Haz tú lo mismo – TeoFicción

Sangraba bajo el casco de bronce, con el calor del sol de Palestina en el verano ardiendo en sus sienes. Veinticinco zelotes yacían muertos y Cayo Mario Cornellius, el último soldado romano apretaba con fuerza su lanza y su escudo, plantándose frente a los cinco galileos que sobrevivían y habían tomado las armas del pequeño grupo que les acompañaban en ese paraje de Nazaret. Estaba solo, todos sus escoltas yacían  muertos en el suelo. los Rebeldes les habían sorprendido en pleno descanso viajando con solo cinco de los nuevos reclutas; ya los zelotes se aprestaban a liquidarlo rodeándolo.

-“Venid , hijos de perra y os enseñaré cómo mata un verdadero soldado romano… ¡De frente!”

Envalentonados y picados por las palabras dichas en griego koine por el romano, se fueron al ataque con furia. Pero Cornellius Nuevo Centurio, enviado desde Italia era muy diestro, les esperó con la lanza en ristre y sin siquiera esforzarse, tres de ellos terminaron ensartados en el arma al irse de frente, luego sacó su espada e hizo varios cortes a los otros dos sorprendidos galileos que no tuvieron ninguna oportunidad con sus cortas sicar:

-“¡Roma Víctor!” -Gritó dándose ánimos en medio de los cuerpos de amigos y enemigos. En poco tiempo había acabado con los rebeldes, pero en ese momento se dio cuenta que un dolor agudo en su costados le quitaba el aliento, uno de los galileos le había alcanzado a herir en una juntura de su armadura. El dolor lo dobló de rodillas, la herida era profunda.

-“¡Maldicion!” 

Debía alcanzar el regimiento “El Italiano”, pero este aún quedaba muy lejos, sin embargo sabía que solo allí encontraría auxilio y no en ese paraje extraño abandonado por los dioses. Caminó buscando su cabalgadura, pero los zelotes habían hecho un buen trabajo degollando a todos los animales.






Sin embargo quedaba solo la mula en que pensaban llevarse las armas. Tomando al animal, el romano empezó su largo viaje. Durante tres horas soporto el ardiente sol. Al fin el romano debilitado por la herida, el calor y la sed, cayó del mulo en un recodo del camino. Estaba perdido y lo sabia, sediento, pensó que moriría, cuando escucho una voz nítida y cristalina, y una figura se le acercó haciendo una pregunta en ese ininteligible sonido gutural que es el arameo; –¿Baseder?

¿Quo Vadis? Preguntó a su vez en latín el muchacho, porque eso parecía, se rió al escucharlo y le replicó esta vez en griego koiné, idioma en que se comunicaban todos en la zona:

-¿Quiere un poco de vino? 

–¡Sí por Zeus!, Dame acá muchacho.– El Romano bebió del  pellejo que le tendió el joven, luego, más reanimado, notó que era un adolescente aun imberbe y que le miraba sonriente mientras le limpiaba su herida.

Gracias muchacho, ¿Cómo te llamas? 

–Soy Yeshua de Nazaret, viajo con mi Padre a Jerusalén y le encontré aquí herido: 

-¡Un Judio! ¿Pero… Por qué me ayudas? 

–Mi madre me ha dicho que siempre debemos mirar para ayudar a nuestro prójimo, es lo que Abba desea. 

– ¿Abba? –pregunto confundido. El muchacho sonrió –ja, ja, ja lo siento, Adonaí mi Padre.

 -¿Adonaí, No Es como llamas a tu Dios? … ¿Sabes qué? ¡Olvídalo!. No quiero deberle favores a un galileo cuando hoy maté a cinco.-

El muchacho pareció ponerse muy triste y esto causó pesar al centurión, aun sin entender porqué ese extraño joven le influía así, tomo del vino y observo la herida, extrañamente le dolía menos, y parecía solo un corte superficial.

–Discúlpame muchacho, no quise ser grosero, gracias por tu ayuda. ¿Qué puedo hacer por ti?.

Solo haz lo mismo que yo por otro Cornellius  

-¿Como sabes mi…bueno, bueno. Lo haré muchacho, eres el primero que no intenta matarme desde que llegué, ¿Dime, cuánto falta para alcanzar  el regimiento “El italiano?”-  El joven Sonrió y le ayudó a levantarse en el recodo del camino . A 100 pies había un regimiento completo de soldados romanos y peregrinos que viajaban a Jerusalén. Sonrió y volteó a dar las gracias, pero el muchacho ya se estaba yendo por otro lado.

Por: Josue A. Vargas
Teólogo y Catedrático en Humanidades
E mail: josuevarjordan@gmail.com

 

Imagen: War Horse

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