Viaje a otro mundo sin moverse de su país – Teoficción

(Relectura) Soy un Alijuna, esa es la denominación del extranjero que no conoce al pueblo Wayuu, que no habla la lengua Wayuunaiki, y por ende, no participa de sus tradiciones. He pasado por creer que el Dios cristiano a veces es más un Alijuna para su pueblo, extranjero para la cultura y realidad concreta. Un concepto cargado de omnipotencia que vuela lejos. “La gloria de Dios”… —Ay tan linda la hija de Montaner.

Y mi pueblo, que al norte se muere de sed, suplica no por oraciones condensadas en lluvias virtuales, sino verdaderas caricias del rocío, de alimento, y una esperanza verdadera. Allá no hay Moisés de leyenda ni realidad. En poco un nuevo ángel Wayuu morirá a la desgracia del estómago vacío, como la luna del desierto.






Moisés le preguntó a Dios, —¿Por qué fui elegido para guiar este pueblo de rocas y jarrones rotos?—. Y Dios, que tanto gusta el silencio, quiso responder para consolar a los tristes. Así dijo: Mira esa roca, golpéala, —sigue la interpretación del relato porque te lo tomas todo literal—, si te das cuenta el grito y el golpe son vacíos para mí. Más bien, ve y excava. Así cumplirás mi orden en realidad.

Preséntate al pueblo, cávales y enséñales a cavar. Los hice salir del anonimato a los Wayuu, no para verlos agonizar en noticias del medio día, sino que se apedreen los corazones vagos de votos. Primero comienza por la esquina de país, el corazón. Ahí tienes que excavar. Éxodo 17:3-7

Por: Diego Garrido Barreto
Escritor / Literato
E-mail: diego_gadobato@hotmail.com

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