Serie: Sexo, virginidad y matrimonio; una destrucción teológica – Parte 3

Virginidad: la mujer, un producto

En el mundo antiguo, la virginidad no era un asunto de pureza espiritual o moral. Se trataba de un asunto jurídico o un bien de consumo, un negocio, ya que el matrimonio era un contrato.

Las palabras hebreas para hablar de “virgen” son almah, betúlah y na’aróh; en griego es parthénos.

Siempre están referidas a las mujeres: la virginidad de los hombres no interesaba.

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Serie: Sexo, virginidad y matrimonio; una destrucción teológica – Parte 2

Matrimonio: un contrato

En el mundo bíblico, el matrimonio no era visto como el resultado del enamoramiento, sino como un contrato entre familias (Deut 7,3; 2 Sam 18,19).

Por supuesto, hubo personas afortunadas para quienes coincidieron el amor y el contrato, como es el caso de la princesa Mical, quien estaba enamorada de David, a pesar que este había sido prometido a su hermana Merab (1 Sam 18,17.26). Pero se habló con el rey Saúl, su padre, y se pudieron hacer los arreglos para casar a los enamorados. Sigue leyendo

Serie: Sexo, virginidad y matrimonio; una destrucción teológica – Parte 1

No sabemos lo que realmente pasaba
en las camas del mundo antiguo,
de la Biblia y su entorno.
(Oliver Dyma)

El mundo protestante latinoamericano ha sostenido que el modelo de noviazgo y matrimonio de los tiempos de la Biblia es aplicable hoy en día. Esto va acompañado de la bella promesa del “felices para siempre” que aparece al final de las películas de Disney.

Esta visión de la pareja ideal ayuda a generar vínculos fuertes y le apuesta a relaciones estables y duraderas, que es con lo que la mayoría soñamos. Sigue leyendo