El fariseísmo en el cristianismo

El evangelio de Juan, estudiado por muchos a lo largo de la historia nunca dejará de sorprendernos. La compresión Cristológica a la que llegó la comunidad joánica de finales del siglo I e inicios del siglo II es, sin duda, una evolución del pensamiento respecto de la incipiente tradición de las demás comunidades de línea petrina. El libro de los signos (Jn 1,19 – 12,50) describe la misión de Jesús, principalmente a través de 7 signos, cada uno con una enseñanza que supera el concepto de milagro relatado en los evangelios sinópticos y que nos muestra un Jesús identificado directamente con el Padre, en constante conflicto con las autoridades religiosas judías y revestido de autoridad.

El texto que quiero proponer es la perícopa de Jn 5,1-18, que relata el tercer signo realizado por Jesús: la curación de un enfermo en Jerusalén. El texto se halla dentro del capítulo 5, que se trata de un solo relato, que se puede dividir en dos secciones principales: Curación del enfermo en la piscina (1-18) y Discurso sobre la obra del Hijo (19-47). La unidad del texto se produce por sobre todo por una peculiar concentración del espacio y del tiempo; cada escena con su propio colorido.[1] Lo importante a resaltar, es la referencia que hace el autor del texto al día sábado, todo tuvo lugar en sábado, y esto sustenta todo el dramatismo del relato.[2]

Piscina, ¿en la Puerta de las Ovejas?

Esta era una piscina que se encontraba en la Puerta de las Ovejas, traducción asociada a la palabra puesta allí. Los manuscritos griegos varían en cuanto al nombre de la piscina: Bethesdá, Betzatá, Betzaidá, Belzetá. En Qumram se encontró un rollo de cobre que contiene los nombres de 64 sitios, casi la mitad de Jerusalén. Uno de ellos es Bet’esdatain, plural de Bet’esdá(h) y alude a una piscina.[3]






El arameo de esta palabra es Bet-Jesdá, que traduce “casa de misericordia”, señala así la importancia teológica que tiene para el autor, al igual que en la piscina de Siloám (9,7), que significa “el enviado”. En otros manuscritos se le conoce con el nombre de Bethzatha, cuya traducción podría ser “casa del olivo”. En otros tiene el nombre Bethesdá, que traduce igual que el arameo “casa de misericordia”.

Quiere entonces el autor sagrado resaltar el lugar donde sucede este signo, lo describe con gran detalle y quienes están allí. Jesús por iniciativa propia entra a ese lugar y sana a un enfermo, que sabía que llevaba así mucho tiempo. Jesús configura entonces una auténtica casa de misericordia sin necesidad de la piscina, en quien reposaba la fe de todos los que alrededor estaban.

Uso del verbo ἐγείρω

Aunque tal vez, el enfermo (seguramente paralítico) estaba esperando que Jesús le ayudase a llegar a la piscina, con una palabra Jesús lo cura: “Levántate, toma tu camilla y anda” Estas palabras tienen semejanzas narrativas con las curaciones de los evangelios sinópticos (Mc 2,12; Lc 13,10-17), pero acá sin ningún acto de fe, Jesús pronuncia una palabra soberanamente eficaz, que devuelve al instante la salud al paralítico. Juan quiere manifestar el poder absoluto de Jesús.

Lo interesante en ese caso es el uso del verbo griego ἐγείρω que es usado por los sinópticos, en voz pasiva, para hablar sobre la resurrección. Un ejemplo es Mc 16,6 “Más él les dijo: No os asustéis: buscáis a Jesús Nazareno a quien colgaron del madero; resucitado es, no está aquí; he aquí el lugar donde le pusieron.” Entonces es el Padre quien levanta, quien resucita a Jesús, él no resucita por sus propios medios. Ahora bien, en Juan tiene una connotación similar, pero desde una perspectiva diferente. ¿Qué es ἐγείρω para Juan?

