Vaciarse de uno mismo

“Es sólo en el vacío donde se halla lo que es verdaderamente esencial. Es el vacío que hay entre los radios de una rueda, lo que hace que la rueda pueda utilizarse. Es el vacío que hay en el interior de las vasijas, lo que hace que las vasijas puedan utilizarse. Es el vacío que hay entre las paredes de una habitación, lo que hace que la habitación pueda utilizarse. Por eso, el Ser es de utilidad. Pero es el No-Ser, lo que hace que el Ser pueda utilizarse.” (El Tao te King, capítulo 14, traducción de Roberto Pla, Editorial Diana, 1972)

Algunos filósofos taoistas interpretaron estas palabras de Lao Tse, para quien el Tao era un principio indefinido y probablemente impersonal, como un argumento en pro del Ateísmo, de la no-existencia como el origen de la existencia. Otros filósofos modernos evocaron la misma idea.

El título elegido por Jean Paul Sartre para su libro: “El Ser y la Nada”, parece recoger un concepto similar. Pero yo creo que esta no es la única forma de aplicarlo. De hecho, creo que hay mucho más en esta reflexión que meramente negar la existencia de Dios, si fuera ese el caso. ¿Pensaría Pablo en algo parecido cuando dijo en 1 Corintios 1:28 que Dios usa lo que no es, para deshacer lo que es? ¿No tiene el vacío, poder para destruir y para crear?






El hecho es que la eyaculación es un vaciamiento, igual que el parto. La vida no consiste solamente en experimentar la plenitud, ni la felicidad se reduce a eso. Siempre hay que vaciarse de algo para llenarse de algo más. ¿No es eso lo que expone Filipenses 2:5-7? “Haya pues en vosotros este mismo sentir que hubo en Cristo Jesús, el cual siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres”.

Sabiendo que la palabra “kenosis” significa: “vaciamiento”, la version de Luis Alonso Schockel en vez de decir: “se despojó”, dice más acertadamente: “se vació a sí mismo”. El acto de vaciarse, el vacío, como decía la cita del Tao te King al principio de este artículo, se presenta como la fuente de la dotación de vida que recibimos en Jesús y de la posterior exaltación que él recibió. Sin embargo, la Traducción del Nuevo Mundo de los Testigos de Jehová de 1961 (que fue la primera edición completa de la Biblia que ellos publicaron en español, y distinta a revisiones mas recientes de la misma versión) dice: “Retengan en ustedes esta actitud mental que también hubo en Cristo Jesús, quien aunque existía en la forma de Dios, no dio consideración a un arrebatamiento, a saber, que debiera ser igual a Dios”.

Obviamente no es lo mismo que: “No estimó el ser igual a Dios como cosa a qué aferrarse”, según la versión Reina Valera donde se parte de que Jesucristo es y era Dios, pero que no se aferró a ello y se humilló como hombre, a lo que dice la versión de los Testigos de Jehová: que no arrebató el ser igual a Dios. Ellos lo interpretan en el sentido de que Jesús no era Dios, ni tampoco quiso quitarle a Dios la posición que sólo a Dios corresponde.

Lo interesante del caso es que en griego no dice: “aferrarse” sino: “arebatar”, “harpagmon”, esencialmente la misma palabra que se utiliza en 1 Tesalonicenses 4:17 cuando dice que seremos arrebatados en las nubes para el encuentro con el Señor. La traducción de los Testigos de Jehová en lo que a éste versículo se refiere, es correcta. La interpretación, cuestionable.

Los que tradujeron la Reina Valera cambiaron “arrebatar” por “aferrarse” porque no podían armonizar la idea de arrebatar el lugar de Dios con la Deidad de Cristo, quien desde la eternidad ya había ocupado ese lugar. Pero Pablo en realidad diserta sobre la humillación de Jesucristo sufriendo la muerte en la cruz. Él era el legítimo heredero del trono de David. Y si hay un atributo indiscutible de Dios es el de Rey.

Él pudo haberle arrebatado a los romanos el reino por la fuerza, pasando entonces inmediatamente a ocupar el lugar al que tenía derecho como Rey en la Tierra y como Dios en el cielo sin sufrir, pero no lo hizo. De hecho, la interpretación de los Testigos de Jehová rompe la analogía que Pablo propone. Dice unos versos antes en el capítulo (en el verso 3) que debemos estimar a los demás como superiores a nosotros mismos, pero Pablo parte para esto de la convicción de que somos iguales, y por igual estamos llamados a servirnos unos a otros.

Cristo era igual a Dios, pero no reclamó con violencia ni arrebató por la fuerza los privilegios a los que tenia derecho como tal, sino que eligió el camino del servicio, del sacrificio. Al hacerse igual a los hombres mortales, tampoco peleó violentamente por la dignidad que al menos como hombre le correspondía, sino que se vació más todavía. ¿Es esto resignación conformista ante el abuso? No. Poner la otra mejilla es retar al adversario. ¿Crees que me hiciste algo con golpearme? No has logrado siquiera que me mueva. Aquí permaneceré.

Por: Julio Álvarez Rivera
Teólogo – Profesor
Facebook / Ministerio Juan 17:17

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