y clientelistas hacia el otro y el servicio al marginado.

Por ejemplo, en Lc 3, Juan el Bautista proclama las buenas nuevas con un mensaje de arrepentimiento y del perdón de pecados. Exhorta a sus oyentes vivir vidas consecuentes con el arrepentimiento, la justicia, misericordia y solidaridad (Lc 3,8.11-14). Aquellos presentes escuchaban estas palabras con tanto asombro y expectativa, posiblemente recordando las palabras de otros antiguos profetas de Dios, porque el texto comenta que comenzaron a preguntarse si este profeta del desierto podría ser al tan esperado Mesías.

Jesús sigue en esta línea profética con el mensaje de las buenas nuevas proclamando: “El reino de Dios está cerca. ¡Arrepiéntanse y crean las buenas nuevas!” (Mc 1,15). Sus palabras en una sinagoga de Nazaret en Lc 4,18-19 anuncian el “programa divino” de su ministerio. Sin lugar a dudas, las buenas nuevas van dirigidas particularmente a un sector de la sociedad de su época, buenas nuevas para los pobres, libertad a los cautivos, vista a los ciegos y poner en libertad a los oprimidos. Su vida va a reflejar una preocupación por la fraternidad, la solidaridad, el acercamiento y amor hacia los más débiles, los olvidados, los pisados, los marginados.

Es dentro de este marco, y particularmente el contexto del capítulo 16 del Evangelio de Lucas, que Jesús desafía a sus oyentes diciendo “Ningún sirviente puede servir a dos patrones. Menosperciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir a la vez a Dios y a las riquezas.” (Lc 16,13) No es cuestión de encontrar un “equilibiro”, un punto medio. Aquí, Jesús es sumamente contundente, radical. Nada de proceder a media tintas. ¿Por qué? Ubicado inmediatamente después de la parábola del administrador inteligente y tres versículos antes de la parábola del hombre rico y Lázaro, son claras las repercusiones en la vida del ser humano cuando las riquezas son el objeto de nuestra lealtad, de nuestros afectos, de nuestro servicio.






La parábola del hombre rico y Lázaro demuestra una vida puesta al servicio del dios Mamón. Describe magistralmente una vida dedicada al derroche, al uso egoísta de los bienes donde se pone en evidencia una concepción de la vida y del prójimo que expresa la lealtad absoluta puesta en las riquezas donde no hay lugar ni tiempo para la misericordia, la compasión y solidaridad hacia los más vulnerables, ignorando el sufrimiento del otro. Podemos decir que es la antítesis al ejemplo que vemos en Zaqueo, un poco más adelante en el Evangelio de Lucas (19,1-10). Allí vemos que el arrepentimiento y salvación para los ricos está íntimamente ligado a la ortopraxis con respecto a las riquezas. Es decir, el buen uso de los bienes puesto al servicio de los demás acompañado por una restitución de lo que se había negado y robado a otros.

Pues, he aquí una posible explicación por la radicalidad de la exhortación de Jesús. Por un lado, no hay plenitud de vida ni acogida por parte de Dios cuando las riquezas y los bienes son los objetos de las lealtades del ser humano. Cuando hacemos a un lado al que necesita abrigo, cuando ignoramos al vulnerable que no tiene para comer, cuando nos negamos a dar alivio al sediento, o visitar al enfermo, abandonamos una oportunidad de vivenciar ese misterio divino, el encuentro con Jesús en la angustiosa forma de los pobres. Por el otro, cuando disponemos nuestra vida al servicio del Dios de la vida, esta lealtad y fe neo testamentaria es plasmada en un servicio expresado a través de una ternura solidaria, de la sed y la práctica de la justicia en la cotidianidad de la vida para con los marginados y excluidos de nuestras sociedades Latinoamericanas. Es en medio de esta práctica solidaria del amor y la ternura que como seguidores y seguidoras de Jesús de Nazaret que experimentamos la bendición de Dios inherente en el servicio a nuestro prójimo.

Por: Walter Forcatto

Pastor, teólogo

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