Dentro del mismo capítulo, un poco más adelante en 5,21 Juan mismo se encarga de respondernos: “Porque, así como el Padre levanta a los muertos y les da vida, asimismo el Hijo también da vida a los que Él quiere” Sí, el verbo usado por el autor sagrado para decir que el Padre levanta a los muertos es el mismo usado por Jesús (v. 8). La curación es entonces un acto de pasar de la muerte a la vida.[4] No se trata solamente de un acto de curación física, sino que implica una resurrección a nivel espiritual, llegar a la vida y vida, desde el punto de vista joánico es la verdadera para aquel que cree. La curación es entonces resultado de la palabra de Jesús, que participa de la fuerza y de las propiedades de la palabra de Dios.[5]

La cuestión del Sábado

El sábado es un tema fundamental en el evangelio de Juan, Son varios los relatos que el autor joánico coloca en sábado, pero principalmente en este capítulo 5, cuya segunda parte muestra un discurso de Jesús referente a su autoridad como a su punto de vista sobre el sábado.

Para recordar, los fariseos habían añadido a la ley de Dios restricciones rabínicas y se agudizó en el tema del día del reposo. En lugar de considerarlo como un día consagrado especialmente para obras de gratitud por la salvación que Dios había concedido, lo miraban como día de descanso de todo trabajo común con vistas a una salvación que el hombre debía merecer. Para ellos día de descanso era holganza, para Jesús era trabajo.[6]

Visto desde el punto de vista literario surge una dificultad en cuanto a la mención del sábado, ya que en la tradición sinóptica cuando se hacía un relato de curación en sábado, éste lo ponía al inicio del relato. En Juan, se conoce que es sábado hasta el final (v.9). Esto ha dado para pensar que, en el relato primitivo, no se hacía mención al sábado, aun cuando se le conocía a Jesús su postura frente a la ley. Pero ¿Qué significado tendría el relato si se suprimen los vv. 9b-13? Otros relatos sinópticos semejantes en que no aparece el tema del sábado, ilustran generalmente la fe del enfermo o de sus allegados, una fe que mueve a Jesús a poner en juego sus poderes milagrosos. Pero en este relato no aparece una fe semejante, sólo sirve para ilustrar la compasión de Jesús, quizás de un modo semejante a lo que vemos en la curación del hijo de la viuda (Lc 7, 11-17). Habitualmente, sin embargo, en este tipo de relatos se destaca más explícitamente la compasión de Jesús. Casi se puede decir que el motivo del sábado es necesario para dar a este relato algún significado más allá de la fe.[7]

Para Blank (1984), el hecho de que se haya informado que esto ocurrió en sábado al final de la perícopa, indica, sin duda que se trata de una glosa que no estaba originalmente en la historia, sino que fue tomada de otra tradición e introducida aquí. En este sentido afirma que la intención de colocar este evento en sábado es: Nada más que la presencia de la salvación escatológica y la presencia del amor de Dios que salva al hombre.

No peques más para que no te suceda algo peor

Muchos que afirman que, aunque la fe no fue necesaria para la curación del enfermo, si era necesaria la conversión y que la respuesta de Jesús del versículo 14 “Mira, estás curado; no peques más, para que no te suceda algo peor” implica obligatoriamente que el enfermo estaba en pecado, incluso hasta afirmar que su enfermedad era consecuencia de su pecado.

Esta es una superficial comprensión, que deja por fuera detalles importantes a tener en cuenta, como lo relatado en 9,3 que es un rechazo explícito que hace Juan a estas conjeturas. “No peques más” dice Jesús. Entonces lo primero que debemos preguntarnos es ¿Qué es pecado en Juan? Para el evangelio de Juan, el pecado es uno: el pecado del mundo que sólo el cordero quita. El pecado del mundo (de los hombres) se basa en la incredulidad, no creer en la liberación por medio de la verdad del Hijo. ¿Entonces estaba enfermo por no creer en Jesús hace 38 años? El verbo usado en presente ἁμάρτανε (v.14) puede dar una idea que Jesús se refiere a la situación presente de este hombre y no a lo sucedido hace 38 años.[8] La situación presente sucede en el versículo 13, donde el hombre no sabía quién era Jesús. Este “saber” ᾔδει tiene dos implicaciones: no supo quien lo curó y no sabía quién era Jesús; así que la invitación de Jesús es a proclamarlo, ser testigo de su obra.

