Viaje a otro mundo sin moverse de su país – Teoficción

(Relectura) Soy un Alijuna, esa es la denominación del extranjero que no conoce al pueblo Wayuu, que no habla la lengua Wayuunaiki, y por ende, no participa de sus tradiciones. He pasado por creer que el Dios cristiano a veces es más un Alijuna para su pueblo, extranjero para la cultura y realidad concreta. Un concepto cargado de omnipotencia que vuela lejos. “La gloria de Dios”… —Ay tan linda la hija de Montaner. Sigue leyendo

Haz tú lo mismo – TeoFicción

Sangraba bajo el casco de bronce, con el calor del sol de Palestina en el verano ardiendo en sus sienes. Veinticinco zelotes yacían muertos y Cayo Mario Cornellius, el último soldado romano apretaba con fuerza su lanza y su escudo, plantándose frente a los cinco galileos que sobrevivían y habían tomado las armas del pequeño grupo que les acompañaban en ese paraje de Nazaret. Estaba solo, todos sus escoltas yacían  muertos en el suelo. los Rebeldes les habían sorprendido en pleno descanso viajando con solo cinco de los nuevos reclutas; ya los zelotes se aprestaban a liquidarlo rodeándolo. Sigue leyendo

¡Gritos!

Dios, ¿Por qué estás tan sordo a los desesperados gritos de la humanidad?
¿Por qué puedo escuchar los gritos de los niños que mueren injustamente? ¡Me duelen y Tú estás cómodamente sentado en el palco, mirando cómo se extermina a sí misma ésta, tu creación!

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EVANGELIO: Capítulo 1 – ANUNCIO DEL ÁNGEL

Aquella noche, la muchacha se sentía bastante cansada de las tareas que su padre le encomendaba. Con doce años, lavar las ropas, asear la casa, y atender a los hombres de la casa con la deferencia propia de una muchacha que sabe su posición, volviendo a la habitación de las mujeres para no interrumpir las conversaciones de hombres, podía ser una tarea agotadora, pero estaba orgullosa de servir de algo, pese a ser mujer. Sigue leyendo

El fuego del Señor – Teoficción

Al término del culto habían varias personas reunidas en la entrada de la iglesia “Cristo para las Multinacionales”, en un barrio pobre de la capital de Buenos Aires. Y Jesús mirando a los ojos a cada uno de los que estaban allí, al tiempo que guardaba en su bolsillo trasero el listado de los lugares donde debía ir a reclutar más discípulos, les dijo en voz muy alta: Sigue leyendo