Marción e Ireneo de Lyon (los creadores del canon)

Tenemos que tener presente que el cristianismo en sus primeros siglos gozó de muchas interpretaciones formales y teológicas, que hizo que un  Concilio convocado,en Nicea en su palacio de verano, el año 325, por Constantino I, decidiera cuál sería el cristianismo reconocido y que debía unir al Imperio. Recordemos que Decio[1] con su mos maiorum, hizo el primer intento de unir al Imperio en torno a la religión de los padres.

En realidad los primeros en preocuparse por el tema fueron los Severo, que ordenaron las provincias y el ejército. Eran de África del Norte y se desempeñaron bien en función de sus fines, pero no pudieron lograr la unión del Imperio, demasiado grande ya en ese momento. Aumentaron la edad del Servicio Militar de 20 a 35 y el que llegaba vivo recibía como premio la titularidad de un terreno, que generalmente estaba en los límites del Imperio, juntos a pueblos que todavía no se habían integrado.

Decio lo intenta entonces culpando al cristianismo de las divisiones. En el ejército muchos eran cristianos y otros mitraístas. Mitra también ofrecía la vida después de la muerte, lo que era más que interesante para un soldado, pero no aceptaban mujeres y el cristianismo sí, y esa fue una diferencia muy grande en muchos de los movimientos que se generaban, sobre todo en Asia Menor, donde la mujer era bien considerada… Y no olvidemos que Luvios e Hititas tuvieron como jefa del panteón a una mujer.[2]






Desde sus primeros años el cristianismo tuvo que lidiar con muchas interpretaciones sobre algo que es difícil de explicar o imposible : la divinidad de Jesús. A la vista están en primera instancia el combate que tienen que presentar los apóstoles, en primer lugar para explicar el evangelio a un vasto mundo cultural y étnicamente cosmopolita, y en segundo lugar para librarlo de lo que estos introducían de manera negativa a la centralidad del evangelio mismo: Cristo (gnosticismo incipiente, judaizantes, fabulas y genealogías, etc). Sin embargo fue tarea de la segunda generación de los padres de la iglesia, el combate más acérrimo contra las herejías de la segunda mitad del siglo II que vieron un importante avance en ambos lados.

Es menester caracterizar brevemente el contexto histórico de la presente época. Si en los primeros pasos del cristianismo los padres apostólicos y las mujeres que seguían a Jesús, enfocaron sus fuerzas en dar respuestas a las preguntas que surgían del evangelio enfocados al cuidado pastoral, y los apologistas a defender su fe que era causa de las persecuciones, los de la segunda generación se enfrentaron a importantes y graves problemas con movimientos tan avanzados en su propio seno que hicieron peligrar al cristianismo obispal, que finalmente logra imponerse como la única posibilidad válida o reconocida[3]. Sin embargo esta importante avanzada de la época produjo también significativas definiciones doctrinales de la ortodoxia, podemos citar una de las más importantes: las primeras definiciones del canon bíblico.

Justamente fue Marción que precipitó la definición ortodoxa del canon escritural. Nacido en la región del Ponto, en la ciudad de Sínope, hijo de un obispo ortodoxo y económicamente acomodado, vivió entre los años 85 y 160 d.C., en uno de los retos que estaban al borde del Mar Negro, o Pongo, como lo llamaban los romanos. Todo lo que conocemos de él nos viene principalmente de Tertuliano[4], aunque también algo de Ireneo. Luego de un recorrido por Asia Menor, Marción llega a Roma donde pretende ser reconocido por la iglesia, sin embargo es rechazado por lo que decide fundar su propia comunidad frente a la ya existente. El crecimiento del marcionismo fue tal que en determinado momento parecía que saldría triunfante del conflicto generado en el seno mismo de la iglesia, pero su movimiento decreció y finalmente desaparece.[5]

Si bien en los siguientes párrafos describiremos brevemente su pensamiento que indudablemente lo condujo a la sentencia herética por parte del cristianismo “oficial”, el gran aporte por su parte a la historia eclesiástica es que le debemos la primera lista del canon bíblico, por lo tanto el precursor del debate canónico que no se cerraría parcialmente hasta finales del siglo IV[6]. Marción quería borrar todo resto de judaísmo de los escritos que comienzan a circular entre las comunidades.  La pregunta de fondo es, ¿Era necesario primero ser judío para poder ser cristiano? Marción dijo ¡NO! Y eliminó todo lo que oliera a judaísmo del cánon.

