¿Por qué ser cristiano?

El filósofo británico Bertrand Russell escribió un desafiante volumen titulado: “¿Por qué no soy cristiano?”  El teólogo católico Hans Kung escribió otro llamado: “Ser cristiano”. Títulos como estos no son infrecuentes en libros y artículos que intentan definir el Cristianismo. Es un desafió que no podemos evadir, ahora menos que antes.

Frente a una nueva generación que todo lo cuestiona, urge dar una respuesta a la pregunta: ¿Por qué ser cristiano? Indiscutiblemente, la geografía y la crianza son factores determinantes en las creencias religiosas de la inmensa mayoría de las personas. ¿Cuántos nos hemos dado la oportunidad de examinar las otras alternativas? Y vale la pena hacerlo, para lo que se descubre.

La ética budista, por ejemplo, es tan similar a la de Jesús, que leer el Dhammapada es casi como estar leyendo el Sermón del Monte. Allí encontramos en el capítulo 1 y verso 5 que se dice: “Los odios no se apaciguan con más odio, pero con amor se apaciguan. Esta es una ley antigua”. Si esta ética fuera seguida por la humanidad, el mundo resultante no sería realmente distinto al Reino de Dios que Jesús vino a establecer.






¿Hay algo que justifique nuestra “opción preferencial por el Cristianismo”, tanto como es defendible la opción preferencial por los pobres enunciada en los documentos de Puebla y enarbolada por la Teología de la Liberación? ¿No aparece la Regla de Oro en casi todas las culturas, así como la Fe en algún Ser Superior y la esperanza de vida después de la muerte? ¿No dice en el capítulo 15 y verso 23 de las Analectas de Confucio: “No hagas a otros lo que no quisieras que te hagan a ti”? ¿No dice el Bhagavad Gitah 6:32: “Cuando alguien responde a las alegrías y sufrimientos de otros como si fueran los suyos, ha alcanzado el nivel más alto de unión espiritual”?  ¿No se parece esto a Romanos 12:15: “Llorad con los que lloran, alegraos con los que se alegran”, donde Pablo, por cierto está citando del libro apócrifo de Eclesiástico o Siracides 7:34 que dice lo mismo?

Ante estos hechos, si me preguntan por qué soy cristiano, respondería que una mera creencia no me hace necesariamente mejor persona, que mi Cristianismo no se trata de excluir a los creyentes de otras religiones y que creo que en alguna medida Dios se ha revelado a todas las culturas. Esto explicaría por qué Pablo pudo hallar verdades acerca de Dios incluso en la Poesía de Aratos de Tarso, al citarla en Hechos 17:28 en su discurso en Atenas: “Como también algunos de vuestros propios poetas han dicho: ‘Porque linaje suyo somos'” .

Pero también respondo que Jesucristo no es una doctrina, ni un grupo religioso. Él es una persona. Es una persona real. Así como el teólogo suizo Karl Barth sostuvo que la Palabra de Dios viva y eficaz que describe Hebreos 4:12 es Jesucristo mismo quien está vivo y nos habla, y que la Biblia es sólo un vehículo, un testimonio de la revelación divina, de mano de esta idea hay que comprender que Jesucristo es un amigo, no una lista de dogmas. Solemos tener a un amigo más cercano e íntimo, más inspirador de confianza y a quien dedicamos más tiempo. Ser cristiano es caminar con Cristo, seguir su ética es parte de ello pero también lo es una relación personal.

Cuando Él llega a la vida de alguien, la transforma. Creemos de verdad y vivimos lo que dice el viejo himno: “¡Oh, qué amigo nos es Cristo!” Jesucristo no es sólo para aquellos que se denominan cristianos. Es inclusivo, es para todos. Todo el que quiera tener una relación personal e íntima con Jesucristo, la puede tener. Y Él quiere que la tengamos. Eso, mucho más que una doctrina, e incluso más que solo una ética que me esfuerzo sinceramente por seguir, es lo que significa para mí llevar el nombre de Cristiano.

Por: Julio Álvarez Rivera
Teólogo – Profesor
Facebook / Ministerio Juan 17:17

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