“…para que no te suceda algo peor” El hombre llevaba 38 años enfermo ¿Qué puede ser peor que eso? Una muerte espiritual ante Dios. El hombre no debe pecar más, es decir, él debe dejar de decir que no sabe quién es Jesús. Acto seguido, el hombre anuncia a los judíos que fue Jesús quien lo curó.

Comprensión Hermenéutica

Si nos transportamos hacia finales del siglo I, y fuésemos nosotros los receptores de este mensaje, seguramente nos generaría un impacto muy fuerte, porque rompe todos los esquemas de la naciente tradición cristiana. Ahora bien, tenemos 20 siglos encima de larga tradición, donde se han ido tomando posturas y doctrinas (hasta dogmas) que se han arraigado en lo profundo del corazón del nuevo pueblo de Dios. Este pasaje de Juan, enseñado en el siglo XXI desde la exégesis, sin duda alguna también generaría una conmoción y una reacción repelente. Presento a continuación algunos aspectos de este pasaje que entran a chocar con varias de las creencias en el cristianismo actual.

En esta curación, Juan nos deja ver que la fe no fue necesaria para recibir sanación-restauración. Sólo fue necesaria una palabra de Jesús y el hombre se curó inmediatamente. ¿Cómo explicar entonces, que la fe no es necesaria para la curación? Con este interrogante no estoy afirmando que la fe en Jesús no sea importante y salvífica, pero sí es necesario entender que el actuar de Dios es por simple y pura misericordia, no exige requisitos ni algo a cambio de nuestra parte. No se trata de restar importancia al creer, todo lo contrario, animar a creer más en un Dios que es todo misericordia para nosotros.

En la actualidad, el cristianismo se ha ido cargando de pesadas cargas, como lo hizo el judaísmo en la época de Jesús. Tenemos doctrinas que, en vez de acercarnos a Dios, nos aleja de creer. Un ejemplo de ello es la fuerte insistencia en el cumplimiento de los 10 mandamientos, con el concepto judío que si los cumplimos ganamos la vida eterna. Y si más bien enseñamos que la vida que Jesús da ya la tenemos, una vida que nos plenifica y nos conduce al servicio comunitario, ¿no sería mejor mostrar esa comprensión joánica de Dios, donde damos porque ya hemos recibido, en vez de dar para recibir? O qué decir ante las afirmaciones temerarias de ciertos cristianos en cuanto al origen de las enfermedades. Juan es contundente, el pecado NO es un castigo, NO es consecuencia del pecado ¿por qué seguimos predicando en contra de la Verdad?

El final del pasaje es muy claro, Juan quiere mostrar a Jesús en unidad con el padre, un Padre que siempre trabaja, que no descansa. El contraste de la visión de Jesús versus el de los judíos en cuanto a la ley es muy marcado; tan marcado como lo estaría hoy en contraste con gran parte de la doctrina cristiana, que es carga pesada.

El sábado es a los fariseos, lo que la doctrina más ortodoxa es a los cristianos actuales. Jesús quiere romper esas ataduras, ¡déjate liberar!

Por: Fredy Lara
Observador Teológico
E-mail: fredy.lara@gmail.com

 

Referencias:  

[1] Sjef Von Tilborg, Comentario al Evangelio de Juan (Estella: Editorial Verbo Divino, 2005), 106

[2] Tilborg, Comentario al Evangelio de Juan, 106

[3] Salvador Carillo Alday, El Evangelio según San Juan (Estella: Editorial Verbo Divino, 2010), 202

[4] Tilborg, Comentario al Evangelio de Juan, 109

[5] Josef Blank, El Evangelio según San Juan. En: El Nuevo testamento y su mensaje.    Tomo 1. (Barcelona: Editorial Herder, 1984), 16

[6] Hendriksen, El evangelio según San Juan, 174

[7] Brown, El Evangelio según San Juan I-XIII, 463

[8] Hendriksen, El evangelio según San Juan, 175

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