El pensamiento de Marción es particular, puesto que los historiadores y teólogos no lo califican como gnóstico, aunque sí es francamente dualista. Para él, todo el mundo material es malo, aunque no necesariamente en el sentido estrictamente ontológico, sino más bien  en el sentido religioso. La ley y la justicia es todo lo que gobierna este mundo, contraponiéndose al evangelio de Jesucristo en el cual reina la gracia y el amor. De este modo, Marción llega a observar que el creador Yahve del A.T., lleno de justicia y ley, no es el Dios padre de Jesucristo abundante en gracia y amor. Para él y para los gnósticos, el A.T., no revela al mismo dios que da a conocer Jesús, ni se trata de una religión “primitiva”, sino de un dios o principio inferior con características que abundan en lo materialmente malo. Por lo cual no se libra del error derivado de este dualismo: el docetismo. La aparición espontánea de Jesús lo libra del dios creador del A.T. y revela un Dios superior con marcadas características diferentes.

De este modo Marción es llevado por sus ideas y convicciones a marcar una novedad en su tiempo: fijar una lista de libros canónicos. Los cuales indudablemente no se encuentra todo el Antiguo Testamento, ningún evangelio sino solo el de Lucas (sin algunos vs. judaizantes) y solo las cartas Paulinas, y estas últimas quitando todo las referencias al judaísmo y citas del A.T., como así también la historia del nacimiento de Jesús que se encuentra en Lucas. Si bien Marción pretendía resaltar la doctrina de la gracia en un contexto en el que el cristianismo estaba cayendo en un legalismo moral, su influencia gnóstica, su cristología doceta, el rechazo a la acción de Dios en la historia de Israel y finalmente su lista canónica de escritos, lo condujo a la inevitable condena herética por parte de la iglesia “oficial” y de la mano de otros importantes teólogos como Tertuliano e Ireneo de Lyon.

Este último, Ireneo de Lyon, probablemente nacido en Esmirna alrededor del 135, es ubicado entre los grandes teólogos de su tiempo por dos obras suyas que se conservaron[7]. Ireneo se establece en las Galias, en Lyon, allí sirve en la iglesia y por causas del propio destino en circunstancias de un viaje hecho a Roma, martirizan al obispo de su ciudad, por lo cual es nombrado en su lugar. Finalmente muere, probablemente martirizado, alrededor del 202. Como obispo dedicó gran parte del tiempo al cuidado pastoral y conservar la paz en la iglesia, sin embargo su mayor trabajo lo hizo en combate contra las herejías de su época, una de las cuales una para él era el marcionismo.

Ireneo se posiciona frente a Marción y el gnosticismo en primer lugar partiendo de un Dios que existe desde el principio y creador de todas las cosas de la nada misma. Y este es el mismo Dios de nuestra salvación. Salvación que obra por medio de lo que él llama “manos de Dios”: el Hijo y el Espíritu Santo, que contrariamente al gnosticismo, estos no son seres intermediarios entre la divinidad y la materia, sino que existe la unión del Verbo con Dios (al estilo joánico), por lo cual se hace presente en el mundo, participando activamente de él. De este modo Ireneo toma toda la historia del A.T. y la interpreta hilando una “historia de salvación” en el mundo por parte del Dios que ha creado al ser humano y que ha caído en el pecado pero que decide redimirlo por medio de Cristo. Sin embargo entre la caída y Cristo hay una serie de dispensaciones[8], que Ireneo se concentra en la Ley y Cristo.

Para él, la ley no existe más que para refrenar el pecado y para mostrar que había de venir alguien superior a la ley que libraría a la humanidad tanto de la esclavitud del pecado como de la ley misma: Cristo.

De esta manera crea unidad (continuidad y consumación) entre el Antiguo y Nuevo Testamento, contrariamente a quienes los contraponía y rechazaban como Marción. Por otro lado, no menos importante, es la cristología en Ireneo, la cual nuevamente lo posiciona en clara controversia con el marcionismo. Para este obispo, la unión de la humanidad con Dios en Cristo no presenta ningún problema. Es mas, “el ser humano fue creado para gozar de la unión con Dios, y en Cristo esa unión logra su máxima expresión. […]Dios y el hombre en Cristo no son dos “substancias” o “naturalezas”, sino que en Cristo la divinidad se une a la humanidad porque El es la Palabra que Dios dirige al hombre, y es también el hombre que responde a esa Palabra”.[9] Así este Dios crea la materia, se relaciona con ella y finalmente la redime uniéndose a ella para una nueva a apertura de posibilidad de la nueva humanidad en Cristo.

Es precisamente en combate contra las herejías del siglo II que Ireneo se refiere directamente a los cuatro evangelios, Mateo, Marcos, Lucas y Juan como los canónicos, ni más ni menos que ellos. Denunciando así abiertamente a quienes usaban uno solo, como el marcionismo, los ebionitas, o mas como los valentianos. Según Eusebio, Ireneo cita 21 libros que forman el canon del nuevo testamento, que incluyen los cuatro evangelios, las cartas paulinas, Apocalipsis, las cartas de Juan, primera de Pedro. Por lo tanto Ireneo sienta una base firme sobre el cual durante los próximos siglos se debatiría y harán constante referencia a él: el evangelio cuádruple y el Nuevo Testamento canónico.

Si bien la canonicidad de los escritos circundantes en los primeros siglos de la Iglesia era un debate común entre las comunidades dispersas en el imperio romano, no es sino por Marción y la fundación de su iglesia con su respectiva lista de libros canónicos y aceptados por él y sus seguidores, que finalmente pone en agenda relevante el debate que tardará siglos en cerrarse.

Por otro lado, no es menos importante en este debate que Ireneo sea más que concluyente en cuanto a los cuatro evangelios, ya que a él se recurrirá para afirmar y confirmar dichos escritos canónicos como los únicos aceptados por la Iglesia. Y por otro lado la gran unidad que hace mediante la teología a los escritos del Antiguo y Nuevo Testamento, sin dudas fueron trabajos fundacionales que llevarán a la conclusión del respectivo canon bíblico.

Hay que acordarse de que en ese momento existían más de 30 evangelios, muchos gnósticos y había que elegir… Y él lo hace.

En esos momentos Marco Aurelio, que se consideraba filósofo y adelantado al común de los hombres, desata dos persecuciones de cristianos en Lyon. A Ireneo lo mandan con una carta para el Papa a Roma, para tratar de salvarlo, pero no lo logran y muere martirizado.

La versión con la que contamos es la que más se leía en las comunidades, más un escrito que se llama Didajé y que muchos consideran que debiera haber entrado en el canon. Es realmente valioso y muy leído por nuestros antepasados.

Yo leí trozos de la Didajé en la Escuela Dominical y una señora comentó “¡Qué lástima que no entró en el Canon!” Es decir que todavía conserva su valor.[10]

Por: Dra. Diana Rocco Tedesco
Teóloga / Historiadora
E-mail:  arsnewuru@gmail.com

 

 

Notas y Bibliografía:

1 Decio divide el imperio en cuatro partes para su mejor gobernación, nombrando cuatro jefes. En el norte, parte gala y germana, el padre de Constantino era el jefe máximo. Su madre, Elena era cristiana.

[2] Restos quedan en el alemán donde la palabra sol es femenina y la luna masculina

[3] Algunos movimientos de la época son: el docetismo, gnosticismo, judaizantes, marcionismo, montanismo, monarquismo. Recomendamos ver la película Agora, donde se ve claramente cómo funcionaba el obispado

[4] Principalmente de los cinco libros “Contra Marción”.

[5] Hay que recordar que estan ya en ese momento muy enfrentados  judíos y cristanos y había barrios enteros de cada una de las tendencias

[6] Digo “parcialmente” ya que el debate canónico volvería a surgir con la reforma protestante y el concilio de Trento como contrarreforma del cristianismo romano.

[7] “Denuncia y refutación de la supuesta gnosis” y “Demostración de la predicación apostólica”.

[8] Las dispensaciones según Ireneo son cuatro: Adán hasta el diluvio- Noé hasta el éxodo-Moisés hasta Cristo-y Cristo hasta la consumación de los tiempos.

[9] Justo González, Historia del pensamiento cristiano, pg. 151.

[10] Leer https://es.wikipedia.org/wiki/Didach%C3%A9#La_Didach.C3.A9_en_la_Patrolog.C3.ADa

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *